Estatua de Pedro de Estopiñán el Conquistador de Melilla

Estatua de Pedro de Estopiñán el Conquistador de MelillaWikimedia Commons

Melilla es española desde 1497: la historia que desmonta la reivindicación de Marruecos

Una ciudad cuya historia comenzó mucho antes de 1497, pero cuya vinculación con Castilla se remonta a aquel 17 de septiembre en el que Pedro de Estopiñán desembarcó en sus costas

Tras la visita ayer de los Reyes a la ciudad autónoma de Ceuta, hoy les toca Melilla. Dos visitas que molestan profundamente al Rey de Marruecos, que sigue empeñado en reclamar ambas ciudades como si en su día hubieran sido marroquíes y la pérfida España se las hubiera conquistado. Jamás pertenecieron al Estado marroquí contemporáneo, aunque sus historias fueron diferentes y Melilla estuvo vinculada a poderes del Magreb.

Lo mejor para parar ideologías o relatos es recurrir a los datos; en historia, a las fuentes. No siempre tenemos las suficientes, pero en esta ocasión sí, ya que la historia de Melilla castellana se remonta a finales del siglo XV y disponemos de abundante documentación al respecto.

El 17 de septiembre de 1497, durante el reinado de los Reyes Católicos y apenas cinco años después de la conquista de Granada, una expedición castellana desembarcó en Melilla con un objetivo: ocupar una posición estratégica en el Mediterráneo. Al frente se encontraba Pedro de Estopiñán, un militar jerezano al servicio del duque de Medina Sidonia.

La ciudad estaba prácticamente despoblada y sus murallas, muy deterioradas. La ocupación se produjo sin una batalla importante, pero los castellanos se encontraban lejos de sus bases de abastecimiento y rodeados de poderes que podían intentar recuperar la plaza. Había que actuar deprisa porque de poco servía desembarcar si después no eran capaces de mantenerse allí.

Una ciudad mucho más antigua que 1497

La historia de Melilla no comienza con la llegada de los españoles. En la Antigüedad fue conocida como Rusadir, un enclave de origen fenicio-púnico posteriormente integrado en el mundo romano. Su posición, próxima al cabo de Tres Forcas, la convirtió en un lugar de interés comercial y estratégico. Tras la expansión islámica, estuvo vinculada a distintas dinastías y autoridades del Magreb. Durante la Baja Edad Media, la región se encontraba dividida entre diferentes poderes, entre ellos los reinos de Fez y Tremecén.

Mientras tanto, los Reyes Católicos habían culminado la conquista de Granada en 1492, pero la desaparición del último reino musulmán peninsular no acabó con los problemas de seguridad. Las costas andaluzas seguían expuestas a incursiones marítimas y controlar determinadas plazas norteafricanas ofrecía ventajas militares y comerciales.

Plano de Melilla. 1699

Plano de Melilla. 1699

La política africana de Isabel y Fernando respondía a intereses estratégicos, religiosos y económicos, a los que se añadía la competencia con Portugal. Sin embargo, los monarcas también estaban ocupados en Italia y en la expansión atlántica iniciada con los viajes colombinos, por lo que la colaboración de las grandes casas nobiliarias resultaba especialmente útil, y ahí apareció el duque de Medina Sidonia.

El duque de Medina Sidonia y Pedro de Estopiñán

La Casa de Medina Sidonia era una de las más poderosas de Castilla y disponía de barcos, hombres y recursos económicos para organizar una expedición. Pero la ocupación de Melilla no surgió de la nada. Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, había intervenido en las gestiones destinadas a conocer las defensas de las plazas norteafricanas.

En 1493 se enviaron emisarios para reconocer aquellas poblaciones. Las noticias describían una Melilla debilitada, con sus fortificaciones en mal estado y una situación política que podía facilitar su ocupación. El encargado de dirigir la empresa fue Pedro de Estopiñán y Virués, vinculado a la administración de la casa ducal.

La expedición partió de Sanlúcar de Barrameda en septiembre de 1497. Según el relato tradicional, los castellanos llevaban armas, provisiones, carpinteros, albañiles y materiales de construcción. Algunas crónicas hablan incluso de estructuras de madera preparadas de antemano que permitieron levantar rápidamente defensas provisionales.

Sin embargo, como señala el historiador Miguel Villalba González en su estudio Los inicios de la presencia española en Melilla, publicado en Akros en 2013, debemos distinguir entre los relatos tradicionales y la documentación conservada.

Desconocemos el número exacto de expedicionarios, aunque algunas versiones hablan de hasta 5.000 hombres, una cifra que no puede darse por demostrada. Lo que sí está documentado son las obras de fortificación posteriores y las dificultades económicas que planteó mantener la plaza. La toma se produjo el 17 de septiembre de 1497, prácticamente sin resistencia militar. Pero ocupar Melilla no significaba haber asegurado su permanencia. Era imprescindible reconstruir las defensas y organizar una guarnición estable.

