El SMS Seydlitz

El SMS Seydlitz

Los cuatro marinos que se abrasaron las manos para salvar al SMS Seydlitz de una explosión

Las lenguas de fuego fueron conducidas por las corrientes de ventilación. En total seis toneladas de explosivos ardieron, abrasando hasta matar a ciento cincuenta y nueve oficiales y marineros y dejando gravemente heridos a otros treinta y tres

El SMS Seydlitz fue un crucero de batalla de unas 26.000 toneladas de desplazamiento que fue botado en el año 1913, por lo que era una unidad moderna al inicio de la Primera Guerra Mundial. Este barco alcanzó una velocidad máxima, en las navegaciones de prueba y forzando calderas, de 27 nudos. Su armamento principal se componía de diez cañones de 280 mm y el secundario de doce de 150 mm y otros doce de 88 mm.

En comparación con sus equivalentes británicos, el crucero de batalla alemán tenía una artillería de menor calibre, pero su blindaje era mayor. Los británicos priorizaron una mayor rapidez y pegada frente a la protección. Por otro lado, los alemanes habían perfeccionado las espoletas de los proyectiles de gran calibre: mientras los proyectiles británicos solían explotar prácticamente al alcanzar el objetivo, los proyectiles alemanes explotaban tras atravesar el blindaje, bien dentro de la nave, donde los efectos de la explosión serían devastadores.

Durante la llamada batalla del Banco de Dogger (24 de enero de 1915), la agrupación naval del almirante von Hipper se encontró en malas condiciones tácticas y en inferioridad en número, velocidad y artillería (número de bocas de fuego y calibre), por lo que trató de poner tierra (en este caso agua) por medio y ganar la huida.

Durante los siguientes combates varias unidades alemanas recibieron impactos, sufriendo daños más o menos graves. El crucero acorazado Blücher (un nombre desafortunado entre las unidades de la Kriegsmarine, pues los navíos que han llevado tal nombre han sufrido un destino trágico) resultó hundido.

El Blücher zozobrando mientras cientos de sus tripulantes se aferran al costado del crucero

El Blücher zozobrando mientras cientos de sus tripulantes se aferran al costado del crucero

El crucero SMS Seydlitz, a las 09:40, recibió el impacto de un proyectil de calibre 343 mm, disparado por el crucero de batalla HMS Lion. El proyectil alcanzó la barbeta acorazada (cilindro blindado que protege los conductos de munición) de la torre de artillería que se encontraba más a popa (denominada Dora; las otras torres eran Anton y Bruno, en proa, y Cäsar, en popa).

El proyectil británico no consiguió penetrar el grueso blindaje, pero el brutal impacto desprendió fragmentos de metal al rojo vivo. Estos fragmentos incendiaron los saquetes de pólvora (cordita) dispuestos para alimentar a los cañones de Dora, en la cámara de maniobra. La deflagración del propelente se contagió al que había en el montacargas y en el pañol de pólvoras.

El marino Luis de la Sierra nos narra magistralmente, en su libro La mar en la Gran Guerra, cómo las llamas se propagaron en todas direcciones. La marinería, desesperada, trató de huir de aquel infierno y, en su desesperación, abrió la puerta estanca que comunicaba con la otra torre de popa, la torre Cäsar.

Las lenguas de fuego fueron conducidas por las corrientes de ventilación. En total seis toneladas de explosivos ardieron, abrasando hasta matar a ciento cincuenta y nueve oficiales y marineros y dejando gravemente heridos a otros treinta y tres.

Los cruceros alemanes en ruta al Banco Dogger

Los cruceros alemanes en ruta al Banco Dogger

Las llamas eran enormes y brotaban de la torre hasta la galleta del mástil. El director de tiro del crucero, convencido como estaba de que el barco podía explotar en cualquier momento, dio orden de disparar lo más rápido posible con el fin de consumir lo máximo de explosivo y hacer el mayor daño al enemigo mientras llegaba el final para todos.

En estas críticas circunstancias, el capitán de corbeta y segundo al mando en el crucero Max Hagerdorn –acompañado del artificiero Müller y los suboficiales de bombas de achique Heidkamp y Hering– se dirigió a la torre Cäsar con el fin de localizar los mandos de las válvulas que permitían inundar la santabárbara, donde se almacenaban los proyectiles de los cañones de ambas torres.

Tras atravesar un infierno humeante hallaron las válvulas. Tal era el calor que los volantes estaban al rojo y las válvulas dilatadas por el calor. En medio de ese ambiente de pesadilla. Respirando las emanaciones producidas por el metal incandescente que les abrasaban los pulmones. Muy lentamente. Poco a poco, consiguieron mover los volantes e inundar la santabárbara.

Lo hicieron a mano, pues no tenían otra cosa de que valerse. Las quemaduras de sus manos fueron horrorosas. De tercer grado y hasta el hueso, pero el agua que anegó la santabárbara había enfriado los proyectiles que estaban a punto de explotar. Estos cuatro hombres sacrificaron sus manos, pulmones y salud para salvar a mil compañeros suyos y a su barco. Pero también salvaron a muchos más.

Terminada la batalla se realizaron los informes. Era la primera vez que dos agrupaciones navales modernas –el diseño de los barcos tipo Dreadnought marcó un antes y un después, un diseño no mejorable– se enfrentaban y las observaciones sobre los resultados eran muy importantes para corregir defectos y señalar errores.

El alto mando fue informado del fallo de seguridad que estuvo a punto de costar la voladura del barco. Inmediatamente se dio orden de que se pusiera remedio. Se llevaron a cabo reformas dentro de todas las unidades de la Kriegsmarine. Se instalaron compuertas estancas a lo largo del recorrido de los montacargas de municiones para evitar que el fuego avanzara por allí.

Se prohibió la acumulación de cargas (saquetes de pólvora) fuera de sus casquillos de seguridad de latón; esto era importante, ya que la Royal Navy no usaba estos y el propelente se amontonaba en sus saquetes de seda, que eran muy sensibles a una deflagración, mientras que los casquillos de latón alemanes protegían el propelente del calor y de las chispas que pudieran saltar. Otra reforma que se consideró fundamental y prioritaria fue la del rediseño y automatización de las válvulas de inundación.

La flota inglesa no estaba al tanto de estas reformas que hicieron los alemanes. Ellos no sufrieron lo que los alemanes en el Banco de Dogger y, por lo tanto, no se pudieron beneficiar de la experiencia.

Más adelante, durante la batalla de Jutlandia (31 de mayo de 1916), un sorprendido almirante Beatty comentaría a su jefe de Estado Mayor, capitán de navío Chatfield: «Parece que algo pasa con nuestros malditos barcos». Y es que durante esta batalla explotaron, debido a los fallos de seguridad que habían corregido los alemanes, los cruceros de batalla HMS Indefatigable, HMS Queen Mary y HMS Invincible, además del crucero acorazado HMS Defence.

Ahora traten de imaginarse, durante un minuto, lo que debía de ser tratar de mover una válvula dilatada y al rojo vivo con las manos desnudas. ¡Y lograrlo!

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