El general Prim en la Guerra de África (1865), óleo sobre lienzo de Francesc Sans i Cabot (1834-1881)

El general Prim en la Guerra de África (1865), óleo sobre lienzo de Francesc Sans i Cabot (1834-1881)

La batalla de Wad-Ras: cuando España derrotó a Marruecos en 1860

Un ejército español de más de 36.000 hombres cruzó el Estrecho, venció en los Castillejos, conquistó Tetuán y emprendió el camino hacia Tánger. Aquella batalla terminó con Marruecos pidiendo la paz

Desgraciadamente, la crisis que estamos viviendo con Marruecos tras la entrada en Ceuta de más de 72.000 personas los pasados días 30 y 31 de julio no es un episodio aislado. El país vecino ha sido durante siglos una de las cuestiones más complejas de la política exterior española y, sin embargo, la historia de las relaciones entre ambas naciones apenas ocupa espacio en los actuales planes de estudio.

Quizá por eso mucha gente no entiende del todo qué está pasando, de dónde vienen algunas de las disputas que todavía hoy siguen abiertas o por qué Ceuta, Melilla, el Sáhara, el Estrecho y Marruecos aparecen una y otra vez en nuestra historia. Y es que para comprender el presente hay ocasiones en las que no basta con retroceder unos años; hay que hacerlo más de siglo y medio.

En 1859 España y Marruecos estaban a punto de entrar en guerra. Isabel II ocupaba el trono, Leopoldo O'Donnell presidía el Gobierno y Ceuta volvía a estar en el centro del conflicto. Una serie de incidentes en los límites de la plaza española, ataques contra las fortificaciones y la falta de una respuesta marroquí que Madrid considerase suficiente fueron elevando la tensión hasta hacer fracasar la vía diplomática.

El 22 de octubre de 1859 España declaró la guerra a Marruecos. Lo que ocurrió durante los meses siguientes constituye uno de los episodios militares más sorprendentes –y hoy menos recordados– de nuestro siglo XIX: un ejército español de más de 36.000 hombres cruzó el Estrecho, venció en los Castillejos, conquistó Tetuán y emprendió el camino hacia Tánger hasta que, el 23 de marzo de 1860, las fuerzas marroquíes intentaron detenerlo definitivamente en un lugar llamado Wad-Ras.

Aquella batalla terminó con Marruecos pidiendo la paz. Pero vayamos por partes.

Una guerra que empezó junto a Ceuta

Durante el verano de 1859 la tensión había ido creciendo alrededor de los límites de Ceuta. En agosto se produjo un ataque contra el destacamento que protegía las obras de reparación de varios fortines. El Gobierno de O'Donnell exigió al sultán de Marruecos que castigara a los responsables y ofreciera garantías de que aquellos incidentes no volverían a repetirse. Viendo que las negociaciones no conseguían resolver el conflicto, España decidió ir a la guerra.

La reacción dentro del país fue extraordinaria. España llevaba décadas de guerras civiles, pronunciamientos y enfrentamientos políticos, pero de repente la campaña africana consiguió concitar un apoyo muy amplio. En Cataluña y el País Vasco se organizaron unidades de voluntarios y el Ejército comenzó a preparar una fuerza expedicionaria de decenas de miles de hombres.

O'Donnell no pensaba dirigir aquella guerra desde un despacho de Madrid, así que el presidente del Gobierno cruzó personalmente el Estrecho para ponerse al frente del ejército. Entre los generales que viajaban con él había uno cuyo nombre acabaría inseparablemente unido a aquella campaña. Se llamaba Juan Prim.

El general Prim, a caballo, en la batalla de los Castillejos. Obra atribuida a Henri Alexandre George Regnault

El general Prim, a caballo, en la batalla de los Castillejos. Obra atribuida a Henri Alexandre George Regnault

Tenía 45 años, una larga carrera militar a sus espaldas y una biografía bastante más agitada de lo que cabría esperar de alguien que todavía no había alcanzado la cima de su trayectoria política. En África encontraría el escenario perfecto para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la campaña.

El ejército español tenía un primer objetivo: Tetuán. Había que avanzar desde Ceuta por una estrecha franja entre el mar y las montañas, trasladar artillería, alimentar a decenas de miles de hombres y mantener abiertas las comunicaciones mientras las fuerzas marroquíes hostigaban continuamente la marcha.

Pero antes de llegar a Tetuán hubo que pasar por los Castillejos.

Prim entra en la historia

Era el 1 de enero de 1860 y, mientras en España comenzaba el nuevo año, al otro lado del Estrecho las tropas se preparaban para librar la primera gran batalla de la guerra. Prim marchaba en vanguardia y su misión era avanzar y asegurar el terreno para permitir que continuara el resto del ejército. Pero fue demasiado lejos y sus hombres acabaron comprometidos frente a las fuerzas marroquíes. Lo que ocurrió después terminaría convertido en una de las grandes estampas militares del siglo XIX español.

Prim tomó la bandera del Regimiento de Córdoba y avanzó con ella para arrastrar a sus hombres. La imagen del general con la enseña en la mano, lanzándose contra las posiciones marroquíes, recorrió España y acabaría inmortalizada por pintores y cronistas.

Los marroquíes atacaron repetidamente. Los españoles resistieron, contraatacaron y terminaron obligándolos a retirarse. Una situación que había llegado a ser peligrosa terminó convertida en victoria y España tenía ya su primer héroe de la Guerra de África. Prim acabaría recibiendo por aquella acción el título de marqués de los Castillejos.

