Castillo San Felipe del Morro situado en la punta del Viejo San Juan, Puerto Rico

El legado español de Puerto Rico que aún se puede recorrer por las calles de San Juan

El legado de más de cinco siglos de presencia española en el Viejo San Juan de Puerto Rico se manifiesta en sus plazas, murallas, fortalezas y en los puertorriqueños

Al pasear por San Juan, capital de Puerto Rico, hay dos plazas que nos recuerdan de manera concreta el origen español de la urbe actual: la plaza de San José, donde se levanta la efigie de Ponce de León, primer gobernador de la isla; y la plaza de Colón, presidida por la estatua en piedra del descubridor de aquel nuevo mundo, y del actual Puerto Rico, que tiene un legado español de más de cinco siglos que se puede pisar, visitar, tocar e incluso comer si se visita esta isla caribeña.

El punto de partida de este recorrido por la historia empieza en la bocana de la Bahía de San Juan, desde donde se contemplan los imponentes muros del Castillo San Felipe del Morro, en el que ondean tres banderas: la de Estados Unidos de América porque Puerto Rico es un Estado Libre Asociado, la de Puerto Rico y, al mismo nivel, la bandera española de la Cruz de Borgoña, símbolo de la Monarquía Hispánica.

La recuperación de San Juan de Puerto Rico. Obra de Eugenio Cajés

Navegando por la Bahía hasta el atraque, impresiona ver un edificio blanco del que se descuelga una enorme bandera de España, es el convento de las Siervas de María que desde hace más de un siglo mantienen la tradición de ondear una bandera española desde el balcón cuando se aproxima un buque español, como puede ser el buque-escuela Juan Sebastián de Elcano.

Una vez en tierra seguimos la ruta hasta la plaza de Colón, que comenzó siendo una puerta de acceso a la vieja San Juan en el siglo XVIII, cuando la ciudad todavía se protegía tras las murallas construidas un siglo antes (1632 – 1641). Entre los cinco portones se encontraba la puerta de Santiago, también llamada la de Tierra por ser el principal acceso terrestre.

Parece que hemos llegado a cualquier pueblo andaluz, porque la plaza está rodeada, en parte, por edificios de varias alturas, con balcones y una arquitectura que demuestra su vínculo hispano. Los cambios se fueron sucediendo, y en 1890 se colocó la estatua de Ponce de León, realizada en acero fundido de cañones ingleses. Estuvo presidiendo solo tres años.

Estatua de bronce de Juan Ponce de León en Puerto Rico

En 1893, por el 400 aniversario del descubrimiento de América, se sustituyó por una en piedra de Cristóbal Colón, esculpida por el artista genovés Aquiles Canessa, que ocupa ese espacio privilegiado de la ciudad desde entonces. El pedestal de Colón tiene de frente un edificio diferente al resto, es el teatro Alejandro Tapia Rivera, que albergó las primeras óperas puertorriqueñas en la segunda mitad del siglo XIX.

Un homenaje a la Hispanidad

Durante su segundo viaje a América, Cristóbal Colón se detuvo en una isla caribeña a la que los indígenas taínos llamaban Boriquén y que el marino bautizó como San Juan Bautista, aunque fue Ponce de León el que fundó el primer asentamiento estable en la isla, del que en 2022 se celebró el 500 aniversario.

A finales de abril de ese año atracaba en San Juan el buque-escuela Juan Sebastián de Elcano como parte de su XCIV crucero de instrucción. Entre las diversas actividades, la dotación del buque celebró un acto en la plaza de Colón lleno de sentimiento.

El homenaje comenzó con la lectura del legado histórico y lingüístico de Cristóbal Colón, que supuso «una ingente labor, continuada por otros, gracias a la cual los pueblos de este lado del océano accedieron al saber de la época y al idioma que hoy conocemos, convirtiéndose en hijos predilectos de la Corona de nuestra Nación. Y así hoy nos rencontramos sintiendo el orgullo de pertenecer a la misma familia hispana».

Puerta de San Juan, Puerto Rico. En la foto de 1897 se puede apreciar la bandera de España

En la glorieta se creó una atmósfera de gran solemnidad, que se maximizó con los primeros acordes de La Muerte no es el Final, que interpretó la banda de música del buque, mientras todos los guardiamarinas, al unísono, entonaban: «¡ya le has llevado a la luz! …».

Pocos segundos después, siete guardiamarinas gastadores, perfectamente alineados, dispararon una salva de honor al cielo de la capital puertorriqueña. Una corona floral colocada sobre el pedestal selló este reconocimiento, pero solo basta con pasear por el Viejo San Juan, por las fortificaciones de la ciudad o conversar con alguno de sus habitantes para entender ese legado hispano.