Representación idealizada de Hernán Cortés recibiendo presentes de los mayas de Tabasco en 1519, cuando Jerónimo de Aguilar ya formaba parte de su expedición como intérprete
El náufrago español que vivió ocho años entre los mayas y se convirtió en intérprete de Hernán Cortés
Tras sobrevivir a un naufragio y convivir durante años con los mayas, Jerónimo de Aguilar se convirtió en una pieza clave de la expedición del extremeño gracias a su dominio de la lengua maya
Es bien conocida la historia y la importancia de doña Marina, a quien conocemos como la Malinche, intérprete y compañera de Hernán Cortés. El cronista de la conquista de México Bernal Díaz del Castillo escribió que sin ella «no podíamos entender la lengua de Nueva España y México».
Su papel fue fundamental, pues la conquista de México puso en contacto a civilizaciones muy distintas, por lo que «el papel de estos intérpretes y traductores iba más allá de transmitir mensajes orales o escritos: eran verdaderos mediadores culturales, es decir, personas versadas en culturas y lenguas que negociaban y administraban qué comunicarle a los europeos y a los indígenas para obtener resultados concretos», apunta la profesora Berenice Alcántara Rojas, del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH).
Malinche, haciendo de intérprete para Hernán Cortés / La Malinche por Ramón Canto
Pero hubo otro personaje menos conocido que desempeñó esta labor clave: Jerónimo de Aguilar, que acompañó a Hernán Cortés y colaboró con doña Marina en una cadena de traducción en tres lenguas. Él traducía entre el castellano y el maya, mientras que la Malinche hacía lo propio entre el maya y el náhuatl.
Náufrago y apresado por los mayas
La historia de Jerónimo de Aguilar en América comienza en La Española a comienzos de 1509. Posteriormente se enroló en la expedición de Diego de Nicuesa rumbo a Tierra Firme y tomó parte en los acontecimientos que se desarrollaron en aquella región, donde Nicuesa mantuvo disputas con Vasco Núñez de Balboa, tal y como advierte la Real Academia de la Historia (RAH).
En 1511 puso rumbo a La Española para informar sobre la situación en Tierra Firme, así como en busca de avituallamiento y refuerzos. Sin embargo, la carabela en la que viajaba naufragó en los bajos de las Víboras, también llamados de los Alacranes, en las proximidades de Jamaica.
Una veintena de náufragos logró salvarse –entre los que se encontraba el propio Aguilar, Valdivia y el marinero Gonzalo Guerrero– «tras poner a flote un precario batel, en el que embarcaron sin agua y sin alimentos», recoge la RAH. Después de unos 15 días a la deriva, los supervivientes consiguieron alcanzar la costa oriental de Yucatán, donde fueron capturados por indígenas mayas.
Según el relato transmitido por el cronista Francisco López de Gómara, Valdivia y otros cuatro compañeros fueron sacrificados por un cacique, mientras que el resto quedó prisionero. El pequeño grupo en el que se encontraba Aguilar logró escapar y ocultarse en la selva, hasta caer en manos de otro cacique, al que las crónicas llaman Aquincuz, quien gobernaba en aquella región.
A diferencia del primero, este proporcionó amparo a los fugitivos a cambio de su servidumbre. Con el paso del tiempo, los españoles fueron muriendo hasta quedar vivos solamente Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero.
El traductor de Cortés
Tuvieron que pasar varios años, concretamente hasta 1519, para que Hernán Cortés entrase en escena. El conquistador extremeño, que avanzaba hacia la conquista de México, arribó con su hueste a la isla de Cozumel, frente a la costa de Yucatán. Allí, siguiendo las instrucciones del gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, el capitán de la expedición se dispuso a averiguar qué había sido de aquellos náufragos y rescatar a quienes todavía quedasen con vida.
Tras enterarse de lo sucedido con los españoles, Cortés decidió enviar cartas destinadas a los supervivientes y abalorios para pagar su rescate. Asimismo, ordenó al capitán Diego de Ordaz «esperar en el cabo Catoche la llegada de los náufragos durante un plazo de ocho días», relata Cristina González Hernández en el perfil de Jerónimo de Aguilar publicado por la Real Academia de la Historia.
Jerónimo de Aguilar
Transcurridos esos ocho días sin obtener respuesta, la partida de Ordaz regresó y la expedición continuó su viaje. Sin embargo, poco después, cuando ya habían vuelto a embarcar, comprobaron que una canoa se dirigía hacia ellos.
El aspecto de Aguilar había cambiado tanto durante sus ocho años entre los mayas que los españoles no lo reconocieron inmediatamente como uno de los suyos. Bernal Díaz del Castillo lo describe como un hombre que «de suyo era moreno y tresquilado a manera de indio esclavo». Cuando Cortés preguntó por el español al que habían ido a buscar, Aguilar, que estaba delante de él, respondió simplemente: «Yo soy».
El gran conocimiento que Aguilar tenía de la lengua maya –había convivido con los mayas durante cerca de ocho años– le permitió convertirse en uno de los intérpretes de Cortés y en una pieza importante para las negociaciones con los indígenas.
Junto a doña Marina, quien se incorporó a la expedición de Cortés en 1519, formó una cadena de traducción en tres lenguas: los interlocutores nahuahablantes se dirigían a la Malinche en náhuatl; ella lo traducía al maya para que Aguilar, a su vez, se lo comunicara en castellano a Cortés y sus hombres. El proceso funcionaba también en sentido inverso.
Cuando doña Marina aprendió castellano, el papel de Aguilar como intérprete perdió progresivamente importancia, al poder ella comunicarse directamente con Cortés. Aguilar continuó integrado en la expedición y participó en distintos episodios de la conquista hasta la caída de Tenochtitlan en agosto de 1521.