El enemigo que no llevaba fusil

El ejército continuó avanzando y entonces la guerra mostró una cara bastante menos épica que la que llegaba a los periódicos españoles. Llovía, había barro, los caminos eran malos, los suministros llegaban con dificultad y apareció el cólera. La enfermedad se extendió entre las tropas. Los hospitales se llenaron y hombres que habían sobrevivido a los combates morían días después sin haber recibido una herida. El propio Prim enfermó.

Las enfermedades terminarían provocando una parte importantísima de las bajas españolas de aquella campaña. La guerra se ganaba en el campo de batalla, pero se pagaba también en hospitales y campamentos.

Aun así, O'Donnell siguió adelante y el 4 de febrero de 1860 el ejército llegó ante Tetuán, donde esperaba otro gran contingente marroquí. La ciudad estaba protegida por un extenso campamento atrincherado y las fuerzas españolas tuvieron que atacarlo. Después de varias horas de combate consiguieron romper las defensas.

Los marroquíes abandonaron sus posiciones y se retiraron, y dos días después los españoles entraban en Tetuán. Muley Abbas, hermano del sultán Mohamed IV y jefe de las fuerzas marroquíes, inició conversaciones con O'Donnell. España había ganado en los Castillejos y acababa de tomar Tetuán. Era el momento de negociar desde una posición de fuerza, pero las conversaciones fracasaron.

La batalla de Wad-Ras. (Episodio de la guerra de África). 1860 - 1861

La batalla de Wad-Ras. (Episodio de la guerra de África). 1860 - 1861Museo del Prado

Las condiciones españolas no fueron aceptadas por Marruecos y ninguno de los dos contendientes cedió lo suficiente para alcanzar un acuerdo. O'Donnell tomó entonces una decisión que cambió por completo la dimensión de la campaña. Si Marruecos no aceptaba la paz, España seguiría avanzando y delante estaba Tánger, que no era una ciudad cualquiera.

Su posición a la entrada del Estrecho confería a Tánger una enorme importancia estratégica. Una eventual ocupación española preocupaba especialmente a Gran Bretaña, siempre pendiente de cualquier movimiento que pudiera afectar a Gibraltar.

O'Donnell, sin embargo, ordenó continuar. El ejército abandonó Tetuán y avanzó hacia Tánger. El 11 de marzo volvió a derrotar a las fuerzas marroquíes en Samsa. Cada kilómetro aumentaba la presión sobre el sultán: España ya había conquistado Tetuán y ahora amenazaba una ciudad clave del Estrecho, y Muley Abbas decidió detenerla en Wad-Ras.

Era el 23 de marzo de 1860. Las columnas españolas remontaban el valle del Guad-el-Jelú hacia el desfiladero del Fondak cuando encontraron al ejército marroquí preparado para cerrarles el paso. O'Donnell desplegó sus fuerzas, entre cuyos mandos estaban Prim, Rafael Echagüe y Ros de Olano, junto a voluntarios catalanes y tercios vascongados.

El combate fue duro. Había que vadear cursos de agua y conquistar las alturas desde las que disparaban las tropas marroquíes. La artillería abrió camino y la infantería fue ganando posiciones hasta que la resistencia comenzó a ceder. Al terminar la jornada, España dominaba el campo de batalla y el camino hacia Tánger estaba abierto.

Pero el ejército español nunca llegó hasta allí porque no hizo falta. Después de Wad-Ras, Muley Abbas pidió negociar y dos días más tarde comenzaron las conversaciones. El Tratado de Wad-Ras, firmado el 26 de abril, impuso a Marruecos una indemnización de 400 millones de reales; Tetuán permanecería ocupada hasta completar el pago, se ampliaban los límites de Ceuta y se reconocían otros derechos españoles.

La obra representa la firma del Tratado de Wad-Ras, que fue suscrito por España y Marruecos el día 23 de marzo de 1860

La obra representa la firma del Tratado de Wad-Ras, que fue suscrito por España y Marruecos el día 23 de marzo de 1860

España había ganado la guerra, pero no ocupó Tánger. Gran Bretaña no quería una alteración del equilibrio estratégico del Estrecho que pudiera amenazar Gibraltar y presionó para limitar las ganancias territoriales españolas. De aquella diferencia entre el éxito militar y sus resultados diplomáticos quedó una frase: «guerra grande y paz chica».

La campaña dejó también una huella que todavía permanece en Madrid. Con bronce procedente de cañones capturados en la Guerra de África se fundieron los dos leones que custodian el Congreso de los Diputados. Prim regresó convertido en marqués de los Castillejos; O'Donnell, en duque de Tetuán; y Mariano Fortuny llevó aquella guerra a algunos de los grandes lienzos del siglo XIX. Y después llegó el olvido.

Vendrían el Barranco del Lobo, Annual, Abd el-Krim, el Protectorado, Alhucemas, la Marcha Verde y el Sáhara. Pero para comprender la larga y difícil relación entre España y Marruecos merece la pena regresar a 1860.

Aquel año el escenario volvió a ser Ceuta. España conquistó Tetuán y avanzó hacia Tánger. Marruecos intentó detenerla en Wad-Ras. Perdió y dos días después comenzaron las negociaciones de paz.

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