Bombardeo de Bari durante la Segunda Guerra Mundial
Picotazos de Historia
¿Los aliados utilizaron armas químicas en la campaña de Italia?
Seiscientos marineros británicos cobrarían pensiones, con efectos retroactivos, por contaminación recibida por efectos del gas mostaza en el puerto de Bari
Una vez que las tropas aliadas ejecutaron la Operación Husky (nombre en clave para la invasión de Sicilia), las fuerzas del eje iniciaban la retirada bajo una abrumadora superioridad aérea.
El régimen de Mussolini cayó y las tropas alemanas se encontraron enfrentadas contra un enemigo numeroso y bien armado, además contaban con un aliado nada fiable y que trataría de escabullirse, si no de traicionarte, a la primera oportunidad.
Con todo en contra los alemanes llevaron a cabo una brillantísima Operación Lehrgang, diseñada y ejecutada por el capitán de la Kriegsmarine Gustav barón von Liebestein. El marino consiguió hacer pasar el estrecho de Mesina a la práctica totalidad de las tropas alemanas del teniente general Frigolin von Senger und Etterlin junto con 9.832 vehículos, 47 tanques, 135 piezas de artillería, 20.000 toneladas de material, 62.000 tropas italianas con su material y armamento, heridos, etcétera.
La Operación Lehrgang es una de las más brillantemente ejecutadas a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y al barón le valió la cruz alemana de oro y la cruz de caballero de la cruz de hierro. Muy merecidamente.
El siguiente paso de los aliados era iniciar la parte peninsular de la campaña de Italia. El 3 de septiembre los aliados cruzan el estrecho de Mesina, el 9 desembarcan en Salerno. Se desata la guerra civil entre italianos con la caída de Mussolini y Hitler da orden de ocupar Italia y desarmar al ejército italiano.
Cielos completamente controlados
El día 11 de septiembre se captura el estratégicamente importante puerto de Bari, en la costa sureste de la bota italiana. Este será uno de los principales puertos de desembarco de suministros y refuerzos para las tropas aliadas. Con la toma de más puertos de alta capacidad, el puerto de la ciudad de Bari pasaría a ser el centro logístico de suministros del 8º Ejército británico.
Para diciembre el alto mando aliado consideraba que los cielos de Italia estaban completamente controlados por ellos, siendo superiores en número y calidad a la Luftwaffe. Esta confianza dará lugar a descuidos en materia de defensa antiaérea, como más adelante se verá en Bari.
El mariscal del aire Wolfram von Richthofen, comandante de la Luftflotte 2, sugirió al mariscal Kesselring, comandante en jefe de las fuerzas alemanas en Italia, una incursión aérea para inutilizar el puerto de Bari. Con ello se frenaría el impulso del 8º Ejército británico además de la 15ª flota aérea de los Estados Unidos, que estaba construyendo sus aeródromos en la zona de Foggia y utilizaba Bari como centro logístico.
Para asegurar la sorpresa y el desconcierto se lanzaron contramedidas antirradar Düpple (conocidas por los aliados como Windows, consistente en arrojar tiras de papel aluminio de diferente tamaño que volvía locos los sistemas de radar). Inicialmente el ataque sería ejecutado por 103 bombarderos Junkers Ju 88.
Sorpresa absoluta
A las 5:30 un piloto de reconocimiento fotografío el puerto, en las fotografías se apreciaban una cuarentena de buques. A las 7:30 se procedió a arrojar las tiras de aluminio Düppler (o Windows) que anulaban la posibilidad de que los radares detectaran el avance de los bombarderos.
La sorpresa fue absoluta. Al final 88 Junkers Ju 88 alcanzaron Bari –algo más de una décima parte tuvieron que regresar por problemas técnicos– cuando habían encendido los potentes focos que iluminaban el puerto para permitir desembarcar las veinticuatro horas seguidas.
Esta circunstancia fue muy negativa ya que los artilleros antiaéreos, que habían sido avisados muy tarde, se encontraron completamente cegados por la luz de los focos, lo que les impedía acertar. A pesar de lo bajo que volaron los bombarderos alemanes solo sufrieron dos derribos.
El bombardero solo duró media hora. Como les comenté antes, a los alemanes les costó el derribo de dos aparatos, pero para los aliados el costo fue terrible. Sólo las bajas civiles de esa noche se contabilizan por encima del millar, entre el personal militar hubo otras tantas. Diecisiete buques de transporte fueron hundidos, los restos dejaron el puerto inoperativo durante tres vitales semanas.
Otros ocho buques estaban seriamente dañados, bien a consecuencia de las ondas expansivas de la explosión de los buques cargados con municiones o bien por el impacto directo de las bombas. Más de 40.000 toneladas de material militar y sanitario había sido destruido junto con 10.000 toneladas de planchas de acero especialmente diseñadas para permitir la construcción de aeródromos de emergencia.
En el muelle 29 del puerto de la ciudad de Bari, se encontraba amarrado el transporte de la clase Liberty USS John Harvey. Botado en enero de ese año, tenía un desplazamiento de casi 15.000 toneladas y estaba comandado por el capitán Elwin F. Knowles.
El secreto de la carga
El USS John Harvey había arribado a Bari hacia cuatro días. Las ordenanzas navales exigían que el capitán del barco informara a la comandancia del puerto si llevaba carga peligrosa, para de esta manera proceder a su desembarco con urgencia.
Por otro lado, el capitán, había recibido estrictas ordenes de mantener el secreto de su carga y de no mencionar nada al respecto. Y es que en el interior de las bodegas del USS John Harvey contenía, entre otras cosas, 2.000 bombas químicas modelo M47A1 con una carga de entre treinta y cuarenta kilogramos de gas mostaza o Iperita (por ser usada, por primera vez, en el frente de esa ciudad belga durante la primera guerra mundial).
En agosto el presidente de los Estados Unidos aprobó el envió de armas químicas al frente europeo. El USS John Harvey era el primer cargamento con destino a un almacén central localizado en Foggia. La idea era tener lista la suficiente cantidad para responder a un ataque químico alemán.
En medio del ataque de los bombarderos Ju 88, el USS John Harvey recibió un impacto directo desapareciendo en medio de una enorme bola de fuego y generando una onda expansiva que causó daños a varios barcos que fondeaban cerca.
Al poco rato un detalle puso en alerta a aquellos veteranos que habían conocido las trincheras de la primera guerra mundial: un súbito olor a ajo impregnó el puerto. Los veteranos, entre los que se produjo algunos casos de reacciones histéricas, inmediatamente comentaron de qué se trataba ese olor, pero no fueron tomados en serio en medio del caos y la destrucción provocada por el raid aéreo alemán.
Oficialmente jamás hubo armas químicas en Bari, a pesar del informe médico que identificaba a 658 casos confirmados de bajas o muertes debidas a efectos químicos del gas, junto con otros 120 dudosos.
Lo curioso fue que el servicio de espionaje alemán sí que detectó que había armas químicas y utilizó esta información –rotundamente negada por las autoridades aliadas– en los panfletos que arrojaba sobre las poblaciones en donde se concentraban las tropas aliadas. «Estáis siendo gaseados con vuestro propio gas venenoso».
El gobierno británico continúa negando la existencia de armas químicas durante la campaña de Italia, por otro lado en 1986 el periódico The Times informó que unos 600 marineros británicos cobrarían pensiones, con efectos retroactivos, por contaminación recibida por efectos del gas mostaza en el puerto de Bari.