Árabes, franceses, bárbaros..., varios han sido los pueblos que han invadido España a lo largo de la Historia
Tres veces que España fue invadida y sus gobernantes fueron cómplices
El asalto a la frontera de Ceuta nos retrotrae a las ocasiones en que España fue invadida y sus gobernantes fueron cómplices por acción u omisión
España ha sido invadida decenas de veces. Tristemente, la mayoría de las veces dicha invasión no correspondía únicamente a las ambiciones de gobernantes extranjeros, sino que fueron los de nuestra tierra quienes, débiles y avariciosos, prefirieron ver arder su patria y a su pueblo sometido con tal de mantenerse en el poder.
Alguno de estos ejemplos que ocurrieron en el pasado son:
La invasión de los bizantinos (siglo VI d.C.)
Año 551, Atanagildo noble visigodo de la Bética, se rebeló contra el rey godo Agila. Ambos se enfrentaron en una encarnizada guerra civil.
Sin embargo, Atanagildo debía de verse en inferioridad, San Isidoro de Sevilla narra, en su Historia de los godos, vándalos y suevos: «Cuando (Atanagildo) pretendía derrocar a Agila había solicitado tropas que le apoyaran al emperador Justiniano; y mucho después de asumir la tiranía, aunque trató de expulsarlos del reino, ya no lo logró...».
Así, Justiniano, emperador del Imperio Romano de Oriente (o bizantino), envió un pequeño destacamento a Hispania, con el objetivo de ayudar al rebelde.
No se trataba de una fuerza considerable (numerosos expertos lo cifran en torno a 2.000 hombres); sin embargo, los bizantinos fueron muy eficaces. Desembarcaron en Algeciras y sometieron un gran número de ciudades del litoral bético y parte de la Cartaginense, destacando las conquistas de Málaga y Cartagena.
Las fuentes son bastante parcas, de hecho no se sabe la auténtica extensión de los dominio bizantinos en España ni la naturaleza exacta del pacto.
Aún así, todo indica que Atanagildo necesitaba soldados y que quería valerse de las tropas romanas para derrocar a Agila.
Es ilógico pensar que el rebelde les prometiera ciudades, además teniendo en cuenta que las ciudades ocupadas por los bizantinos eran las principales del reino. Aún así, el rey en un principio confiaría en sus «aliados».
A fin de cuentas si le eran leales y ocupaban las ciudades afines a Agila podía prescindir de guarnicionarlas y dedicar más fuerzas a la campaña. A todo esto sumando que Málaga y Cartagena estaban en la retaguardia del rebelde.
Grabado decimonónico que representa al rey Atanagildo
Atanagildo logró ser reconocido como rey tras el asesinato de Agila en Mérida en el año 555. Los bizantinos ya poco hacían en Hispania, por lo que debían de abandonar las ciudades ocupadas.
Sin embargo, no fue así. Justiniano buscaba reconstruir el Imperio Romano, ya había conquistado Italia a los ostrogodos y el África de los vándalos y no renunciaría a Hispania.
En su obra sobre la Historia de los godos, suevos y vándalos, San Isidoro de Sevilla señala: «...mucho después de asumir la tiranía, aunque trató de expulsarlos del reino, ya no lo logró».
Fue así que los bizantinos crearon la provincia de Spania y durante sesenta años guerrearon contra los visigodos.
Estos últimos ganaron un constante terreno. Finalmente, el rey Sisebuto (que reinó entre los años 612-621): «...triunfó dos veces sobre los romanos (orientales), y los sometió en persona mediante la conquista de algunas de sus ciudades; los expulsó hasta el mar, y se afianzó el dominio de la nación de los godos», recuerda San Isidoro.
La invasión del Califato Omeya
En el año 710, la peste y la crisis asolaban el reino visigodo. Además, el exercitus godo (el ejército permanente que era movilizado por el rey) había sido diezmado en conflictos anteriores, sobre todo entre la guerra civil entre Wamba y Paulo narrada en la Historia Wambae regis de San Julián de Toledo.
Fue así como, de cara a una invasión, el reino dependía en gran medida de las huestes de los nobles, por lo que si el rey mantenía una mala relación con ellos, probablemente no contaría con su ayuda.
Es en ese año de 710 que Rodrigo ascendió al trono : «...se apodera tumultuosamente del cetro...», narra la Crónica Mozárabe.
Al año siguiente se produjo la invasión árabe y la desaparición del Reino visigodo. Si bien la leyenda atribuye tradicionalmente que fue don Julián, conde de Ceuta, quien motivó a los invasores a atacar el reino (dado que el rey había ultrajado a su hija), los historiadores coinciden en que esto fue poco probable. Aunque defienden que existió una traición, señalando a los hijos de Witiza, el anterior rey visigodo.
