Firma del Pacto Tripartito
El Pacto Tripartito: el acuerdo que unió a Alemania, Italia y Japón en la Segunda Guerra Mundial
Hitler, Mussolini y Japón se comprometieron a asistirse mutuamente con todos los medios políticos, económicos y militares si una de las naciones firmantes era atacada por una potencia
Este año se cumple el 80.º aniversario del Pacto Tripartito rubricado por Alemania, Italia y Japón el 27 de septiembre de 1940 en Berlín. Se trató de un documento breve, pero preciso, que articuló la alianza entre las tres potencias del Eje.
Acabado el verano y comenzado el otoño de 1940, la Alemania nazi, gracias a su eficaz Blitzkrieg, se había hecho con buena parte del continente europeo: Polonia, Checoslovaquia, Francia, Países Bajos, Bélgica, Noruega y Dinamarca.
Solo la Gran Bretaña de Churchill había sido capaz de aguantar los envites del régimen germano, gracias al éxito de la evacuación de Dunkerque, la operación Dinamo. Desde julio se libraba en el aire la trascendental batalla de Inglaterra; si la RAF fallaba, el Imperio británico podría caer en manos de los nazis.
Pero regresemos a la mesa de negociación de las potencias del Eje. Sería tentador pensar que, a esas alturas de septiembre de 1940, la Segunda Guerra Mundial estaba siendo un conflicto propiamente europeo; sin embargo, el Imperio japonés ya llevaba años con su política de expansión territorial en Asia.
China fue uno de sus primeros objetivos: los nipones invadieron Manchuria en 1931, al tiempo que los territorios africanos de las potencias europeas se iban a convertir en un teatro de operaciones más. Por ejemplo, las fuerzas de Mussolini invadieron el Egipto británico a partir del mes de septiembre de 1940.
Banderas de Alemania, Japón e Italia, en la embajada japonesa en Berlín, septiembre de 1940
El 27 de septiembre, el acuerdo fue firmado por Adolf Hitler, el diplomático nipón Saburō Kurusu y el ministro de Asuntos Exteriores transalpino Gian Galeazzo Ciano.
El pacto tenía dos objetivos claros para sus tres firmantes, en palabras del historiador Lothar Knauth: «la división del mundo en esferas de influencia hegemónica, y 2) el intento de impulsar un desarrollo regional» (Michitoshi Takabatake, Lothar Knauth, Michiko Tanaka, Política y pensamiento político en Japón, 1982, p. 161).
Los negociadores de las potencias del Eje redactaron un texto corto, pero conciso, en el que dejaron meridianamente clara su visión del mundo y las condiciones de su alianza. Italianos, nipones y alemanes compartían la idea de que, para poder construir el «nuevo orden» que estaban buscando, debían respetar sus respectivas esferas de influencia en Asia y Europa.
Estaban abiertos a colaborar con otras potencias o Estados que compartieran sus objetivos políticos siempre que, tal como se recogía en el pacto, desearan «la realización de las más grandes ambiciones de los tres países signatarios para lograr la paz mundial» (Política…, p. 161).
Además de las cláusulas sobre la duración –diez años– y sobre el establecimiento de una comisión para poner en marcha el tratado, en los seis artículos con los que contaba el acuerdo los firmantes reconocían mutuamente sus esferas de influencia y acordaban ayudarse en la contienda ante la posible entrada de otras potencias que no lo habían hecho todavía, como los Estados Unidos.
Revista japonesa publicada por la Oficina de Inteligencia del Gabinete el 15 de enero de 1941, anunciando el Pacto Tripartito
El artículo 5 era uno de los más trascendentes, puesto que hacía una referencia de notable calado respecto a la Unión Soviética: «Japón, Alemania e Italia confirman que los artículos anteriores no ejercen ninguna influencia en la situación política existente entre cada uno de los países firmantes y la Unión Soviética» (Política…, p. 161).
Es decir, cada potencia era libre de apoyar o no a cualquiera de los firmantes en un conflicto con la Unión Soviética. Ya en 1939 los nazis habían firmado con los soviéticos el Pacto Molotov-Ribbentrop, mientras que los nipones rubricarían su acuerdo de neutralidad con los rusos pasados unos meses, en abril de 1941.
En el Pacto Tripartito España había sido una de sus espectadoras, puesto que Serrano Suñer había estado presente en la rúbrica del acuerdo entre italianos, germanos y nipones.
Sin embargo, como la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial no estaba clara, en palabras de Enrique Moradiellos, «las discusiones fueron suspendidas a la espera de una entrevista personal entre Franco y Hitler. En consecuencia, Serrano Suñer abandonó Berlín sin haber acordado ningún protocolo y después de acudir como espectador a la firma del Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y Japón» (Siglo: actas del V Congreso Internacional de Historia de Nuestro Tiempo, 2016, p. 65).
Este pacto tuvo una importancia capital en la Segunda Guerra Mundial, no porque significara la globalización de un conflicto, que ya era mundial, sino porque unió a japoneses, italianos y alemanes en una contienda que acabarían perdiendo ante los Aliados cinco años después.