Ruinas del Alcázar de Toledo tras el asedioAyuntamiento de Toledo

90 años

La decisión de Franco que frenó el avance sobre Madrid para acudir al Alcázar de Toledo

Noventa años después, sigue viva la controversia sobre si acudir en su auxilio hizo perder la mejor oportunidad de tomar Madrid en 1936 y precipitar el final del conflicto

A finales del verano de 1936, el Gobierno del Frente Popular no había sido derribado. Pero el alzamiento militar tampoco había sido derrotado. En aquella situación de incertidumbre, Madrid se convirtió en el principal objetivo de la ofensiva nacional y en la plaza que la República estaba decidida a defender a toda costa.

Objetivo: Madrid

Los intentos del general Emilio Mola por abrirse paso hacia Madrid desde el norte habían sido detenidos en los puertos de Guadarrama y Somosierra. Todas las esperanzas del bando nacional quedaron entonces depositadas en el Ejército de África, la fuerza más aguerrida y experimentada de cuantas combatían en España.

Tras el histórico Convoy de la Victoria y el puente aéreo organizado desde Marruecos, las columnas de legionarios y regulares iniciaron un fulgurante avance a través de Extremadura.

Al frente de aquel ejército expedicionario se encontraba el teniente coronel Juan Yagüe, cuya concepción de la guerra se basaba en la velocidad, la maniobra y la explotación inmediata de la ruptura del frente enemigo.

Durante agosto y septiembre, sus columnas enlazaron con las fuerzas de Mola, ocuparon Mérida, Badajoz y Talavera de la Reina y explotaron la ruptura del frente republicano a lo largo del eje del Tajo en una de las ofensivas más rápidas y espectaculares de toda la contienda. El 21 de septiembre las vanguardias nacionales entraban en Maqueda. Madrid quedaba a poco más de setenta kilómetros.

Fue entonces cuando surgió una de las grandes disyuntivas estratégicas de la Guerra Civil.

El Alcázar resiste

Mientras el Ejército de África avanzaba hacia Madrid, en Toledo se desarrollaba uno de los episodios más simbólicos de toda la Guerra Civil.

El 21 de julio, apenas tres días después del inicio de la sublevación, el coronel José Moscardó concentró en el Alcázar a guardias civiles, militares, falangistas y numerosos civiles. Durante más de dos meses resistieron el asedio de unas fuerzas republicanas muy superiores en número. El viejo edificio fue sometido a bombardeos de artillería, minas y continuos ataques que acabaron reduciéndolo a una gigantesca ruina.

Aunque la resistencia de los sitiados era seguida incluso por la prensa internacional, desde un punto de vista estrictamente militar Toledo constituía un objetivo secundario. La cuestión era si convenía retrasar el avance sobre Madrid para acudir en su auxilio.

Franco frente a Yagüe

Fue precisamente en Maqueda donde emergió con toda su intensidad una compleja disyuntiva. En el seno del mando nacional coexistían dos visiones claramente enfrentadas, una cuestión que ha sido estudiada en profundidad por el historiador Luis E. Togores en Yagüe. El general falangista de Franco.

Juan Yagüe, junto a buena parte de los mandos africanistas, defendía proseguir inmediatamente la ofensiva sobre Madrid. Para el jefe legionario, cada día de retraso permitía a los frentepopulistas reorganizar sus fuerzas, recibir refuerzos y consolidar la defensa de la capital. Desde esta perspectiva, Toledo terminaría cayendo por sí sola una vez conquistado Madrid.

Franco y Yagüe

Franco, respaldado por su Estado Mayor, tenía una visión diferente. Consideraba que la liberación del Alcázar de Toledo poseía un valor político, psicológico y moral que trascendía ampliamente su importancia táctica.

El rescate de Moscardó y sus hombres podía convertirse en un símbolo de enorme impacto nacional e internacional, fortalecer la legitimidad de la causa nacional y contribuir a consolidar un liderazgo único en un momento en que la estructura política del nuevo Estado todavía estaba en formación.

En realidad, la controversia enfrentaba dos concepciones estratégicas antagónicas. Por un lado, la lógica operacional de Yagüe, partidaria de mantener la iniciativa y explotar el éxito alcanzado. Por otro, la lógica político-estratégica de Franco, que subordinaba los objetivos militares inmediatos a consideraciones de alcance político e institucional.

La decisión fue finalmente adoptada por Franco. Las columnas africanas interrumpieron su progresión hacia Madrid y desviaron su esfuerzo principal hacia Toledo.

El día de la liberación

El 27 de septiembre, tras intensos combates, las tropas nacionales entraron en Toledo y rompieron definitivamente el asedio. Tras setenta días de resistencia, los supervivientes del Alcázar fueron liberados.

La imagen de Franco recorriendo las ruinas del edificio junto a Moscardó se convirtió inmediatamente en una de las estampas más icónicas de toda la guerra. Para los nacionales supuso una inmensa victoria moral y propagandística.

El General José Enrique Varela, el General Francisco Franco y el Coronel José Moscardó, en la Cuesta de Capuchinos, en las inmediaciones del Alcázar de Toledo

¿La oportunidad perdida?

Tras la liberación del Alcázar de Toledo se retomó la ofensiva contra Madrid. Sin embargo, cuando las tropas nacionales llegaron a las puertas de Madrid en noviembre, la situación militar era muy distinta a la de finales de septiembre.

Los frentepopulistas habían reforzado las defensas de la capital, movilizado nuevas fuerzas e incorporado la ayuda soviética en forma de aviones, carros de combate, asesores militares y abundante material de guerra. Paralelamente, las Brigadas Internacionales comenzaban a integrarse en la defensa de Madrid.

Desde ese momento la batalla de Madrid se transformó en una lucha de desgaste. Precisamente por ello, parte de la historiografía sostiene que la desviación hacia Toledo pudo ser el momento decisivo que impidió una posible caída temprana de Madrid.

Paradójicamente, la decisión que convirtió al Alcázar en un símbolo universal de resistencia pudo significar, al mismo tiempo, la pérdida de la mejor oportunidad para conquistar Madrid en 1936.

Nunca sabremos qué habría ocurrido de haber triunfado la postura de Yagüe, una opción que pudo alterar el curso de la historia de España. ¿Habría caído Madrid en septiembre de 1936? Y, de haber caído, ¿se habría acortado la guerra en más de dos años?