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21 de julio de 2024

La periodista francesa Ruth Elkrief

La periodista francesa de origen judío Ruth ElkriefJoel Saget / AFP

Francia

Un exabrupto de Mélenchon obliga a poner escolta a una periodista de origen judío

El líder de La Francia Insumisa tilda a Ruth Elkrief de «fanática» y de «despreciar a los musulmanes»

Gérald Darmanin, ministro del Interior de Francia, no ha dudado ni un solo instante: en cuanto percibió que podía estar en riesgo la seguridad de Ruth Elkrief, conocida periodista del cabal de información continua Lci, le puso escolta. O, mejor, dicho, se la volvió a poner, según reza el comunicado oficial, dando a entender que ya dispuso de ella en algún momento en años o recientes.

Todo empezó el pasado domingo durante un programa de información política que Elkrief coanimaba y cuyo invitado era Manuel Bompard, coordinador de La Francia Insumisa (Lfi), es decir, la persona que gestiona la formación de extrema izquierda en nombre del su «líder natural», Jean-Luc Mélenchon. La tensión entre Elkrief y Bompard iba en aumento según avanzaba el programa, centrado sobre la reacción de la comunidad musulmana francesa en relación con el actual conflicto entre Israel y el grupo terrorista Hamás.

«Deje de despreciar a los musulmanes» o «usted no representa a los franceses» fueron algunas de las lindezas que el político, que también es diputado por un distrito de la provincia de Marsella en el que abundan los musulmanes, dedicó a la periodista.

Todo podía haber acabado como una demostración más de la agresividad que asola a los medios franceses desde hace ya años y a la que La Francia Insumisa contribuye con su descalificación, sistemática hasta el punto de convertirse en obsesiva, de los periodistas de los grandes medios a los que llama «representantes de la casta político-mediática».

Sin embargo, poco después de acabar el programa, Mélenchon fue mucho más allá que esa descalificación: en un mensaje publicado en la red social X (anteriormente conocida como Twitter), donde cuenta con 2.7 millones de seguidores, empezó tachando a Elkrief de «manipuladora» antes de proseguir que «si [la periodista] no insulta a los musulmanes, esta fanática se indigna». «¡Qué vergüenza! Enhorabuena a Manuel Bompard por su réplica. Elkrief reduce toda la vida política a su desprecio por los musulmanes».

El problema es que Elkrief, nacida en Meknes hace 63 años, procede de la comunidad judía de Marruecos, país en el que también vino al mundo y pasó los primeros años de su vida Mélenchon. La periodista es, además, sobrina nieta de Chalom Messas, que fue gran rabino de Marruecos antes de serlo de Jerusalén. Unos antecedentes familiares demasiado nítidos -independientemente sus méritos profesionales, que nadie cuestiona- como para no ser señalada públicamente y ser objeto de amenazas en un país, Francia, en el que los actos antisemitas aumentan de forma alarmante.

Por eso Darmanin le ha vuelto a poner escolta a Elkrief. La decisión ha recibido el apoyo de la mayor parte de la clase política gala con la excepción, como era de esperar, de los radicales de La Francia Insumisa. Sus dirigentes llevan una semana haciendo piña en torno a Mélenchon y a Bompard al tiempo que protestan de su inocencia y piden con insistencia que no se estigmatice a los «franceses de confesión musulmana». ¿Y cuando son ellos los que estigmatizan a todo aquel que les lleve la contraria, empezando por Elkrief?

El caso sigue coleando en el debate público galo: preguntado en una emisora por las palabras de Mélenchon, el presidente del Senado, Gérard Larcher, se apartó excepcionalmente del tono moderado que le impone la naturaleza institucional de su cargo y dedicó al líder de La Francia Insumisa un sonoro «ferme ta geule», la forma más grosera de la que dispone el idioma de Molière para mandar callar a alguien.

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