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25 de julio de 2024

La policía antidisturbios de Kosovo junto con la policía militar de la KFOR

La Policía antidisturbios de Kosovo junto con los efectivos de la KFORAFP

Tensión en los Balcanes

Las claves para entender el nuevo estallido de violencia en Kosovo

Los enfrentamientos entre la minoría serbia del norte y los efectivos de la OTAN han dejado al menos 30 militares heridos

La tensión en Kosovo ha acabado por explotar en forma de fuertes disturbios y enfrentamientos entre los soldados de la OTAN y los manifestantes de minoría serbia. Un conflicto no resuelto y que de tanto en tanto salta por los aires. En esta ocasión, la violencia se ha desatado después del boicot a las elecciones municipales por parte de la población serbia.

La participación en el norte de Kosovo fue ínfima –donde los serbios son mayoría– y por ello se han negado a reconocer la legitimidad de los nuevos alcaldes, de etnia albanesa. Los recién elegidos ediles se dirigían a ocupar sus puestos en los ayuntamientos, cuando un grupo de manifestantes serbios les impidió el paso. Este acto acabó provocando enfrentamientos entre la Policía antidisturbios de Kosovo y los serbios.

Una tensión que ha ido in crescendo durante el fin de semana y que ha acabado con 30 soldados de las OTAN heridos. Los efectivos de la fuerza internacional para Kosovo (KFOR) se vieron obligados a intervenir el lunes para contener las protestas de los serbios. La KFOR hizo uso de gas lacrimógeno y bombas de aturdimiento para intentar poner fin a los disturbios, que han provocado 50 heridos entre los manifestantes.

A pesar de este último rebrote de violencia, la disputa sobre Kosovo tiene siglos de antigüedad. Serbia considera la región como el nacimiento de su Estado y su religión. De hecho, en Kosovo hay numerosos monasterios medievales de cristianos ortodoxos serbios. Los albaneses, sin embargo, consideran a Kosovo como su país y acusan a Serbia de ocupación y represión.

Las tensiones étnicas saltaron por los aires en 1998, cuando rebeldes albaneses iniciaron una revolución contra Serbia. La brutal respuesta de Belgrado provocó la intervención de la OTAN, que puso fin al conflicto con una campaña de bombardeos contra Serbia. En 1999, las fuerzas serbias se acabaron retirando de Kosovo, pero el conflicto continuó activo.

Finalmente, Kosovo autoproclamó su independencia en 2008, reconocido por un centenar de países entre los que no se encuentra España. La OTAN mantiene desde entonces una presencia permanente para mantener la paz y la estabilidad en la región. Pero el recrudecimiento del conflicto étnico entre serbios y albaneses permanece latente y resurge de manera intermitente.

El último brote tuvo lugar el pasado mes de agosto, cuando Pristina obligó a todos los coches que circulaban por su territorio a llevar matrícula kosovar. Esta medida, en la práctica, implicaba que los documentos de identidad serbios dejaban de tener validez en Kosovo. Un conflicto que se bautizó como «la guerra de las matrículas».

Finalmente, ambos gobiernos llegaron a un acuerdo. Serbia se comprometió a dejar de emitir matrículas con denominaciones de ciudades de Kosovo y, por su parte, Kosovo abandonó la obligatoriedad de rematricular los vehículos.

Aun así, ambos países están negociando la normalización de sus relaciones sobre un nuevo plan de la Unión Europea, apoyado por Estados Unidos. Una hoja de ruta que no deja de estar salpicada por continuos enfrentamientos y rebrotes de las tensiones.

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