Tumba de Juan de Austria en El Escorial

Tumba de Juan de Austria en El EscorialPatrimonio Nacional

Picotazos de historia

El macabro viaje del cadáver de Juan de Austria hasta El Escorial

Cinco meses después de su muerte, el cuerpo de don Juan fue desenterrado en Namur, troceado para facilitar su traslado secreto por Francia y conducido hasta El Escorial, donde Felipe II le concedió ya muerto el tratamiento real que le había negado en vida

En el artículo anterior les di relación de lo sucedido durante la enfermedad y muerte de don Juan de Austria –que en vida jamás recibió tratamiento de Alteza–, gobernador general de los Países Bajos. El féretro, que estaba forrado de raso negro y tachonado con dorados clavos, fue depositado en un enterramiento provisional dentro de la catedral de Saint-Aubain de Namur y allí quedó a la espera de las instrucciones del rey Felipe II con respecto al destino de los restos de su hermano.

Para entonces, el caballerizo mayor y hombre de confianza de don Juan –Gabriel Niño de Zúñiga– se había encargado de recoger e inventariar todas las posesiones y documentos que acompañaban a su señor en el momento de su muerte. Estos últimos fueron guardados bajo sello y enviados a la corte para ser examinados.

En la pesquisa nada encontraron que arrojara sombra sobre la memoria del héroe de Lepanto. Informado el rey, dio orden de que se trasladara el cuerpo para ser enterrado en El Escorial. La orden llegó a Namur a primeros de febrero de 1579, cinco meses después del fallecimiento de don Juan.

Gabriel Niño fue encargado del traslado. Las instrucciones del rey Felipe indicaban que el traslado debía llevarse a cabo con la máxima discreción y sigilo, debido a que la comitiva debía atravesar territorio francés para poder embarcar en el puerto de Nantes. Se solicitó permiso al rey de Francia y este lo concedió, pero ambas naciones no estaban en buenas relaciones y Felipe II no quería que se pudiera cometer ofensa alguna al cadáver de su hermano.

Ya con las reales órdenes de tránsito, se desenterró el cadáver y se procedió a trocearlo para trasladarlo discretamente. Esta decisión la tomó Gabriel Niño. Se cortó «por el cabo de la espina» (por el cuello) y por las corvas y coyunturas de las rodillas. Las tres partes se metieron en sendos sacos de cuero, que fueron rellenados con hierbas aromáticas y mirra.

Estas bolsas fueron, a su vez, introducidas dentro de un cofre de viaje forrado de negro terciopelo. De esta manera viajaría discretamente don Juan: dentro de un baúl de viaje, como si fuera la impedimenta de un viajero, y a lomos de mula.

El 18 de marzo de ese año partió la comitiva de Namur llevando los restos de don Juan. El grupo lo formaban miembros de la casa de don Juan, dirigidos por Gabriel Niño, y un grupo de oficiales y soldados. En total, no más de cien personas.

El séquito viajaría sin banderas ni atambores, por lo que daba la impresión de ser un grupo de veteranos que habían alcanzado la honrosa licencia y estaban de camino a su hogar.

Llegaron a la ciudad y puerto francés donde embarcaron con destino a Santander.

El viaje fue rápido y el día 22 los tenemos en la abadía de Santa María la Real de Párraces, en la provincia de Segovia.

En este lugar hicieron parada para recomponer el cadáver e iniciar desde allí la solemne comitiva que debía llegar a El Escorial, que distaba apenas sesenta kilómetros.

Retrato de don Juan de Austria (1567) de Alonso Sánchez Coello

Retrato de don Juan de Austria (1567) de Alonso Sánchez Coello

Al sacar los trozos de las sacas, se apreció que el roce había desgastado algo la nariz. Se unieron las partes utilizando alambre e hilos de cobre. Se le vistió con ricas ropas y se le puso la armadura y el collar del Toisón, que se había guardado para ponérselo para la gran entrada y, posteriormente, entregárselo a Felipe II, gran maestre de la orden.

Bien aliñado, el cuerpo fue exhibido al público para acallar rumores, pues alguien había hecho correr el rumor malintencionado de que «habían hecho cuartos con el muerto».

Partió de la abadía un florido y nutrido séquito de cuatrocientos caballeros, que daba escolta al cadáver. Este fue trasladado a hombros de voluntarios que se fueron turnando para portar los restos a lo largo del camino. Entre los que acompañaban los restos estaban el secretario de Felipe II, Mateo Vázquez de Leca; don Álvaro de Mendoza, que era obispo de Ávila; un grupo de frailes jerónimos en representación de la comunidad de El Escorial; grandes, títulos y caballeros de las órdenes militares, así como gentilhombres y damas principales.

La comitiva llegó ante la explanada del monasterio de El Escorial a las siete de la tarde del día 24 de marzo.

El féretro fue presentado ante Felipe II, que estaba esperando junto con su casa y corte. Allí, en alta voz y delante de todos, dio orden de que se trataran los restos como los de un miembro difunto de la familia real. De esta manera, ya muerto, dio Felipe II a su hermano el tratamiento real que le negó en vida.

Al contrario de lo que proclaman unas falsas narraciones, no hubo un encuentro privado –cara a cara– entre Felipe II y el cadáver reconstruido de don Juan de Austria. Cierto es que Felipe II se emocionó mucho –sin por ello perder la compostura– al ver el cadáver, y es que era una persona mucho más sensible y humana de lo que la historia nos ha hecho creer. Cuando el féretro fue llevado ante él, portado por gentilhombres, Felipe II le llamó hermano.

Esta es la movida y un poco macabra historia del tránsito del cuerpo de don Juan desde Namur a El Escorial. Si quieren visitar la tumba, la encontrarán en la quinta cámara del panteón de infantes.

Les aviso de que la magnífica sepultura es labor del siglo XIX. La reina Isabel II, en 1863, decidió que había que labrar un más apropiado lugar de reposo y que ella se haría cargo de los costes. Encargaron el diseño al artista Ponciano Ponzano, pero la ejecución la llevó a cabo el escultor italiano José Galeotti. La obra se terminó y fue instalada en 1866.

Un último detalle. Don Ponciano representó en su diseño a un don Juan yaciente vistiendo armadura. Buscando un mayor realismo, representó con detalle y exactitud una armadura que eligió de la Armería Real; en concreto, una armadura que perteneció a Carlos V y que le hizo su armero Kolman Helmschmid en 1525. Esta armadura es conocida como la armadura KD, por tener grabadas –bien visibles– estas iniciales en el hombro izquierdo. KD, Carolus Divus. Carlos Divino. Esa armadura fue hecha el mismo año de la batalla de Pavía.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas