Retrato de Felipe II, monasterio de Tibães
Este es el único retrato de Felipe II que se conserva en Portugal y recuerda la Unión Ibérica
En el monasterio de Tibães, situado en Braga, se encuentra el retrato del primer rey que materializó la unión de España y Portugal durante sesenta años
Entre los años 1580 y 1640, las coronas de España y Portugal convergieron dentro de una misma Monarquía Hispánica. Felipe II hizo valer sus derechos al trono portugués tras la desaparición en el campo de batalla de su sobrino, el rey Sebastián, luchando contra los moros en la batalla de Alcazarquivir.
De esta forma, tanto su hijo Felipe III, como su nieto Felipe IV, heredaron uno de los imperios marítimos más potentes de la historia, con presencia en Asia –en Goa, Ormuz, Macao o las Molucas– y con Brasil en América. Fruto de esta Unión Ibérica, todavía se conserva en el monasterio de Tibães (Braga) el único retrato que existe en el país de Felipe I de Portugal, ya que fue él quien culminó la fundación de la orden benedictina en el lugar.
Desde la Reconquista existieron numerosos intentos de los reyes cristianos para unificar las coronas de Portugal y de Castilla, siendo el caso más cercano el del príncipe Miguel de la Paz, puesto que, tras un cúmulo de muertes, era el siguiente en la lista destinado a ser el heredero de Portugal, Castilla y Aragón.
Este era hijo de Manuel I de Portugal y de Isabel, la primogénita de los Reyes Católicos. Sin embargo, este niño murió con apenas dos años, frustrando aquel proyecto y dejando vía libre en la sucesión para que los Habsburgo pudieran reclamar en un futuro el trono de las Españas.
Así es como llegó el emperador Carlos V, quien se casó, impulsado por fuertes presiones peninsulares, con Isabel de Portugal, a la que tildó de su «muy amada y cara mujer». Más adelante, de aquella unión nació el hijo Felipe II, quien reclamaría sus derechos al trono portugués debido a que el rey Sebastián I, un ardiente monarca guerrero que quiso ir a luchar contra los moros en Marruecos, desapareció para siempre en el campo de batalla.
Así fue como Felipe encargó la campaña de Portugal a sus dos militares más prestigiosos como lo fueron el duque de Alba, por tierra, y Álvaro de Bazán, por el mar. Ambos cumplieron con la misión encomendada.
Los Felipes
En el país luso se recuerda este período como la monarquía de «los Felipes». Felipe II emprendió su viaje a Lisboa y, en abril de 1581, fue reconocido como soberano en las Cortes de Tomar. Así pasó a reinar como Felipe I. De tal forma que su hijo Felipe III de España, se convirtió en Felipe II de Portugal; y así sucedió también con su nieto Felipe IV. No obstante, tal y como confirma el investigador Hugo Cañete, durante aquellos sesenta años «las crónicas dejaban ver muchas tiranteces y desconfianzas», que resume en un «juntos pero no revueltos».
¿Cómo se rompió la Unión Ibérica?
Esta acumulación de territorios se tornó en un quebradero de cabeza para los Felipes. En plena Guerra de los Ochenta Años, los neerlandeses aprovecharon –sobre todo durante la Tregua de los Doce Años– para atacar las posesiones portuguesas en Asia y América, de tal forma que los reyes españoles se vieron obligados a hacer frente a un gran número de objetivos.
No obstante, desde Madrid se tendió a dar más importancia a las prioridades españolas, actitud que suscitó el rechazo de los portugueses, que no quisieron dar a sus soldados para morir en causas hispánicas en Flandes o Alemania.
Ormuz, según la obra 'Civitas Orbis Terrarum' de 1572
Territorios estratégicos como la isla de Ormuz y parte de las Molucas se perdieron en favor del Imperio persa y la República de las Provincias Unidas, respectivamente. También sucedió lo mismo con Salvador de Bahía, capital del Brasil portugués. Sin embargo, se logró recuperar en 1625 con una gran operación anfibia hispanolusa que, en tan un solo mes, logró recuperar la ciudad, suceso que demostró que cuando ambas coronas marítimas colaboraban: eran invencibles.
Sin embargo, en la época de la «política reputacional» de Felipe IV, su valido el conde-duque de Olivares pidió un mayor compromiso financiero y militar a Portugal, con la llamada Unión de Armas, proyecto que provocó la definitiva rebelión de los portugueses.
De hecho, en la actualidad, en Portugal todavía se celebra el día 1 de diciembre de 1640 como el momento en el que se derrocó al gobierno español en Lisboa. Por este motivo, el monasterio de Tibães en Braga es el único sitio que conserva un retrato de Felipe II, puesto que su reinado fue clave para la fundación de la orden benedictina del lugar. Sea como fuere, este enclave todavía recuerda la magnitud que se proyectó al mundo durante sesenta años con el simbolismo de la Unión Ibérica.