María Pita cargando contra los ingleses. Arturo Fernández Cersa

María Pita, la mujer que humilló a Isabel I y frenó a los ingleses en La Coruña

Su historia se mueve, como tantas otras, entre el documento y la leyenda, pero ambas dimensiones hablan de una misma verdad: en La Coruña, en 1589, la resistencia española frustró los planes de la Inglaterra de Isabel I

España encara los preparativos para los cientos de fiestas patronales que tendrán lugar durante los meses de julio y agosto en ciudades, pueblos, pedanías… No hay localidad que se quede sin festejos. Este pasado lunes el Ayuntamiento de La Coruña presentaba el cartel de sus fiestas patronales, las de María Pita.

Pero ¿quién fue esta mujer? Pues alguien profundamente importante en la historia de España, de la entonces Monarquía Hispánica. Una mujer que humilló con una pequeña pero gran derrota a nada menos que la todopoderosa Isabel I de Inglaterra. Hay derrotas que no se perdonan porque desmontan una leyenda, y la de La Coruña, en 1589, fue una de ellas.

Inglaterra había vencido a la Armada española un año antes y la propaganda protestante ya empezaba a construir el relato de una España decadente, vencida por la audacia de Isabel I y por la supuesta superioridad naval inglesa. Pero la historia, que casi nunca obedece del todo a los panfletos, quiso que apenas unos meses después una mujer gallega, María Pita, se interpusiera entre las tropas inglesas y la ciudad que pretendían arrasar.

La escena tiene todos los elementos de una epopeya: una ciudad sitiada, una población exhausta, un enemigo numeroso y una mujer que, tras ver caer a su marido, se lanzó contra el alférez inglés que intentaba plantar su bandera en la muralla.

Según la tradición, María Mayor Fernández de Cámara y Pita —María Pita— lo abatió al grito de: «Quien tenga honra, que me siga». Y aquel gesto, real o adornado por la memoria popular, tuvo una consecuencia inmediata: levantó el ánimo de los defensores y quebró el impulso del asalto inglés.

Para entender la dimensión de aquel episodio hay que situarlo en su contexto. En 1588, Felipe II había enviado contra Inglaterra la llamada Grande y Felicísima Armada. La operación fracasó por una combinación de errores estratégicos, mala coordinación, temporales y resistencia inglesa. Aquella derrota fue aprovechada por Isabel I como una victoria fundacional de su reinado. Inglaterra se presentaba a sí misma como la nueva potencia marítima capaz de desafiar al Imperio hispánico.

Lo que se cuenta mucho menos es lo que ocurrió al año siguiente. En 1589, Isabel I apoyó una gran expedición contra España, la conocida como Contraarmada inglesa, dirigida por Francis Drake y John Norris. Su objetivo era aprovechar la supuesta debilidad española, atacar sus costas, tomar plazas estratégicas, fomentar la rebelión portuguesa contra Felipe II y, en definitiva, asestar un golpe definitivo a la Monarquía Hispánica. Era, en cierto modo, la revancha inglesa convertida en ofensiva.

El Revenge, buque insignia de Drake en 1589, en el momento de su captura por parte de la Armada Española

La Coruña fue uno de sus primeros objetivos. La ciudad tenía valor estratégico por su posición atlántica y por su puerto. Las tropas inglesas desembarcaron y sometieron la ciudad a un durísimo asedio. La situación era crítica, los atacantes eran muy superiores en número y la defensa dependía no solo de los soldados, sino también de los vecinos, de las mujeres, de quienes no podían permitirse el lujo de contemplar la guerra desde lejos porque la tenían ya dentro de sus calles.

Ahí aparece María Pita, pero no como una figura decorativa ni como una anécdota pintoresca, sino como símbolo de una resistencia civil y popular que impidió a los ingleses lograr una victoria que necesitaban desesperadamente. La tradición cuenta que, cuando su marido cayó muerto durante el combate, ella arrebató una lanza o arma al enemigo y mató al alférez que encabezaba el asalto.

La imagen de la bandera inglesa cayendo antes de ondear sobre La Coruña resume mejor que cualquier tratado lo que aquella jornada significó. La ciudad resistió y los ingleses no tomaron La Coruña. La Contraarmada, lejos de convertirse en el golpe definitivo contra España, terminó siendo un desastre para Inglaterra. La expedición fracasó en sus objetivos principales, sufrió enormes pérdidas y no consiguió provocar el derrumbe de la Monarquía Hispánica.

Sin embargo, mientras la derrota española de 1588 ha sido repetida hasta la saciedad, el fracaso inglés de 1589 apenas ocupa espacio en la memoria europea.

Ahí está una de las grandes asimetrías del relato histórico. La Inglaterra isabelina supo convertir sus victorias en mito y sus derrotas en silencio. España, en cambio, ha tendido demasiadas veces a asumir como propios los relatos escritos por sus adversarios. Por eso la mal llamada Armada Invencible se recuerda como símbolo de fracaso español, mientras la Contraarmada inglesa rara vez aparece como lo que fue: una operación ambiciosa, costosísima y fallida.

María Pita rompe ese esquema, ya que no encaja en la imagen de una España pasiva, vencida y atrasada. Tampoco en la caricatura de una Inglaterra siempre moderna, eficaz y triunfante. Frente a la reina Isabel I, convertida por la propaganda en icono de firmeza y poder, aparece una mujer sin corona, sin corte y sin flota, defendiendo su ciudad con una determinación que pertenece a la mejor tradición de la historia española.

Felipe II reconoció su acción y le concedió una pensión, además de licencia para exportar mulas de España a Portugal, una merced valiosa en la época. No fue, por tanto, una figura inventada por el romanticismo, aunque la memoria posterior engrandeciera su gesto. María Pita existió, combatió y fue reconocida por la Corona.

Su historia se mueve, como tantas otras, entre el documento y la leyenda, pero ambas dimensiones hablan de una misma verdad: en La Coruña, en 1589, la resistencia española frustró los planes de la Inglaterra de Isabel I.

Estatua de María Pita en La Coruña

Hoy su estatua preside la plaza mayor de la ciudad, pero su figura merece algo más que una conmemoración local. María Pita representa a esos personajes que, desde los márgenes del gran relato, obligan a mirar de nuevo la historia.

Porque a veces no son los reyes ni los generales quienes condensan el sentido de una época, sino quienes, en el momento decisivo, sostienen una muralla que, en 1589, no solo defendía una ciudad gallega, sino también una verdad histórica que demasiadas veces se ha querido olvidar: que la España de Felipe II no fue derrotada por la Inglaterra de Isabel I tan fácilmente como algunos manuales quisieron hacernos creer.