Jóvenes huyendo de un proyectil caído en la Gran Vía.
La película mexicana que contó el asilo de perseguidos por el Frente Popular en plena Guerra Civil
Su argumento situaba la acción en Madrid, al estallar la Guerra Civil, cuando un grupo de asilados logra acogerse al asilo concedido por un embajador de una nación iberoamericana
El 13 de junio de 2026, en un ciclo sobre cine y guerra civil, MX Hoja de ruta digital proyectó este filme, al creer que se trataba de refugiados republicanos, cuando realmente eran del otro bando. Y es que aún se cree que solo izquierdistas pudieron ser los únicos refugiados de la guerra.
Las legaciones y embajadas extranjeras desarrollaron, durante la Guerra Civil española, un amplio abanico de acciones humanitarias. Entre ellas, destacó la generosa y amplia interpretación del derecho de asilo diplomático a perseguidos por el Frente Popular. Tras el conflicto, algunas representaciones diplomáticas también acogieron, en un número más reducido, a perseguidos por los vencedores.
Fue una auténtica aventura para todos sus protagonistas, pero, a pesar de la importancia del cine como herramienta de difusión propagandística del franquismo, no hubo ningún guionista ni director de cine que quisiera llevar al celuloide este hecho humanitario durante los cuarenta años del régimen.
En consecuencia, resulta aún más asombroso que la cinematografía mexicana fuera la que aceptara rodar un guion basado en el asilo diplomático, a pesar del gran apoyo que el Gobierno del Partido Revolucionario Institucional concedió a la España del Frente Popular durante toda la guerra y la posguerra.
Ese filme se tituló Refugiados en Madrid y fue dirigido por Alejandro Galindo, que por entonces mantenía una cierta reputación en México como realizador. Los papeles principales fueron interpretados por Arturo de Córdoba, Vilma Vidal, María Conesa, Fernando y Domingo Soler. Se estrenó en la capital, con gran éxito de público, a finales del mes de mayo de 1938 en el cine Alameda. Es decir, la película se filmó y se distribuyó todavía durante el conflicto español.
Refugiados en Madrid
Su argumento situaba la acción en Madrid, al estallar la Guerra Civil, cuando un grupo de asilados logra acogerse al asilo concedido por un embajador de una nación iberoamericana, don Fernando (Miguel Arenas).
En su embajada se refugian el pomposo Joaquín, la cantante Pastora del Real (María Conesa) y su pareja, el joven Carlos (Arturo de Córdoba), el delincuente Rafael Torrecilla (Fernando Soler), el coronel Figueroa (Domingo Soler), el político don Manuel, una pareja de recién casados y otras personas. Un bombardeo asusta a los asilados y, entre la confusión, permanecen juntos Carlos y la joven Clara (Vilma Vidal), que se enamoran poco a poco.
Rafael descubre que Carlos y el conductor del camión que proporciona la comida a los refugiados desde el exterior son espías de la España nacional. Clara no hace caso a su novio Luis, con gran disgusto de la marquesa (Mimí Derba), madre de la protagonista, que teme un asalto, una detención y una matanza por parte de los izquierdistas. Rafael roba las joyas de Pastora, mientras llegan dos agentes de policía a la embajada y se llevan al político don Manuel a la fuerza, bajo amenaza de vengarse de su familia si se niega o se resiste.
El embajador intenta lograr la evacuación hacia Valencia, pero, cuando parece que todo está dispuesto para lograrlo, aparecen varios soldados que impiden la partida de la expedición, pues se ha descubierto que existen espías en el refugio. Interrogan a todos, pero Rafael decide no delatar a Carlos, pese a que nadie podrá salir del edificio hasta que se descubra a los agentes de la Quinta Columna.
Un asilado, el vasco Mendocochea, no logra aguantar el amontonamiento en el que viven diariamente, enloquece y escapa a la calle, donde es abatido a tiros. Una mujer a punto de dar a luz está en peligro de muerte, ante lo cual Rafael decide salir para encontrar medicinas para ella. Logra volver herido por los milicianos, pero con las medicinas; devuelve las joyas a Pastora y muere con dignidad.
Para finalizar con la situación de sitio –en la que viven en la embajada–, Carlos decide entregarse a los republicanos, pese al dolor de Clara, para que los asilados puedan trasladarse a Valencia y salir de España.
Según Mateo Sanz, la película fue muy bien recibida por la crítica mexicana, por cuanto su cinematografía aparecía cada vez menos encorsetada a los temas folclóricos y tradicionales, círculo vicioso al que la había arrojado Fernando de Fuentes con su filme Allá en el Rancho Grande en 1936. Fue una crítica muy justificada a la invención del estereotipo del charro cantor en el cine mexicano.
Las revistas especializadas elogiaron el argumento de Refugiados en Madrid, la actuación de los intérpretes y la labor del director sobre los personajes del filme. Un crítico –bajo el seudónimo de 'Close Up'– finalizó su artículo con una llamada de advertencia, haciendo, de esta manera, un poco de política, con las siguientes palabras:
Civiles se refugian de los bombardeos en una estación de Metro, en 1938
«La presentación de Refugiados en Madrid en el Alameda ha sido un completo éxito porque el conjunto de artistas que participa en la cinta de plata es armonioso, homogéneo, natural y humano, como humana es la tragedia que vive la España actual, desangrándose en una lucha intestina que sirve de campo de experimentación a potencias extranjeras. Puede decirse, en concreto, que con 'Refugiados en Madrid' se vive la intensa y dolorosa tragedia española».
Esto nos vuelve a revelar que, si bien el Gobierno y el partido que lo sostenía apoyaron al bando republicano, una importante parte de la sociedad mexicana, católica y conservadora, mantuvo sus simpatías por la otra España. Debe tenerse en cuenta que hacía pocos años que había sucedido la guerra de los Cristeros, una auténtica guerra civil que se extendió desde 1926 hasta 1929.
Para muchos mexicanos, el conflicto español les sonaba muy parecido a lo que habían vivido, sobre todo la persecución religiosa y la imposición por la fuerza de una política que dividía al pueblo en «leales» y «traidores».