El único español que testificó en los Juicios de Núremberg y desenmascaró a los jerarcas nazis
80 años
El único español que testificó en los Juicios de Núremberg y desenmascaró a los jerarcas nazis
Ochenta años después del final de los Juicios de Núremberg, la figura de Francisco Boix sigue destacando. «El campo estaba clasificado en la última categoría, la 3; es decir, era un campo del que nadie podía salir», declaró ante el Tribunal
«El testigo que propongo que el Tribunal escuche aclarará un punto que ha estado pendiente durante varias semanas», comenzó el fiscal adjunto francés Charles Dubost en los juicios de Núremberg.
«El Tribunal recordará que [...] surgió la cuestión de determinar si Kaltenbrunner había estado en Mauthausen. [...] Voy a llamar al Sr. Boix, quien demostrará ante el Tribunal que Kaltenbrunner estuvo en Mauthausen. Él posee fotografías de esa visita y el Tribunal las verá», prosiguió el fiscal francés.
Francisco Boix, testigo en el Proceso contra criminales del campo nazi de Mauthausen-Gusen
Era Francisco Boix. Tenía 26 años cuando fue llamado a testificar en los juicios que juzgarían los crímenes cometidos por la Alemania nazi y de cuya finalización se cumplen este 1 de octubre 80 años.
De Barcelona a Mauthausen
Nacido en Barcelona, Boix se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), organización del PSUC, al comienzo de la Guerra Civil española. Trabajaba «en la revista Julio como reportero, hasta que se alista en la 30.ª División, como voluntario, fotografiando durante esta época el frente de Aragón desde el Segre», recoge el Instituto Cervantes.
Tras acabar la guerra, Boix se exilió en Francia, donde fue internado en los campos de refugiados de Vernet y Septfonds. Ante el inminente estallido de la guerra entre Francia y Alemania, a los jóvenes españoles que abarrotaban los campos se les ofreció enrolarse en las Compañías de Trabajadores Extranjeros para fortificar las líneas defensivas, la Legión Extranjera y los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros, según señala el Ministerio de Cultura.
Encuadrado en la 28.ª Compañía de Trabajadores Extranjeros, Boix ayudó a fortificar la comarca de los Vosgos hasta que, en mayo de 1940, fue capturado por los alemanes, quienes lo trasladarían a Mauthausen en enero de 1941, donde dejaría de tener nombre para adoptar el número 5185.
El fotógrafo de Mauthausen
Allí fue reclutado para el laboratorio fotográfico para mostrar «toda la historia de lo que sucedía en el campo», según testificó. Tomó imágenes de los prisioneros, registró sus datos de identificación y documentó visualmente el funcionamiento de Mauthausen para las SS.
Boix puso su vida en peligro para salvar miles de negativos que mostraban las atrocidades y la vida diaria del campo de concentración, pero también la presencia de altos cargos nazis de las SS como Heinrich Himmler y Ernst Kaltenbrunner.
Ernst Kaltenbrunner junto a Himmler en una visita a Mauthausen, en una de las fotografías sacadas por Boix y luego empleadas en los Juicios de Nuremberg.
El fiscal francés había llamado a testificar a Boix precisamente para aclarar un asunto muy concreto: demostrar que Kaltenbrunner, uno de los principales dirigentes de las SS y jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, había estado en Mauthausen.
Durante los días 28 y 29 de enero de 1946, Boix mostró ante el Tribunal las fotografías que consiguió salvar del campo de concentración con la ayuda de otros compañeros deportados españoles y de la austriaca Anna Pointner, quien recogió los negativos y los custodió en su casa particular hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Las fotografías que comprometieron a la jerarquía nazi
«Esto fue tomado en la cantera durante una visita del Reichsführer Himmler, Kaltenbrunner, el gobernador de Linz y algunos otros dirigentes cuyos nombres desconozco. Lo que se ve abajo es el cadáver de un hombre que había caído desde lo alto de la cantera, 70 metros, como ocurría todos los días». Su declaración y la imagen contradecían la versión de la defensa del acusado, que había tratado de desvincularse del campo de concentración.
Pero también señaló a Albert Speer, ministro de Armamento y Producción de Guerra. Durante su interrogatorio, el fiscal francés le preguntó si reconocía entre los acusados a alguien que hubiera visitado Mauthausen.
Boix respondió: «Llegó al campo de Gusen en 1943 para organizar algunas construcciones y también a la cantera de Mauthausen. Yo no lo vi personalmente, ya que trabajaba en el servicio de identificación del campo y no podía irme, pero durante esas visitas, Paul Ricken, jefe del departamento de identificación, tomó un rollo de película con su Leica, que yo revelé. En esa película reconocí a Speer y también a algunos líderes de las SS que lo acompañaban. Speer vestía un traje de color claro».
Un testigo del exterminio
Durante el segundo día, el testimonio de Boix fue todavía más explícito respecto a las formas de asesinato. Al preguntarle cómo eran tratados sacerdotes y religiosos, respondió: «No había ninguna diferencia entre ellos y nosotros. Morían de la misma manera que nosotros. A veces eran enviados a la cámara de gas, otras veces eran fusilados o sumergidos en agua helada; cualquier método servía», reza la transcripción de su testimonio.
También describió así la situación de los prisioneros soviéticos: «Los hacían trabajar en las condiciones más horribles; eran golpeados, apaleados, pateados e insultados». Además, detalló que, de aproximadamente 7.000 prisioneros de guerra llegados al campo, solo quedaban 30 supervivientes al cabo de tres meses.
Por otro lado, cuando el fiscal le preguntó directamente si Mauthausen era realmente un campo de exterminio, Boix respondió que «el campo estaba clasificado en la última categoría, la 3; es decir, era un campo del que nadie podía salir».
El único español ante el Tribunal
Tras la liberación del campo el 5 de mayo de 1945, Boix se asentó en París, donde las fotografías que había rescatado empezaron a ser publicadas en Ce Soir y Regards. Aquellas imágenes terminarían llevándolo ante el Tribunal Militar Internacional de Núremberg. Allí, con solo 26 años, Francisco Boix se convirtió en el único español que declaró como testigo ante el tribunal que juzgó a los principales dirigentes de la Alemania nazi.