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Pedro Sánchez, abandonando el hemiciclo

Pedro Sánchez, abandonando el hemicicloEFE

El presidente, acorralado

Sánchez se pone la soga al cuello por Zapatero en una sesión de control de bochorno para el PSOE

  • «Todo mi apoyo al presidente Zapatero», proclama dos veces, aplaudido por los suyos

  • La Moncloa reconoce que el auto de Calama es «serio», pero que no aporta «pruebas concretas»

Cuando Pedro Sánchez se siente realmente acorralado, siempre recurre a la fotografía de Alberto Núñez Feijóo con Marcial Dorado, tomada hace ahora 31 años. Ésa es la señal inequívoca. La utilizó como comodín en un Pleno monográfico celebrado en julio de 2025 tras la imputación y encarcelamiento de Santos Cerdán y la volvió a sacar este miércoles en el Congreso, un día después de que la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero cayera como una bomba en el PSOE y también entre sus socios. Los continuos y los discontinuos.

Alberto Núñez Feijóo entró a matar recién iniciada la sesión de control: «¿Cómo ejercía esta influencia (Zapatero) en su Gobierno?, ¿hablaba con usted directamente?, ¿va a arremeter contra los jueces de la Audiencia Nacional?, ¿qué hace todavía ahí, manchando un día más la Presidencia del Gobierno de España?», preguntó al presidente.

Alberto Núñez Feijóo, durante la sesión de control

Alberto Núñez Feijóo, durante la sesión de controlEFE

Y entonces se produjo un hecho que quedará para la posteridad en el Diario de Sesiones: Sánchez se puso la soga al cuello por Zapatero, vinculando su suerte a la de aquel al que el magistrado instructor del caso Plus Ultra sitúa en el «vértice» de la trama. «Todo mi apoyo al presidente Zapatero», proclamó. Los ministros y los diputados del PSOE aplaudieron, arrastrados por su jefe de filas, sumisos y obedientes. Ya no hay marcha atrás. Después Sánchez lo reiteró por segunda vez en respuesta a una pregunta del portavoz de ERC, Gabriel Rufián: «Todo mi apoyo al presidente Zapatero».

«Calama no es Peinado»

Fuentes del Gobierno afirmaron en los pasillos que se mantienen «firmes» en defender la presunción de inocencia del expresidente porque el auto del juez José Luis Calama «no aporta pruebas concretas». A diferencia, según las mismas fuentes, del de la imputación de Cerdán en junio de 2025. «Es nuestro derecho no dejarnos llegar por una serie de conclusiones», insisten. Eso sí, en la Moncloa admiten ya que es «un auto serio», lo cual es un cambio sustancial. «Calama no es Peinado», según resume un ministro, el alusión al instructor del caso Begoña.

Así pues, en el Ejecutivo reconocen cierta precipitación en que la portavoz del PSOE y la secretaria de Organización se lanzaran a insinuar lawfare el martes a primera hora. «Esa frase se corresponde a un momento cuando no teníamos toda la información», alegan. Según ellos, se dejaron llevar por la presión de los medios para obtener una primera reacción del partido. Aunque luego no se retractaron a lo largo del día. Y la portavoz del Gobierno mintió dos veces desde la sala de prensa de la Moncloa al situar el origen de este caso en una denuncia de Manos Limpias, y no en la Fiscalía Anticorrupción.

En cualquier caso, el presidente y sus ministros protagonizaron una de las peores sesiones de control de la legislatura, si no la peor. Noqueados, balbuceantes, nerviosos, intentando sostener a duras penas un relato que hacía agua por todas partes: el de que todo esto le pasa a Zapatero porque la derecha no le perdona que ganara en las generales de 2004 y 2008, y menos aún que ayudara a Sánchez a ganar en 2023, que es lo que afirmó el ministro Félix Bolaños en la Cámara Baja. «No les queda nada, señor ministro. Se acabó el relato. Este Gobierno está acabado, agonicen cuanto quieran», le replicó la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz. Ni siquiera Bolaños, que se tiene a sí mismo por un parlamentario ingenioso, tuvo el día.

El auto del juez de la Audiencia Nacional contra el tótem de la izquierda, el coautor del milagro de las generales de julio de 2023, ha dejado a su paso un hedor a corrupción perceptible este miércoles en el hemiciclo. Y toda la respuesta del presidente fue echar en cara a sus socios que tengan paralizada en el Congreso la tramitación del proyecto de ley que ha de regular la actividad de los grupos de interés, los lobbies. Tratando de rebajar el tráfico de influencias que documenta el magistrado a simple lobbismo. Eso e insistir en que las elecciones generales serán en 2027.

«Si esto es verdad es una mierda. Si esto es mentira es una mierda aún mayor que hemos visto muchas veces, pero merece una respuesta», señaló Rufián sosteniendo el documento en la mano. El diputado de Junts Josep Pagès preguntó a los socialistas qué argumento les queda para «no convocar elecciones» cuando no tienen mayoría parlamentaria. Y la portavoz del PNV trató de decir lo menos posible: «Nos mantenemos a la espera. La instrucción está en un inicio, por lo tanto, vamos a ver cómo se desarrollan los hechos», se zafó Maribel Vaquero.

En los pasillos se notaba el abatimiento de la izquierda. «No salimos de una y nos metemos en otra», concedía un ministro. Para entonces ya hacía dos horas que Sánchez se había marchado, de vuelta a su cuartel de la Moncloa.

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