Cuando los franceses usaron 630 taxis para enviar refuerzos al frente

Cuando París envió 630 taxis al frente para frenar el avance alemán en la Primera Guerra Mundial

«A las diez de la noche, 630 taxis se reunieron en la explanada de los Inválidos y se pusieron en marcha por París para recoger soldados de los regimientos de infantería 103.º y 104.º», tal y como recoge el Museo del Ejército de París

En la mañana del 6 de septiembre de 1914 se difundió en París una orden del día redactada por el general Joseph Joffre, comandante en jefe del Ejército francés durante la Primera Guerra Mundial:

«En el momento en que se libra una batalla de la que depende el destino del país, es importante recordar a todos que ya no es el momento de mirar atrás. Hay que hacer todo lo posible para atacar y hacer retroceder al enemigo».

Solo había transcurrido un mes desde que comenzó la Gran Guerra, pero las fuerzas alemanas ya habían ocupado Luxemburgo y Bélgica.

Ahora avanzaban hacia la región de París a través del conocido Plan Schlieffen, cuyo objetivo era derrotar rápidamente a Francia mediante una gran maniobra envolvente desde el norte, atravesando Bélgica, antes de concentrar el esfuerzo bélico en el frente oriental. La ofensiva movilizó a cerca de millón y medio de soldados.

Para el 3 de septiembre, el I Ejército alemán de Alexander von Kluck había llegado a orillas del río Marne y lo cruzó un día después sin demasiada resistencia. Para el día 5, el comandante alemán se encontraba en una posición aparentemente ventajosa, a unos 30 kilómetros al este de París. No obstante, el espionaje francés consiguió conocer las intenciones alemanas tras detectar diferentes transmisiones de radio y alertó a los mandos superiores.

Así, el VI Ejército francés, comandado por el general Michel Maunoury, y las tropas de Joseph Gallieni, gobernador militar de París, lanzaron un sorprendente contraataque.

Y en aquel «hacer todo lo posible para atacar y hacer retroceder al enemigo» con el que arengó el general Joffre, el Estado Mayor francés decidió requisar los taxis parisinos, según recuerda la web especializada en ocio y cultura parisina Sortiraparis, con el fin de enviar rápidamente tropas para reforzar a las fuerzas más cercanas al campo de batalla y contener el avance de las vanguardias alemanas.

Concentración automovilística en la explanada de los inválidos. 1914

«A las diez de la noche, 630 taxis se reunieron en la explanada de los Inválidos y se pusieron en marcha por París para recoger soldados de los regimientos de infantería 103.º y 104.º», tal y como recoge el Museo del Ejército de París. La operación permitió acercar a varios miles de soldados hacia el frente del Marne.

Cada taxi, que circulaba a 25 km/h, podía transportar hasta cinco hombres con sus mochilas. Este primer convoy se dirigió a Tremblay-lès-Gonesse y Mesnil-Amelot antes de llegar a Livry-Gargan y Sevran-Livry, mientras que un segundo convoy de 700 vehículos salió de los Inválidos un poco más tarde para dirigirse a Gagny.

La batalla se desarrolló en un frente de más de 550 kilómetros, en el que se enfrentaron casi dos millones de hombres. Alemania empleó unos 900.000 soldados, integrados en 44 divisiones de infantería y 7 de caballería, mientras que Francia movilizó a cerca de 1.082.000 combatientes, repartidos en 56 divisiones de infantería y 9 de caballería.

Se estima que las bajas francesas rondaron los 250.000 hombres, mientras que las alemanas se situaron en torno a los 200.000. Por su parte, los británicos sufrieron más de 12.000 bajas.

Los taxis del Marne

El contraataque francés logró contener el avance alemán y consolidar el frente, en parte por las dificultades de comunicación entre los ejércitos alemanes, y en parte porque ambos bandos se encontraban exhaustos, con pocos recursos y temerosos de encajar una derrota decisiva.

Tras dejar a los soldados en las proximidades del frente del Marne, los taxistas volvieron a París. Dice la leyenda que los conductores más veteranos preguntaron a las autoridades cuánto iban a cobrar por el trayecto al Marne. Atónitos ante la pregunta, los responsables del operativo decidieron que el Estado abonase el 27 % del coste: unos 70.000 francos de la época.

Aunque el episodio de los taxis del Marne no resultó decisivo en la primera batalla del Marne, la iniciativa sí contribuyó al esfuerzo francés para frenar el avance de las tropas enemigas y quedó grabada en la historia y en la memoria colectiva más por su impacto psicológico que por su relevancia militar: se convirtió en un símbolo de solidaridad, unidad y determinación nacional.