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Demostración técnica del fusil de aguja Dreyse, un arma innovadora de la época

Picotazos de historia

El fusil Dreyse, el arma prusiana que decidió la batalla de Sadowa y anticipó la unificación de Alemania

Este fusil demostró ser mortalmente eficaz frente a un enemigo armado con fusiles de avancarga y tácticas basadas en la formación cerrada y cargas a la bayoneta, propias de los tiempos de Napoleón

La historia militar está llena de enfrentamientos en los que la innovación técnica fue el elemento decisivo para alcanzar la victoria. Pero ocurre que estas nuevas invenciones —las nuevas armas— dejan de ser un secreto en el momento en que se utilizan.

Por lo común, el enemigo u otros rivales rápidamente asimilarán el avance y estudiarán la mejor manera de aprovecharlo, y así tenemos una característica de la guerra desarrollada por los europeos u occidentales: su continua evolución sobre la base de la búsqueda de la mejora continuada de táctica, estrategia, logística y armamento. Historiadores de la talla de John Keegan o Victor Davis Hanson han señalado la tendencia a la ritualización de la guerra por parte de la mayor parte de las culturas, frente a la mejora y experimentación, con el fin de buscar la victoria decisiva, de la visión occidental.

En la historia moderna, pocos ejemplos mejores de cómo una sola arma puede afectar decisivamente el resultado como la batalla de Königgrätz o Sadowa. Cerca de la pequeña población de Königgrätz, en la Bohemia austriaca, el 3 de julio de 1866 se produjo una batalla decisiva que puso fin al conflicto por alcanzar la supremacía de los Estados alemanes entre el reino de Prusia y el Imperio austrohúngaro.

El arma en cuestión era un fusil de retrocarga y percutor de aguja capaz de disparar con una cadencia de 10 a 12 disparos por minuto. Este fusil demostró ser mortalmente eficaz frente a un enemigo armado con fusiles de avancarga y tácticas basadas en la formación cerrada y cargas a la bayoneta, propias de los tiempos de Napoleón.

Un soldado prusiano con el fusil Dreyse

El fusil Dreyse tenía un cerrojo corredizo y giratorio. La característica más interesante era que en el interior del cerrojo se alojaba una aguja percutora. Otra característica interesante era que los cartuchos de este fusil integraban los elementos de los cartuchos de avancarga, añadiendo una cápsula fulminante que, una vez percutida por la aguja, provocaba la ignición del propelente.

El arma pesaba cerca de cinco kilogramos y disparaba un proyectil de calibre 15,37 milímetros. Pero esta nueva arma, oficialmente adoptada por los ejércitos prusianos en 1848, tardó un tiempo en distribuirse por lo elevado del coste. En la batalla que nos ocupa, más de la mitad de las tropas prusianas estaban equipadas con el fusil Dreyse, el cual fue utilizado en las tres guerras que dieron lugar a la unificación de Alemania y la creación de su Segundo Imperio.

Iniciado el conflicto, el Imperio austrohúngaro puso a los ejércitos que tenía bajo la autoridad del capaz mariscal de campo von Benedek. Este buscó concentrar sus fuerzas en las llanuras bohemias por ser un terreno más apto para las tácticas —y la teórica superioridad de caballería— austriacas.

Cartuchos de la década de 1860

En el otro lado, el comandante en jefe de los ejércitos prusianos era el mariscal Helmuth von Moltke. Moltke tenía a sus tropas divididas en tres ejércitos diferentes: el 1.º estaba en la Sajonia prusiana, el 2.º en Silesia y el Ejército del Elba defendía esta frontera. El uso del ferrocarril permitió que estos ejércitos se desplazaran con rapidez.

El 22 de junio, von Moltke dio la orden de invasión mientras un pesimista von Benedek dudaba sobre la estrategia que seguir. El austriaco se decidió a atacar al Ejército del Elba mientras avanzaba y todavía no había enlazado con los otros dos.

La idea era derrotar al Ejército del Elba, mientras aguantaba al 1.er Ejército. Una vez derrotados ambos, aprovechando la superioridad numérica austrohúngara, el ejército austriaco se giraría para enfrentarse al 2.º Ejército prusiano, que estaba bajo el mando del príncipe heredero de Prusia, Federico Guillermo.

El día 27 tuvo lugar el primer choque importante entre las fuerzas antagonistas. Este fue en las localidades de Prodol y Stratilz, y el resultado fue que los prusianos barrieron las filas austrohúngaras con una cadencia y precisión de tiro demoledoras. Von Benedek dio orden de retirada y concentró sus tropas en el otro lado del río Elba, frente a la ciudad de Königgrätz.

El mariscal austriaco trataría de contener el ataque prusiano. Desplegó sus tropas de la siguiente manera: flanco izquierdo, VIII Cuerpo de Ejército formado por unos 22.000 soldados; centro compuesto por el III y X Cuerpo de Ejército, junto con 132 piezas de artillería, y el flanco derecho compuesto por el IV y II Cuerpo de Ejército. Puso detrás una reserva formada por el I y VI Cuerpos de Ejército con una artillería de 320 bocas de fuego. La reserva suponía un tercio del total de sus tropas y estaría preparada para lanzar un potente contraataque con apoyo de artillería.

Las cifras totales estaban a favor de los austriacos (265.000 contra 124.000), por eso era imperativo para el mariscal austriaco derrotar a los dos ejércitos antes de que el 2.º Ejército prusiano (100.000 soldados) se uniera a ellos.

A la izquierda del 1.er Ejército prusiano, la 7.ª División prusiana ocupó el estratégico bosque de Swiep (Swiepwald), cubierta por la protección natural que le daban los árboles. Durante cuatro horas, los austriacos trataron de expulsar a los alemanes del bosque para así poder realizar un ataque por el flanco del 1.er Ejército prusiano. No hubo manera y veintiocho batallones fueron diezmados por el fuego continuado y mortal de los fusiles Dreyse.

Fusil de aguja Dreyse, modelo 1841, Prusia

A las 11:00 horas, el centro austriaco atacó, pero las diferentes unidades se encontraron con que, a partir de los 500 metros, el fuego alemán era concentrado y muy preciso.

Los alemanes no atacaban, se limitaban a defender sus posiciones contra unos austriacos que jugaban al contraataque, pero que les habían forzado a atacar. La situación era de tablas, hasta que von Benedek fue informado por sus patrullas más avanzadas de que su flanco derecho había hecho contacto con el 2.º Ejército prusiano. A las 17:00 horas, el mariscal de campo austriaco dio la orden de retirada dando la batalla por terminada. Había perdido a 43.000 hombres entre muertos, heridos y desaparecidos.

La batalla de Sadowa fue decisiva, como decisiva fue en el desarrollo de los combates la superioridad técnica del fusil prusiano, que permitía una mayor cadencia de disparo. El menor alcance del arma quedaba muy compensado por la mayor precisión que daban al proyectil las estrías en el ánima del cañón.

El enfrentamiento mostró cómo un arma tecnológicamente superior a la utilizada por los adversarios, que a su vez verían sus tácticas lastradas por las limitaciones del arma principal, ya obsoleta, podía decantar la victoria hacia un lado.

Pero el propio fusil Dreyse ya estaba también obsoleto, como aprenderían durante la guerra franco-alemana de 1870, solo a cuatro años de distancia de Sadowa. Durante los combates en Francia quedarían en evidencia los defectos de diseño del Dreyse frente al más moderno y eficiente fusil francés Chassepot, que se cobraría un alto tributo en sangre.