Grabado de George Cruikshank (1792-1878), del año 1835. En el pie se puede leer: “Tiempo muy desagradable, o lo que certifica el viejo refrán: 'llueven gatos, perros y horcas'National Gallery of Victoria

Picotazos de historia

El día que llovieron langostas en Cádiz y codornices en Valencia: las lluvias más extrañas de la historia

Los fenómenos consistentes en la caída de objetos o animales desde el cielo, sin explicación aparente, se los denomina lluvias forteanas

Existe un curioso fenómeno meteorológico, inusual y altamente espectacular, consistente en que caen del cielo animales (peces, moluscos, anfibios, etc.) u objetos extraños, con acompañamiento o no de agua.

Como se pueden imaginar, semejantes fenómenos, cuando son presenciados por un solo testigo, inmediatamente este es tachado de orate o alucinado; si son dos o más, son mirados con escepticismo, pero cuando una comunidad entera testifica la veracidad del hecho, entonces este no puede ser ignorado.

En el año 1919, el investigador norteamericano Charles Fort (1874-1932) publicó su obra más conocida: El libro de los condenados. En esta obra de investigación recogía más de veinticinco mil datos que, según el autor, habían sido condenados, excluidos o apartados, al no encajar en el sistema de lógica existente.

Portada de 'El libro de los condenados' de Charles Fort

A partir de entonces, a los fenómenos consistentes en la caída de objetos o animales desde el cielo, sin explicación aparente, se los denomina lluvias forteanas.

La primera lluvia de este tipo de la que tenemos noticia debe de tratarse de la famosa lluvia de ranas y sapos que nos menciona el Éxodo como una de las diez plagas de Egipto. El erudito y escritor retórico Ateneo de Náucratis (siglos II y III d. C.), autor de su Deipnosofistas (El banquete de los eruditos), nos narra que en la Queronea beocia se produjo una lluvia de peces que duró tres días.

Plinio el Viejo, en el libro II de su Historia natural, nos relata varios sucesos de este tipo acontecidos en las proximidades de Roma o en territorio romano. Un inciso, y es que los romanos eran gente muy supersticiosa, apasionada de los augurios, por lo que cualquier suceso terrible o noticia desastrosa la encontraban antecedida de señales enviadas por los dioses –como cometas, lluvias extrañas, rayos que caen en lugares concretos, etc.–.

Este espíritu supersticioso ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia; por ello, es a partir del siglo XVIII cuando la relación de testigos y descripción de los hechos empiezan a adquirir un carácter más científico.

«Lluvia de ratas», grabado de Erasmus Francisci de 1680

El 5 de mayo de 1786, en la ciudad de Puerto Príncipe, capital de la actual Haití, se registró un caso extraño de lluvia forteana. Ese día, según documentó el historiador francés Médéric Louis Élie Moreau de Saint-Méry, mientras soplaba un fuerte viento del este, cayeron en varios puntos de la ciudad unos extraños huevos negros. Al día siguiente, estos huevos eclosionaron y de su interior surgieron unas criaturas parecidas a los renacuajos.

Continúa la relación de fenómenos extraños. En 1804 llovieron sapos en la ciudad de Toulouse. El día 13 de marzo de 1813, en un extenso territorio entre Nápoles y Calabria, tuvo lugar una espectacular lluvia de sangre que produjo una histeria colectiva. Muestras de esta «sangre» se recogieron y fueron analizadas por el químico Serafino Simenti. El resultado mostró que el agua de lluvia contenía una alta concentración de hierro y cromo, además de otros elementos como el silicio y la alúmina.

El 30 de junio de 1838 le tocó el turno a los londinenses. Los habitantes de la ciudad inglesa estaban más que acostumbrados a la lluvia, pero no a la que se hacía acompañar por una de ranas. Más original fue la que se registró en la ciudad canadiense de Montreal –el 28 de diciembre de 1857–, ya que cayeron del cielo mejillones.

Ese mismo año, en la ciudad de Kentucky, llovió carne. No se pudo identificar a qué animal, o animales, pertenecía, pero que era carne era un hecho indudable. A este fenómeno se le llamó el Kentucky Meat Shower del 3 de mayo.

En el departamento hondureño de Yoro, en la ciudad que da nombre al departamento, se produce anualmente una lluvia de peces. Entre los meses de mayo y junio, cada año desde hace más de dos siglos, se producen fuertes tormentas con lluvia que dejan en el suelo multitud de pequeños peces de agua dulce vivos. Este fenómeno ha sido investigado por numerosos científicos; existen distintas teorías, pero todavía no se ha dado con la explicación.

Continúo con el listado. En 1859 llovieron gobios –un tipo de pez– en la localidad de Mountain Ash, en el condado galés de Glamorganshire. Esta lluvia generó un duro debate científico en el seno de una institución tan respetable como el Museo Británico.

En 1870 llovieron caracoles sobre la población de Chester, en el estado norteamericano de Pensilvania. El 24 de agosto de 1884 llovieron hormigas sobre la ciudad de Nancy, antigua capital del ducado de Lorena. El 19 de marzo de 1910 llovió sangre en Palermo, para gran espanto de la población. Un examen un poco minucioso de la «sangre» mostraba que contenía gran cantidad de polvo, posiblemente de origen sahariano.

En cuanto a este tipo de fenómenos en nuestra querida España, he de asegurarles que tenemos nuestra propia cuota de fenómenos de lluvias extrañas documentadas. Empezamos con la ciudad de Cádiz, donde el 12 de noviembre de 1876 llovieron langostas.

Plaga de langostas

En junio de 1880 llovieron codornices sobre la ciudad de Valencia. Estas aves también se precipitarían sobre la ciudad de Bilbao durante la noche del 23 al 24 de septiembre de 1906. El fenómeno se repitió en la madrileña plaza de Oriente y proximidades el 7 de septiembre de 1907.

El fenómeno de las llamadas «lluvias de sangre» no ha generado mucha sensación en un país donde estamos más que acostumbrados a que la lluvia esté cargada con polvo del desierto, por lo que este fenómeno no asusta a nadie. En Fuente Encalada, en el año 2014, se produjo una extraña lluvia que tiñó de rojo intenso los abrevaderos y fuentes del lugar. Un vecino recogió muestras y el análisis demostró que el agua de la lluvia contenía una alta proporción de esporas de un tipo concreto de alga que teñía de un intenso color rojo al agua.

Como pueden ver, estos fenómenos se han producido a lo largo del tiempo y, por lo general, tienen una explicación científica, aunque todavía no sepamos exactamente cuál es. Ahora, por lo insólito y extraño de los mismos, despiertan curiosidad e interés y cada vez menos pánico apocalíptico. Al menos en Europa. Aunque después de leer ciertas cosas en las redes sociales ya no estoy tan seguro de esa afirmación.

En fin, espero que les haya entretenido.