Plaza de España en Agaña, Guam

Así pervive en Guam la herencia española más de un siglo después de 1898

Guam no es un resto histórico de España en Oceanía ni una prolongación de la América hispana; es una realidad singular, mestiza, chamorra e hispánica, en la que la memoria española quedó incorporada a una cultura preexistente

La isla de Guam, hoy territorio no incorporado de los Estados Unidos e incluido en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización de las Naciones Unidas, conserva un pasado hispano tan desatendido por nuestras instituciones como singularmente interesante.

Su interés no reside únicamente en la duración de la presencia española ni en la posición estratégica de la isla en la ruta del galeón de Manila, sino en la honda sedimentación de formas sociales, familiares, religiosas y lingüísticas que, aun transformadas por el tiempo, siguen formando parte de la identidad guameña.

Guam no es un resto histórico de España en Oceanía ni una prolongación de la América hispana; es una realidad singular, mestiza, chamorra e hispánica, en la que la memoria española quedó incorporada a una cultura preexistente.

La historia moderna de la isla cambió decisivamente en 1668, cuando el jesuita Diego Luis de San Vitores estableció la misión católica en las islas Marianas, llamadas así en honor de doña Mariana de Austria, esposa de Felipe IV. Desde entonces y hasta 1898, Guam formó parte del mundo hispánico, vinculada administrativamente a Filipinas y culturalmente al circuito transpacífico que unía Manila y Acapulco en el seno de la Monarquía Hispánica.

En ese amplio periodo, la evangelización, la reorganización social, la presencia militar y el contacto con Filipinas, México y España transformaron decisivamente la sociedad chamorra.

Esa transformación no debe entenderse, sin embargo, como una simple sustitución de la cultura chamorra por la hispana. Antes de España existía una sociedad autóctona, austronesia, marinera, familiar, vinculada a la tierra y a la memoria de los linajes.

Isla de Guaján (Guam), Carta Hydrographica y Chorographica de las Islas Filipinas

Los antiguos chamorros se concebían como «taotao tano’», «gente de la tierra», expresión que revela una relación esencial entre territorio, identidad y tradición. La presencia española no borró esa raíz, aunque la alteró en profundidad, y surgió una cultura nueva, marcada por el catolicismo, los apellidos españoles, los elementos lingüísticos hispánicos, prácticas familiares y festivas e incluso el derecho español –en Guam hubo juzgado de primera instancia y registro de la propiedad–, que se fusionaron con la tradición chamorra.

A ello se añadió, desde 1898, bajo dominio norteamericano, una tercera capa cultural cuya influencia es hoy innegable.

Uno de los signos más visibles de esa herencia es la lengua. El chamorro contemporáneo conserva una huella española muy considerable, tanto en el vocabulario familiar y religioso como en expresiones de la vida cotidiana; las investigaciones de Rafael Rodríguez-Ponga sobre el contacto entre español y chamorro han subrayado la magnitud de esa influencia en el léxico y en la evolución histórica del idioma.

Guam no es hoy una isla hispanohablante en sentido estricto, pues el inglés es dominante desde 1899; pero sería erróneo negar que el español forma parte del subsuelo lingüístico y cultural de la isla.

La religión ofrece otro ejemplo decisivo. El catolicismo quedó firmemente arraigado en Guam, no solo como doctrina, sino como forma de vida social. Las fiestas patronales, los padrinos, las devociones, las misas y los vínculos comunitarios dan testimonio de un catolicismo de raíz hispánica que se expresa en el españolísimo nombre de la catedral de Agaña, su capital, Dulce Nombre de María, así como en gestos y tradiciones repetidos durante generaciones.

La transmisión del cristianismo se integró en la cultura chamorra, acompañada de matrimonios con filipinos, españoles y mexicanos y de la adopción de vestidos, alimentos, bailes y vocabulario de origen hispánico. Hoy, el padre San Vítores, elevado a los altares por Juan Pablo II, es venerado con fervor por los fieles de aquella tierra.

Fray Alonso de San Vítores

En ese marco debe situarse la Asociación de Herencia Hispana de Guam (Hispanic Heritage Association of Guam). Fue fundada en 2003 por el sargento mayor Jorge Díaz-Morales y constituida en la Base Aérea de Andersen, la base norteamericana de Guam, donde un grupo de militares y sus familias comenzaron a reunirse para compartir sus tradiciones.

Su origen militar no es un dato menor: Guam es hoy territorio estadounidense y punto estratégico del Pacífico, de modo que la comunidad hispana contemporánea llega a la isla, en la mayoría de los casos, a través de las fuerzas armadas norteamericanas.

Lo significativo es que esa comunidad no se limitó a una convivencia privada, sino que buscó desde el principio promover públicamente la herencia hispana. La Asociación reúne a hispanohablantes procedentes de México, Puerto Rico, Perú, Filipinas, Colombia, Venezuela y otros países de tradición hispánica, o descendientes de ellos. Organiza fiestas, demostraciones culinarias, lecturas de cuentos en español, encuentros mensuales y celebraciones del Mes de la Herencia Hispana.

También ha promovido la celebración de la misa en español, elemento de especial valor simbólico, porque enlaza la vida religiosa actual de los hispanos residentes con la raíz católica de la isla. Constituye así un ejemplo concreto de hispanidad viva: no una nostalgia imperial –el imperio está ausente, no así su herencia–, sino una forma contemporánea de continuidad cultural sostenida por iniciativa privada.

Guam merece un lugar más visible en cualquier reflexión seria sobre la historia hispánica. Su hispanidad es, precisamente, una de las más interesantes: no es impuesta, sino que se manifiesta con naturalidad y espontaneidad como mestizaje; no se reduce al pasado, sino que sigue actuando en el presente; no niega lo chamorro, sino que ayuda a comprender y aceptar una parte esencial de su identidad: su herencia hispana.

  • Tomás Torres Peral es Comandante de Caballería, abogado y economista y miembro de la Academia de las Ciencias y Artes Militares.