El precio de mantener Melilla

El 14 de abril de 1498, los Reyes Católicos formalizaron en Alcalá de Henares un acuerdo con el duque de Medina Sidonia para organizar la defensa de Melilla. El documento establecía una guarnición de 700 hombres, entre soldados, ballesteros, espingarderos y artilleros, pero también carpinteros, albañiles, herreros, clérigos, un médico, un cirujano y un boticario.

No se trataba únicamente de defender una posición militar, sino de organizar una pequeña comunidad capaz de sobrevivir. La Corona asumía parte de los gastos y el duque se comprometía a sostener la plaza. Los Reyes nombraron, además, un veedor, una especie de inspector encargado de supervisar el cumplimiento de las obligaciones.

Conquista de Melilla

Conquista de Melilla

Pero las previsiones pronto quedaron desbordadas. Según recoge Villalba González, en 1498 había en Melilla 1.357 hombres, casi el doble de los previstos. Todos necesitaban alimentarse y la ciudad dependía de los suministros marítimos. La situación fue tan complicada que Fernando el Católico ordenó, en septiembre de aquel año, reducir la guarnición. A ello se añadieron las reclamaciones de soldados que seguían exigiendo sus salarios años después, como demuestra la documentación conservada en el Archivo General de Simancas. La conquista había sido rápida, pero mantener Melilla resultaba caro.

Una ciudad que resistió durante siglos

Melilla permaneció bajo la administración de la Casa de Medina Sidonia hasta 1556, cuando, durante el reinado de Felipe II, su tenencia pasó directamente a la Corona. Para entonces, la Monarquía Hispánica había extendido su presencia a otras plazas norteafricanas. En 1509, Pedro Navarro había conquistado Orán en una expedición impulsada por el cardenal Cisneros. Algunas posiciones españolas terminarían perdiéndose, pero Melilla permaneció.

Recintos fortificados de Melilla en 1849

Recintos fortificados de Melilla en 1849

Durante siglos, sus fortificaciones fueron ampliándose y adaptándose a los avances de la artillería, dando lugar al conjunto que hoy conocemos como Melilla la Vieja. Uno de los episodios más importantes tuvo lugar entre diciembre de 1774 y marzo de 1775, cuando el sultán marroquí Mohammed ben Abdallah intentó conquistar la ciudad. Las fuerzas españolas, dirigidas por Juan Sherlock, resistieron durante varios meses hasta conseguir la retirada de los sitiadores.

Del Tratado de Wad-Ras al protectorado

La guerra de África de 1859-1860 concluyó con el Tratado de Wad-Ras, firmado el 26 de abril de 1860, que ratificó acuerdos anteriores relativos a la ampliación de los límites de Melilla. Una de las particularidades de aquella delimitación fue la utilización del alcance de un disparo de cañón como referencia territorial, procedimiento previsto en el convenio de 1859 y desarrollado posteriormente.

A partir de entonces, Melilla comenzó a transformarse. Crecieron su población, sus actividades comerciales y su espacio urbano, especialmente a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

En 1912, España y Francia establecieron sus respectivos protectorados sobre Marruecos. Melilla desempeñó un papel fundamental como base militar durante las campañas del Rif, especialmente en los acontecimientos que desembocaron en el desastre de Annual de 1921. Sin embargo, hay una diferencia histórica y jurídica fundamental: Melilla nunca formó parte del protectorado español en Marruecos. Era una plaza bajo soberanía española desde 1497, mientras que el protectorado constituía un régimen de administración sobre territorios marroquíes.

Por eso, cuando Marruecos alcanzó su independencia de Francia y España en 1956, desaparecieron los respectivos protectorados, pero Melilla permaneció bajo soberanía española, puesto que nunca había formado parte de aquel régimen de administración colonial, al igual que Ceuta, cuya incorporación a la Monarquía Hispánica había seguido una trayectoria diferente.

De los Reyes Católicos a Felipe VI

La Constitución de 1978 reconoció la singularidad de Ceuta y Melilla y, en 1995, ambas obtuvieron sus estatutos de autonomía. Marruecos ha mantenido reivindicaciones territoriales sobre las dos ciudades, rechazadas por España. Esta cuestión adquirió especial relevancia diplomática en noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y la Reina Sofía las visitaron, provocando una protesta oficial del Gobierno marroquí.

Una ciudad cuya historia comenzó mucho antes de 1497, pero cuya vinculación con Castilla se remonta a aquel 17 de septiembre en el que Pedro de Estopiñán desembarcó en sus costas. Desde entonces han transcurrido 529 años, durante los cuales Melilla ha atravesado reinados, cambios de dinastía, asedios, guerras y transformaciones políticas sin dejar de formar parte de España.

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