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Javier Barraycoa durante la entrevista con El Debate

Entrevista

Javier Barraycoa: «La Revolución Francesa cometió el primer genocidio de la modernidad en la Vendée»

Hablamos con el escritor y doctor en Filosofía sobre el «doble asesinato» de la población de la Vendée: no bastó con destruir físicamente a la población, sino que se intentó borrar también su recuerdo

Cuando estalló la Revolución Francesa en 1789 al grito de «libertad, igualdad, fraternidad o muerte», la recién instaurada República –que se alzaba como defensora de los derechos del pueblo– decretó la represión de regiones enteras.

Una de las afectadas fue una comarca «profundamente católica» llamada Vendée, cuyos campesinos se negaron a aceptar las imposiciones ideológicas y religiosas del nuevo Estado que «había decretado la desaparición de la Iglesia católica y había sustituido la religión católica por el culto al Ser Supremo», según explica en conversación con El Debate el escritor y doctor en Filosofía Javier Barraycoa, quien rescata los hechos del que considera el «primer genocidio de la modernidad» y la «primera cruzada» contra el Terror en un ensayo titulado El genocidio de la Vendée y la primera cruzada moderna (Libroslibres).

Portada El genocidio de la Vendée y la primera cruzada moderna

Portada El genocidio de la Vendée y la primera cruzada moderna

El ensayo recupera una historia sepultada durante más de dos siglos y defiende que «la Vendée y el ejemplo de los mártires vendeanos tienen hoy plena vigencia».

La primera cruzada moderna

La chispa de la rebelión no fue solo la leva obligatoria impuesta por la Convención revolucionaria en 1793, sino que, según el autor, el conflicto no puede entenderse sin la persecución religiosa previa: «Buena parte de los sacerdotes católicos fieles a Roma habían sido guillotinados, deportados o estaban escondidos», advierte Barraycoa. Por ello, «la conciencia de esos campesinos les obligó a tomar las armas para defender la fe católica».

De esa resistencia nace precisamente la idea de la «primera cruzada moderna», subtítulo de su libro. El autor insiste en que los vendeanos no combatían por razones políticas. «Están defendiendo la causa de la Iglesia, la causa de Dios», afirma.

Y añade un detalle revelador: los propios generales republicanos acusaban a aquellos campesinos de «fanatismo religioso», lo que les permitió legitimar discursos de odio como el que pronunció un miembro del Comité de Salud Pública, en el que señalaba que era «preciso destruir» y «borrar del mapa de los departamentos de la República» la Vendée.

Los vendeanos se paraban a rezar donde encontraban una cruz de camino a la batalla

Los vendeanos se paraban a rezar donde encontraban una cruz de camino a la batalla

Para el autor, lo que la Revolución Francesa «intentó eliminar» fue la espiritualidad popular que impregnaba toda la vida de los vendeanos. La misma que impulsó al Ejército Católico y Real, formado principalmente por campesinos, a levantarse en armas.

El doctor en Filosofía recuerda que aquellas tierras habían sido evangelizadas un siglo antes por san Luis María Grignion de Montfort y conservaban una fuerte devoción al Sagrado Corazón y a la Virgen. «Cada vez que sus soldados se encontraban con una cruz de caminos, se paraban y rezaban el rosario», relata.

Antes de entrar en combate, «rezaban por los enemigos y se confesaban». Frente a la brutalidad revolucionaria, los vendeanos «no hacían prisioneros para fusilarlos». Incluso liberaban a miles de soldados enemigos después de hacerles jurar que no volverían a combatir contra ellos. «Ellos tenían el sentido de que la guerra no podía ser brutal, sino humana».

Los vendeanos piden a Cathelineau que lidere la insurrección , óleo sobre lienzo de Jules Gabriel Hubert-Sauzeau

Los vendeanos piden a Cathelineau que lidere la insurrección , óleo sobre lienzo de Jules Gabriel Hubert-Sauzeau

Y para guiar su lucha, los vendeanos contaron con Jacques Cathelineau o Henri de La Rochejaquelein, convertidos en símbolos de aquella resistencia. Como ellos, hubo otros que juraron «dar sus vidas y morir si no veían restaurada la fe católica en Francia», subraya.

Barraycoa destaca especialmente su ejemplo de liderazgo y sacrificio. «No se escondían detrás del ejército campesino: siempre iban delante, y por eso morían», explica. Para él, representan una forma de autoridad basada en la conciencia y la fidelidad a unos principios, no en la manipulación o el poder.

Un genocidio que la historiografía oficial quiere negar

En contraposición, los vendeanos se encontraron con las denominadas «columnas infernales», alrededor de 80.000 soldados que saquearon y quemaron todo a su paso. Tenían «la orden de exterminar absolutamente todo: mujeres, niños, campos y animales», indica el autor.

El autor sostiene que allí aparecen ya muchos de los elementos propios de los genocidios contemporáneos: delimitación de un pueblo a destruir, cobertura legal y planificación sistemática:

«Desde París se envían líquidos inflamables para quemarlo absolutamente todo, arrasar las cosechas y las casas. Luego se ensayan formas de exterminio colectivo, como los primeros ensayos con gas, una especie de cámaras de gas aplicadas a cuevas donde se escondían los vendeanos», comenta.

Los ahogamientos de Nantes en 1793 , óleo sobre lienzo de Joseph Aubert

Los ahogamientos de Nantes en 1793 , óleo sobre lienzo de Joseph Aubert

«También se diseña contaminar los ríos con todo tipo de venenos. Se llega a quemar hombres y mujeres para quitarles la grasa y comercializarla, a desollar los cuerpos y a hacer cuero con ellos. La instrucción era, sobre todo, acabar con los surcos reproductores, que son las mujeres, porque la idea era extinguir la Vendée», relata el doctor en Filosofía.

Un doble asesinato

La represión duró tres años y se cobró la vida de más de 250.000 personas; sin embargo, muchos manuales y libros de texto siguen presentando estos acontecimientos como un conflicto secundario de la Revolución Francesa. «La Academia francesa, como hija de la Revolución Francesa, echó una losa terrible sobre los acontecimientos de la Vendée, de tal forma que era imposible estudiar lo que pasó», analiza Barraycoa.

Por ello, uno de los conceptos centrales del libro es el de «memoricidio», un término que toma del historiador francés Reynald Secher, el primero en darse cuenta de que lo que había pasado en la Vendée fue un genocidio, según detalla. Con este concepto quiere expresar «el doble asesinato» de esta población: «Tú cometes un genocidio y luego impides que se conozca ese genocidio». Es decir, no bastó con destruir físicamente a la población: también se intentó borrar su recuerdo.

Javier Barraycoa

Javier Barraycoa durante la entrevista con El DebateVictoria Weil

El autor sostiene que la Revolución necesitaba «reinventar su historia» para no admitir que había perseguido precisamente a las clases populares en cuyo nombre decía gobernar. «Lo que vivimos hoy en día es fruto de la Revolución Francesa: el poder tiene que rehacer el pasado para legitimar el presente, por lo que el presente no puede permitirse el lujo de decir que la Revolución Francesa fue contra el pueblo», sentencia.

Barraycoa va todavía más allá y conecta la Vendée con los grandes totalitarismos modernos. «Es en la modernidad donde se han dado los grandes genocidios», sostiene, citando los casos de la Unión Soviética, la China de Mao o Camboya. A su juicio, reconocer el genocidio vendeano obligaría a cuestionar «el discurso buenista» sobre la modernidad política europea.

Asimismo, establece paralelismos entre la persecución religiosa de finales del siglo XVIII y ciertas dinámicas contemporáneas. «La religión católica es la más perseguida en el mundo», afirma. No solo se ve afectada por las persecuciones y martirios, sino que «también está ocurriendo lo mismo que durante la Revolución Francesa: poco a poco se va apartando a la Iglesia, desacreditándola y generando leyes profundamente contrarias a los valores cristianos», considera.

Pero el doctor en Filosofía advierte una recuperación de esta memoria que comenzó precisamente gracias a Secher, cuya tesis doctoral sobre la Vendée provocó un enorme escándalo académico en Francia: llegó a sufrir amenazas e incluso el robo físico de su manuscrito. «Le cerraron todas las puertas académicas», afirma. Aun así, su trabajo abrió una nueva línea de investigación y permitió que otros historiadores empezaran a estudiar el caso vendeano.

El libro incorpora la homilía que el cardenal Robert Sarah pronunciada en el parque histórico de Puy du Fou. Allí, Sarah afirmó que «en el fondo los campesinos vendeanos triunfaron». Para Barraycoa, la clave de esa frase está en el martirio: «El martirio siempre es semilla de nuevos cristianos».

«El cristiano, desde los comienzos del cristianismo, está en el mundo, pero no es del mundo. A veces hay que resistir, y esto es lo que nos enseñaron los vendeanos: no rendirse», reflexiona.

«Este mundo te va contagiando de falsos ideales y falsas expectativas de felicidad, pero la naturaleza humana es la naturaleza humana, siempre lo ha sido. Lo único que te puede hacer feliz es ser fiel a tus principios». Eso es, para el autor, la gran lección de los vendeanos: que hay principios por los que merece la pena resistir.

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