Escena del Diluvio Universal en la bóveda de la Capilla Sixtina
El Arca de Noé y la Epopeya de Gilgamesh: los dos relatos que hablan de un diluvio universal
Varios científicos sostienen que se produjo una enorme inundación en lo que es hoy el Mar Negro hace más de 7.000 años
La Sábana Santa, el cáliz y el arca de la alianza o el Arca de Noé son objetos relacionados con el cristianismo que aparecen en la Biblia y que desde hace décadas los historiadores y científicos especializados en arqueología bíblica se han encargado de investigar estos relatos para encontrar, más allá de la fe de cada uno, una respuesta histórica. Uno de los sucesos más famosos es el Diluvio Universal que envió Dios para acabar con la maldad y la corrupción en la Tierra. ¿Qué podemos decir a nivel histórico sobre el diluvio?
La historia sobre un gran torrente de agua que inundó la Tierra aparece tanto en el Génesis como en los textos mesopotámicos de la Epopeya de Gilgamesh y la Epopeya de Atrahasis. En el relato cristiano Dios elige a Noé para que construya un arca y salve a las especies animales de la Creación; por su parte los dioses sumerios, en concreto Enki advierte a Ziusudra, un hombre justo al igual que Noé, para que construya un barco y salve a su familia y animales.
La semejanza entre ambos relatos son más que evidentes, y el origen del diluvio es el mismo en ambos casos. «Viendo Yavé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la Tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día…», se cuenta en el Génesis 6,5. Similar al relato sumerio: «los instigadores fueron Anu, su padre; Enlil el valiente, su soberano, su encargado, Ninurta, y Ennugi, su capataz…», que emprendieron el diluvio debido al agotamiento de los dioses por la actitud malvada del hombre, según recogen Kramer y Bottéro en su libro Cuando los dioses hacían hombres.
Sumerios y cristianos, ¿un mismo diluvio?
En esta comparativa está el punto de partida: la idea de terminar un periodo para dar origen a un nuevo comienzo. Los dos son elegidos, Ziusudra deberá construir un barco y Noé un arca, una construcción mucho mayor. En la Biblia, Yavé le entrega a Noé las medidas y las instrucciones de construcción además de los materiales que debe emplear. Debemos aclarar una obviedad; las unidades de medida y el propio tamaño son diferentes a las del relato sumerio.
En concreto «trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto». En el relato sumerio no dicen las medidas que debe tener el barco, pero en los dos se comentan los pisos: el Arca tres, el barco de Ziusudra siete. Además, la duración del diluvio sumerio es muy diferente al bíblico, en el relato de Gilgamesh la Tierra se «llenó» en un día, frente a los 40 que duró la tormenta en el relato bíblico.
Dos diluvios, un final similar
Pasados los ciento cincuenta días «el día veintisiete del séptimo mes se asentó el arca sobre los montes de Ararat». Si lo comparamos con el relato mesopotámico, a pesar de sus diversas traducciones encontraremos que «era el monte Nisir donde el barco encalló». Es una semejanza de vital importancia. El barco de Ziusudra y el arca de Noé encallan en una montaña y los dos sueltan distintos tipos de aves para buscar tierra firme. Noé soltó un cuervo, que regresó al arca, siete días después una paloma, que regresó con una rama de olivo, que indicaba la aparición de tierra firme (Gén. 7-11). Por otro lado, Ziusudra suelta una paloma que regresa, lo intenta con una golondrina, que tampoco encontró tierra y al final lanza un cuervo que no vuelve al barco porque ha encontrado tierra.
Este análisis comparado de estos textos sumerios y la Biblia no es nuevo, y aunque no demuestra la existencia histórica de un diluvio –mucho menos universal–, está claro que son dos relatos atemporales muy similares, que parecen hablar del mismo diluvio; aunque fuese local. La ciencia no se ha quedado fuera de este debate. Existe una teoría formulada en el libro El diluvio de Noé, de los geólogos William Ryan y Walter Pitman, en la que sostienen que hace unos 7.500 años se produjo en la zona del Mar Negro una especie de lluvia torrencial imponente similar a la que se describe en los textos mesopotámicos y en la Biblia.