Hallan en el Mediterráneo un naufragio de hace 4.700 años que podría ser el más antiguo jamás descubierto

Hallan en el Mediterráneo un naufragio de hace 4.700 años que podría ser el más antiguo jamás descubiertoHakan Öniz

Hallan en el Mediterráneo un naufragio de hace 4.700 años que podría ser el más antiguo jamás descubierto

Un extraordinario hallazgo arqueológico frente a las costas de Turquía ha permitido identificar un naufragio de casi cinco mil años de antigüedad que podría cambiar lo que sabemos sobre el comercio marítimo durante la Edad del Bronce

Hace unos 4.500 años, una pequeña embarcación mercante recorría las aguas del Mediterráneo oriental cargada con grandes recipientes de cerámica. Aquella nave nunca llegó a su destino: se hundió frente a las costas de la isla de Kekova, al sur de la actual Turquía, y sus restos quedaron sumergidos a unos 30 metros de profundidad. Miles de años después, aquel naufragio se ha convertido en uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios de los últimos tiempos.

Hace apenas unos días, el Gobierno turco anunció oficialmente el hallazgo del que podría ser el naufragio más antiguo conocido hasta la fecha. Sin embargo, las investigaciones comenzaron en 2024, cuando un equipo de arqueólogos de la Universidad de Akdeniz, dirigido por Hakan Öniz, documentó los primeros vestigios del pecio. Aquellos trabajos permitieron recuperar varias piezas y publicar, en julio de 2026, un estudio preliminar en la revista Journal of Maritime Archaeology, que ya apuntaba a la extraordinaria antigüedad del descubrimiento.

Las excavaciones han sacado a la luz más de treinta grandes recipientes cerámicos y tres anclas de piedra, pertenecientes a una embarcación cuya estructura de madera no se ha conservado. La ausencia del casco ha impedido datarlo mediante carbono 14; no obstante, los investigadores han podido establecer una cronología aproximada gracias al estudio de la forma y la decoración de las ánforas, que presentan importantes semejanzas con ejemplares encontrados en Egipto y Oriente Próximo, fechados entre el 2700 y el 2400 a. C. Estaríamos, por tanto, ante uno de los testimonios más antiguos conocidos del comercio marítimo mediterráneo.

Las ánforas fueron recuperadas y llevadas a bordo del buque de investigación

Las ánforas fueron recuperadas y llevadas a bordo del buque de investigaciónHakan Öniz

El descubrimiento resulta todavía más sorprendente al comprobar que algunas de estas piezas conservan residuos en su interior, cuyo análisis podría permitir identificar las mercancías transportadas, posiblemente aceite, vino o resinas. Estos estudios podrían aportar información sobre la alimentación y los intercambios comerciales de aquellas sociedades.

Los investigadores consideran que el cargamento pertenecía a una embarcación mercante de unos diez metros de eslora, que habría partido de algún punto del Levante mediterráneo, en las costas de las actuales Siria, Líbano o Israel, posiblemente con destino a Creta o Troya.

Hasta ahora, el pecio de Dokos, descubierto en aguas griegas y datado hace aproximadamente 4.200 años, era considerado uno de los testimonios más antiguos de un naufragio. Sin embargo, el descubrimiento de Kekova podría adelantar este registro varios siglos y convertirse en un hito para la arqueología submarina y para el conocimiento de las primeras rutas comerciales del Mediterráneo.

Pero su importancia va mucho más allá de la antigüedad del hallazgo, pues nos invita a descubrir cómo era realmente el mundo por el que navegaba aquella embarcación hace 4.700 años.

Los buzos trabajaron bajo el agua para excavar cuidadosamente los artefactos

Los buzos trabajaron bajo el agua para excavar cuidadosamente los artefactosHakan Öniz

Nos encontramos en pleno tercer milenio antes de Cristo, durante lo que los arqueólogos denominan la Edad del Bronce Antiguo, una época en la que importantes civilizaciones ya ocupaban distintas regiones del Mediterráneo oriental.

Lejos de tratarse de comunidades aisladas, muchas mantenían contactos e intercambios comerciales a través de rutas terrestres y marítimas. Estamos, por tanto, ante algunas de las primeras grandes civilizaciones de la Antigüedad.

En Egipto florecía el Reino Antiguo, uno de los períodos de mayor esplendor de la civilización faraónica. El naufragio de Kekova podría ser aproximadamente contemporáneo de la IV dinastía, cuando faraones como Keops, Kefrén y Micerinos levantaron las grandes pirámides de Guiza. Por entonces, los egipcios ya mantenían relaciones comerciales con el Levante, especialmente con la ciudad de Biblos, en la costa del actual Líbano, de donde obtenían madera de cedro y otros productos.

Precisamente, en las costas levantinas se habían desarrollado importantes centros urbanos que participaban en estas redes de intercambio. Ciudades como Biblos conectaban el Mediterráneo con las regiones interiores de Oriente Próximo, donde, más al este, en Mesopotamia, se desarrollaba el período dinástico arcaico de la civilización sumeria. Era la época de las grandes ciudades-estado independientes, como Ur, Uruk y Lagash, que se convirtieron en importantes centros políticos, religiosos y económicos del mundo antiguo.

Pero las rutas marítimas de aquel período también alcanzaban el Egeo. Creta, uno de los posibles destinos de la embarcación, vivía las primeras etapas de la civilización minoica, aunque todavía faltaban varios siglos para la construcción del gran palacio de Cnosos. Sus comunidades ya participaban en intercambios marítimos con otras regiones del Egeo, sentando las bases del posterior esplendor de la isla.

La otra posible dirección conduce hasta Troya, en el noroeste de Anatolia. Pero no se trataría de la célebre ciudad de la guerra narrada por Homero, situada tradicionalmente en torno al siglo XIII a. C., sino de una Troya mucho más antigua. Los arqueólogos la denominan Troya II, una de sus primeras grandes fases de ocupación, caracterizada por sus edificios monumentales y evidencias de contactos comerciales con otras regiones.

Por tanto, el hallazgo de Kekova no constituye únicamente un descubrimiento extraordinario por su antigüedad. Sus restos permiten acercarnos a un Mediterráneo oriental en el que, mucho antes del auge de fenicios, griegos y romanos, ya existían importantes rutas marítimas que conectaban diferentes sociedades. Casi cinco milenios después, las ánforas de aquella pequeña embarcación ofrecen una nueva oportunidad para comprender cómo se relacionaban algunas de las civilizaciones más antiguas de la historia.

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