La isla de basura del Pacífico
Picotazos de historia
La isla de basura del Pacífico: el continente de plástico que ya multiplica el tamaño de España
Esa mancha de basura tiene una extensión de ¡entre cuatro y siete veces el tamaño de España
La revista Science, una de las más prestigiosas e influyentes en el campo de la ciencia, publicó un informe, en el año 2016, en el que se calculaba que los océanos del mundo recibían anualmente una cantidad de residuos plásticos que rondaba entre los 5 y los 12 millones de toneladas. El informe concluía que estábamos transformando los océanos en unos gigantescos basureros que estaban acabando con la vida.
Los mares y océanos cubren aproximadamente el 71 % de la superficie del planeta y contienen el 91 % de la biosfera. Pues bien, este inmenso ecosistema, vital para nuestra existencia, acumula en sus aguas más de 100 millones de toneladas de residuos plásticos que dañan a la naturaleza y que terminan siendo ingeridos por la fauna en forma de microplásticos, que ya lo invaden todo.
Los residuos mayores son llevados por la corriente de deriva hasta que entran en un giro oceánico. Un giro es una corriente rotatoria relacionada con la fuerza centrífuga derivada de la rotación de la Tierra. En 1836, el científico francés Gaspard de Coriolis describió este fenómeno; desde entonces, se le denomina «efecto Coriolis».
Gaspard de Coriolis
Así, cuando los residuos plásticos se encuentran en un giro de corriente, se empiezan a acumular, creciendo más y más por el continuo suministro y formando un gigantesco basurero flotante.
El caso más paradigmático de este fenómeno, y que preocupa muchísimo a nivel mundial, es la conocida como gran isla de basura, o también como continente de plástico, del Pacífico Norte.
En ese lugar, que puede ser localizado en unas coordenadas concretas, encontraremos una monstruosa acumulación de residuos plásticos —¡basura!— que abarca una extensión que las fuentes más fiables calculan entre los 2,4 y los 3,6 millones de kilómetros cuadrados. Para que se hagan una idea: esa mancha de basura tiene una extensión de entre cuatro y siete veces el tamaño de España.
La primera noticia que se tuvo acerca de este fenómeno —y me refiero solo a la acumulación del Pacífico Norte— fue en el año 1985, cuando laboratorios de Alaska informaron de que, por los restos y muestras estudiados, debería estarse produciendo un fenómeno de acumulación de basuras en alguna parte del norte del océano Pacífico. También se calculaba que el fenómeno de acumulación debería darse en aquellas zonas de máxima intensidad de giros oceánicos.
Los plásticos que componen las diferentes islas basura del planeta —pues sí, existen varias de ellas— están compuestos en su mayor parte por polietilenos y polipropilenos. Ambos son los tipos de plásticos más comúnmente utilizados para la fabricación masiva de objetos de uso general.
Estos plásticos tienen una tasa de degradación muy baja, pero la constante permanencia en el agua, a lo que hay que sumar el efecto del sol, los cambios de temperatura, los vientos, la salinidad, etc., produce que los plásticos se fragmenten en trozos más y más pequeños. De hecho, los microplásticos ya están en nuestro ecosistema, en nuestro sistema y en nuestro organismo. Ya los tenemos dentro de nosotros.
Pero volvamos al asunto que nos ocupa. Las consecuencias inmediatas de estas enormes acumulaciones de basura —las islas basura o grandes manchas— son una disminución progresiva y creciente de la fauna marina, contaminación del agua y aire que las rodea —que, debido a la enorme extensión de estas acumulaciones, tiene consecuencias sobre el clima generando alteraciones—, etc. Por supuesto, los primeros y más directamente afectados son las poblaciones más próximas al área de las grandes islas. Estas poblaciones verán cómo se irá reduciendo una vital fuente de alimentos, ya que la pesca es fundamental para ellos, teniendo que enfrentarse a una pérdida de recursos que altere definitivamente su modo de vida.
Los microplásticos son ingeridos por los peces, quienes, a su vez, son capturados por los humanos para ser utilizados como alimento. La mayor fragmentación de los microplásticos hace que estos puedan ser devorados por organismos cada vez menores. Actualmente, se han encontrado en el krill —crustáceos invertebrados que se alimentan del fitoplancton y que son un eslabón fundamental de la cadena alimentaria de los océanos— y en el plancton, por lo que ya están en toda la fauna marina.
Esfuerzos de monitoreo en la mancha de basura del Pacífico Norte entre 2015 y 2022
Pero ¿quiénes son los responsables de esta enorme acumulación de basuras? Pues verán ustedes: los ríos Amarillo, Yangtsé, Guangdong —más conocido como de las Perlas— y Hai de China, el Indo de Pakistán, el Ganges de la India y el Mekong de Vietnam son las principales vías por donde se descarga sobre el océano el 95 % de los residuos que terminan acumulándose en la gran bolsa de basura del Pacífico Norte.
Para que se hagan una idea del problema, antes les mencioné que los océanos reciben anualmente una cantidad calculada entre 5 y 12 millones de toneladas de residuos plásticos. Pues bien, desde el año 2018 se llevan a cabo campañas para la recogida y limpieza de estos residuos en las «islas». Hasta la fecha, el récord de recogida ha sido de 1.500 toneladas. Calculen ustedes: 12.000.000 frente a 1.500.
La cantidad de plástico en nuestro entorno es tal que ha dado lugar a una nueva variedad de rocas compuesta por otras rocas y plásticos. Este nuevo tipo de rocas se denomina plastiglomerados. También encontramos ecosistemas que han evolucionado para poder vivir en entornos hechos de plástico. Estos nuevos ecosistemas se conocen como plastisferas.
Pero no perdamos la esperanza. En el año 2016, el profesor Shosuke Yoshida, del Instituto Tecnológico de Tokio, descubrió una bacteria —a la que bautizaron con el nombre de Ideonella sakaiensis— capaz de degradar de manera completa el polietileno. Se calcula que esta nueva bacteria ha surgido en los últimos setenta años.
Entre tanto, continúan acumulándose residuos plásticos, que son arrojados a los mares de todo el mundo en una cantidad cada vez mayor. Estas basuras nutren y acrecientan las grandes islas del Pacífico Norte, la del Índico, la del Atlántico Norte, la del Pacífico Sur —esta última, situada entre Australia y Chile, apenas tiene 2,6 millones de kilómetros cuadrados—, etc.