Óleo que representa la batalla naval de Gravelinas de la Armada Invencible y la flota inglesa

Óleo que representa la batalla naval de Gravelinas de la Armada Invencible y la flota inglesa

¿Cuántos españoles murieron en Irlanda en los naufragios de la mal llamada Armada Invencible?

El investigador Pedro Luis Chinchilla sitúa la cifra en 5.000 muertos «ahogados y asesinados» de las 24 embarcaciones destrozadas, aunque apunta que todavía podrían existir más barcos hundidos

El 8 de agosto de 1588, el duque de Medina Sidonia, comandante naval sin experiencia al que pusieron al frente de la expedición de una Armada cuyo objetivo era invadir Inglaterra para su rey, Felipe II, tuvo que tomar la decisión más complicada de su carrera militar.

Tras la derrota en Gravelinas frente a la armada inglesa, Medina Sidonia ordenó a sus hombres, tras reunirse con sus principales mandos, regresar a España con el viento del norte bordeando las costas de Escocia e Irlanda, pero no contó con las tempestades que acabaron, según ha calculado el investigador Pedro Luis Chinchilla, con un total de 5.000 hombres «ahogados y asesinados» en la costa irlandesa.

Chinchilla es autor del libro Prisioneros de la Armada Invencible y, como cada año, acude al condado de Sligo (en Irlanda) para recordar, junto a diversas asociaciones españolas e irlandesas, el destino de 1.100 de aquellos hombres que fueron a parar, durante el mes de septiembre, a la playa de Streedagh. No obstante, estas solo fueron tres de las 24 embarcaciones que el escritor ha podido contabilizar que encallaron en la isla Esmeralda, aunque él mismo asegura que «esa cantidad podría ser mayor según avancen las investigaciones».

Entre los supervivientes que alcanzaron la costa, los hubo con más suerte que dieron con habitantes irlandeses que simplemente quisieron robarles en lugar de pasarlos a cuchillo; o, lo que sucedió en la mayoría de los casos, otros fueron a parar a manos de colonos británicos que seguían completando su proceso de invasión de Irlanda –iniciado en 1169– y que no tuvieron compasión con aquellos náufragos deseosos de volver a casa.

Por ejemplo, si nos vamos al litoral occidental de Irlanda, en las proximidades de Galway, todavía existe una placa que recuerda a los 300 españoles que fueron asesinados por los colonos ingleses, ante la compasión de la indefensa población irlandesa. La misma suerte corrieron otros tantos hombres que lograron alcanzar la orilla en los diversos puntos de la isla.

Homenaje a los marinos de la Armada Invencible que murieron en esa misma playa de Streedagh en Irlanda en 1588

Homenaje a los marinos de la Armada Invencible que murieron en esa misma playa de Streedagh en Irlanda en 1588Javier Rubio

Volviendo a la playa de tres kilómetros situada junto al pueblo de La Grange, donde se hundieron las tres embarcaciones, La Juliana, Santa María de Visón y La Lavia, a escasos 100 metros de la arena los arqueólogos localizaron en 1985 los primeros restos de aquellos pecios. No fue hasta 2015 cuando, gracias a unas tormentas, la arena dejó al descubierto varios cañones de La Juliana, sepultados bajo el mar durante 427 años y que actualmente se encuentran en el Museo de Historia de Dublín.

Francisco de Cuéllar

Entre los trescientos supervivientes de aquellas tres embarcaciones resalta la historia del capitán Francisco de Cuéllar, quien llegó a la costa medio desnudo y que, agarrado a un tablón de madera de La Lavia, logró alcanzar la playa con heridas en sus piernas. Allí comenzó una de «las novelas de caballería» más impresionantes que le han sucedido en la historia a un militar español, y que él mismo dejó recogidas en sus Memorias.

Entró en contacto con el pueblo irlandés, cuyos habitantes llegó a calificar de «salvajes» por su vestimenta. Durante siete meses, enfrentó todo tipo de obstáculos en su camino, con sus dos piernas heridas. Llegó a dormir descalzo en cuevas, cabañas e incluso en una isla en el medio de un lago, desde donde se defendió junto a nueve españoles de un asedio de 1.700 soldados ingleses. Tras resistir lo imposible, decidió continuar su camino hacia el puerto de Killybegs, donde estaba amarrada la embarcación de La Girona.

Esta nave quiso rescatar durante dos días a los más de mil náufragos desperdigados por la costa irlandesa. Para su suerte, tal y como relata el propio Cuéllar, «bendita sea su santísima misericordia para siempre», no llegó a embarcar en aquella expedición, que terminó hundiéndose en el mar acabando con los sueños de regreso de más de mil hombres.

Después de semanas marcadas por haber sido esclavizado por un herrero y por los cuidados que le ofrecían algunas mujeres irlandesas, al fin logró conseguir un pasaje junto a otros 16 compatriotas rumbo a Escocia. Desde allí viajó a los Países Bajos españoles, donde se reunió con el gobernador Alejandro Farnesio, quien parece ser que exclamó que «el infierno no puede ser peor» al enterarse de su historia y le invitó a redactar sus Memorias.

Fue en Amberes donde escribió, el 4 de octubre de 1589, su carta relatando lo ocurrido a Felipe II. No obstante, no se sabe a ciencia cierta si volvió a pisar su patria en algún momento de su vida. Lo que sí se sabe es que, como buen soldado español de su tiempo, continuó dejándose su vida, honra y hacienda por defender el patrimonio de su soberano, pero esta vez en las guerras de Francia, Italia e incluso embarcándose rumbo a América.

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