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Los mentideros estaban siempre en lugares de gran afluencia (Convento de San Felipe el Real)

Los mentideros de Madrid, las «redes sociales» del Siglo de Oro donde nacían noticias y bulos

Estos espacios reunían a soldados, cortesanos, escritores y vecinos en torno a la última novedad, mezclando información, rumores y bulos mucho antes de que existieran los periódicos y las redes sociales

En el Madrid de los Austrias, y hasta bien entrado el siglo XIX, la gente se informaba en la calle. Era un ejercicio social y oral, porque los grandes índices de analfabetismo provocaban que la gente acudiera a sitios concretos de la ciudad a «oír las noticias». Por supuesto, en la calle también se dispersaban los bulos del momento, tanto es así que esos espacios donde se mezclaba la información con el rumor y el engaño se conocían como mentideros.

Situados siempre en lugares de gran afluencia y «donde sucedían las cosas», eran los periódicos orales donde se conocían las victorias y derrotas, tramas palaciegas y amoríos de artistas y nobles. Aquí empezamos un recorrido por los principales mentideros dispersos por el Madrid de los Austrias.

Nuestra ruta comienza en el antiguo Alcázar, que, antes de sufrir el incendio de 1734, ya era el epicentro informativo de la Villa. En el antiguo Patio del Rey se ubicaba el mentidero de las Losas de Palacio, un espacio vigilado por la guardia del Rey, pero abierto a los súbditos sin distinción. Por supuesto, si se quería conocer la «última hora» sobre las campañas militares, decisiones políticas o asuntos relacionados con la monarquía, ese era el lugar indicado.

Casa Cordero hacia 1849 en La Ilustración

Gabriel Maura Gamazo lo describía como el hogar de «papelistas y gacetistas» que buscaban la última novedad del imperio. Lo frecuentaban escritores, diplomáticos y una amalgama de oficiales conocidos como pretendientes: una suerte de aspirantes a trabajar en la corte. Además, era un espacio libre de ladrones a pesar de su concurrencia, donde las madres acudían para buscarles un puesto en la corte a sus hijos.

Siguiendo el recorrido hacia la plaza Mayor, llegamos a la calle de Postas, llamada así porque era donde llegaban los carruajes y jinetes con los correos de gran parte del Imperio. En el siglo XVI, la empresa Thurn und Taxis, el Amazon de la época, de Juan de Tassis, tenía el monopolio de la mensajería que llegaba y pasaba por las postas de gran parte de España. Las postas eran establecimientos donde se cambiaban los caballos de los carruajes y los postillones (mozos que llevaban los carruajes de mensajería) descansaban.

Muchos madrileños pedían que les leyeran sus cartas en voz alta en plena calle, convirtiendo la correspondencia privada en noticias de dominio público. Los postillones, que habían pasado por varias ciudades y territorios, traían consigo la información de lo que había pasado en otras zonas. Era el Twitter (ahora X) de la época. Antes de que el jinete se bajase del caballo y antes de que las cartas llegasen a su destino, la información que habían transportado desde Bruselas o Nápoles ya circulaba por las calles de Madrid.

La noticia y el cotilleo madrileño

La siguiente parada es la calle Mayor, número uno, donde se encuentra la famosa Casa Cordero, construida a mediados del siglo XIX donde se levantaba el convento de San Felipe el Real. Las gradas junto al convento fueron uno de los mentideros más populares de Madrid, conocido como «el de los soldados», porque era punto de encuentro de militares llegados de Flandes e Italia.

En la parte baja del graderío se ubicaban diariamente las covachuelas, pequeños puestos donde se vendían alimentos y todo tipo de útiles. Autores como Quevedo, Zabaleta y Sepúlveda lo citaron en sus obras, describiéndolo como un lugar donde «se dicen más mentiras que entre sastres y mujeres». Fue testigo de hitos como el asesinato del conde de Villamediana o la caída del conde-duque de Olivares.

Terminamos nuestro recorrido en el barrio de las Letras, donde la literatura, el arte y el drama se mezclaron con la información. Situado en la actual plaza de Santa Ana, aunque Mesonero Romanos lo sitúa en la calle del León, se ubicaba el mentidero de los Representantes, también llamado Avispero de Talía o «de los comediantes». Podría decirse que allí se contaban las noticias vinculadas a los famosos de la época, como los literatos Lope de Vega, Calderón y Quevedo, además de artistas de la talla de María Calderón.

Calle del León, en Madrid. Callejero de azulejos del ceramista Ruiz de LunaWikimedia Commons

La calle, a través de estos mentideros, fue el verdadero diario de noticias, de bulos y desinformación que, con el paso de los años, se trasladó al papel de los periódicos, a las pantallas de televisión y, ahora, a las redes sociales.

En estos mentideros, al igual que en los diarios y periódicos que nacieron en la Villa y Corte, se crearon las noticias del siglo XVI en adelante, sucesos que marcaron la vida diaria de los habitantes de Madrid de aquel momento y que el tiempo diluyó y, por supuesto, hechos que hoy consideramos parte de la historia de España se contaron por primera vez en esos espacios físicos que hoy forman parte del Madrid histórico.