El rey Don Rodrigo huye en la batalla de los Monstes Transductinos. De Marcelino Unceta y López
Los witizianos (nombre que reciben los partidarios de los hijos de este) no estaban conformes con la elección del nuevo rey.
Por ello pidieron ayuda a Muza, gobernador musulmán de Iffriquiyya. El trato fue probablemente similar al que hizo Atanagildo con los bizantinos: ayuda militar para usurpar el trono.
Muza mandó a Tarik, su lugarteniente, al frente de unos 10.000 hombres, la mayoría bereberes. Estos desembarcaron y empezaron a saquear la Bética, mientras don Rodrigo se hallaba en Vasconia, castigando a las díscolas tribus vasconas.
Al enterarse de la invasión, decidió hacerles frente. Por el camino fue ampliando su hueste, que lamentablemente estaba muy mal armada.
Así se enfrentó a los musulmanes en la batalla decisiva. Aunque tradicionalmente se ha ubicado en el río Guadalete (ubicación que las crónicas no mencionan), a día de hoy numerosos historiadores proponen ubicaciones alternativas, como la Laguna de la Janda o también denominándola como Batalla de los Montes Transductinos (según ha estudiado y publicado magistralmente José Soto Chica en numerosos artículos, el nombre de Motes Transductinos corresponde con la ubicación que dan las crónicas).
El caso es que hubo una batalla, en esta los witizianos traicionaron al rey y huyeron. Don Rodrigo fue derrotado y muerto: «...que estaban ya realizando muchas incursiones a la provincia que hacía tiempo le estaba encomendada y devastaban muchas ciudades, (Rodrigo) se fue a las montañas Transductinas para luchar contra ellos y cayó en esta batalla...», afirma la Crónica Mozárabe.
Tras este fatídico desenlace, el reino colapsó y los musulmanes lo arrasaron: «De este modo arrasa con la espada, el hambre y la cautividad no solamente la España ulterior, sino también la citerior hasta más allá de Zaragoza...», describe la Crónica Mozárabe.
Aunque hubo algunos nobles que resistieron como fue el caso de los habitantes de Mérida (que fue arrasada) o el de Don Pelayo. Otros decidieron plegarse al invasor, los ejemplos más destacados fueron:
Los witizianos: que renunciaron al trono y prefirieron pactar y obtener una serie de tierras en la Meseta.
Aquí hay que hacer un pequeño matiz, no está corroborado ni es seguro que el rey Agila II (rey que sobrevivió a Rodrigo y que acuñó monedas en el este peninsular) fuera hijo de Witiza, como recoge Historia Hispánica. De hecho lo más probable es que la prole witiziana se limitase a pactar y a reconocer la autoridad de Damasco.
El Conde Casio: apostató y conservó sus tierras en el Alto Ebro, dando origen a la familia de los Banu Qasi.
El conde Teodomiro: quién igualmente apostató y se pasó a llamar Tudmir. Obtuvo de los invasores el control de la cora de Tudmir, un señorío controlaba la actual Murcia, gran parte de Alicante, una zona del sureste de Albacete y el norte de Almería, tal y como figura en el pacto de Tudmir a día de hoy conservado.
La invasión francesa
Uno de los sucesos más significativos de la historia contemporánea de España ocurrió en el año 1807, cuando Manuel Godoy, valido del rey Carlos IV, firmó con Napoleón el Tratado de Fontenieblau.
Mediante este acuerdo, España abría sus fronteras para que los franceses pudieran invadir Portugal (que sería repartido entre Francia, España y Godoy). Los franceses cruzaron los Pirineos, ocupando diversas plazas ante la mirada atónita de los españoles.
Pero ¿qué hicieron los reyes? Básicamente, no supieron estar a la altura. En 1807, el rey era Carlos IV, pero su hijo Fernando lo derrocó mediante el Motín de Aranjuez en 1808.
Ese mismo año, los franceses empezaron a ocupar España, por ello el joven rey pidió explicaciones a Napoleón. El emperador lo invitó a una reunión que primero iba a ser en Burgos, luego en Vitoria y que finalmente fue en Bayona, Francia, a donde tuvo que ir Fernando VII.
Allí, el corso también había convocado al depuesto Carlos IV, y obligó a ambos a firmar las abdicaciones de Bayona, de manera que la Corona de España pasó a manos de Napoleón. Los reyes poco protestaron, ya que de grado recibieron un palacio y una pensión en París, donde estuvieron junto a toda su familia.
La familia de Carlos IV, retratada por Francisco de Goya
Mientras tanto, el pueblo español se alzó contra la tropa francesa, harto de sus abusos, dando inicio a la guerra de la Independencia. La guerra que destrozó el país, pero que supuso la redacción de «la Pepa», la primera Constitución española.
De poco sirvió, pues Fernando VII volvió a España tras el fin del conflicto, y agradecido con los españoles que habían muerto por él, decidió volver a reinstaurar el absolutismo.