La muerte de Marat (1793) de Jacques-Louis David
«He matado a un hombre para salvar a cien mil»: la historia real detrás del cuadro 'La muerte de Marat'
Charlotte Corday asesinó a Jean-Paul Marat en su bañera para frenar el Terror de la Revolución francesa, un episodio inmortalizado por Jacques-Louis David
«He matado a un hombre para salvar a cien mil», confesó Marie Anne Charlotte de Corday d’Armont tras ser juzgada y acusada de asesinar a Jean Paul Marat, líder de la izquierda jacobina. Corday es una joven francesa protagonista indirecta de la historia detrás del famoso cuadro La muerte de Marat, realizado por Jacques-Louis David en 1793.
El artista que retrató la Revolución Francesa también recreó en su pintura al ciudadano Marat sumergido en su bañera, con un brazo por fuera y una carta en la mano, instantes después de su muerte. Detrás de esta obra de arte encontramos una historia que define los inicios del Reinado del Terror en la Francia que ganó la revolución a base de miedo, guillotina y persecución.
En el verano de 1793, Francia estaba sumida en la anarquía propia de cualquier momento de cambio. Los revolucionarios estaban enfrentados por cómo se debía plantear el nuevo Estado galo. Los girondinos defendían una postura más moderada y menos sanguinaria, mientras una facción radical de los jacobinos, apodados los Montañeses, defendía la violencia política y las políticas de tabula rasa para la república naciente.
Entre ellos estaban Robespierre y Marat, precursores del régimen del Terror que segó miles de vidas por toda Francia. A través de su panfleto L'Ami du peuple (El amigo del Pueblo), Marat expuso a muchos opositores, defendió el asesinato de aquellos que se opusieran a su idea de revolución y extendió el terror entre la población.
Retrato de Jean-Paul Marat (1743-1793)
Mientras eso sucedía en París, a principios de julio, Charlotte Corday partió desde Caen, el bastión de los girondinos, para cumplir una misión: acabar con Marat, al que consideraba el principal instigador de la tiranía. «Yo sola concebí el plan y lo ejecuté», declaró. Tras llegar a París el 11 de julio, compró un cuchillo de mango negro cerca del Palacio Real (Palais-Égalité) por el que pagó cuarenta céntimos. Corday intentó ver a Marat en dos ocasiones sin éxito.
La muerte de la tiranía
Dos días después, la joven de ideales girondinos consiguió acceder a la casa de Marat. ¿Cómo? Puso de pretexto que debía entregarle información sobre una supuesta conspiración contrarrevolucionaria en Caen. Marat, intrigado, recibió a la mujer mientras se daba uno de sus baños medicinales diarios debido a una enfermedad cutánea que padecía.
En mitad de la conversación, Corday sacó el puñal y, sin decir nada más, le asestó una puñalada en el pecho. Marat murió al instante. Charlotte no intentó huir: sabía que su destino estaba escrito. Los criados de la casa la retuvieron hasta que llegó la guardia revolucionaria y la detuvo.
«Perdóneme, mi querido papá, por haber dispuesto de mi existencia sin su permiso. He vengado a muchas víctimas inocentes, he prevenido muchos otros desastres. El pueblo, un día desengañado, se alegrará de verse liberado de un tirano», dejó escrito Charlotte a su padre horas antes de su ejecución.
El Tribunal Revolucionario de París fue encargado de juzgarla. Los hechos estaban claros, pero durante la vista el tribunal quiso vincular el asesinato con una conspiración girondina de mayor envergadura. Pero Corday siempre defendió que había actuado sola. Tras dos sesiones en las que se interrogó a la acusada, el tribunal dictó sentencia: Charlotte de Corday era culpable de asesinato con alevosía y premeditación contra un representante del pueblo.
Charlotte Corday (1899), Óleo sobre lienzo de Arturo Michelena
Ese mismo día redactó una carta a su familia en la que expuso sus razones y se despidió: «Adiós, mi querido papá, le ruego que me olvide, o más bien que se regocije de mi suerte, la causa es hermosa. Abrazo a mi hermana, a quien amo con todo mi corazón, así como a todos mis parientes. No olvide este verso de Corneille: ¡El crimen hace la vergüenza, y no el cadalso!». Al día siguiente por la mañana, Charlotte Corday murió en la guillotina, la famosa herramienta del Terror jacobino instalada en la plaza de la Revolución de París.