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AnálisisAntonio Ledezma

Las historietas de la dictadura de Maduro y el cuento del asalto a la Embajada de España

La oposición venezolana no conspira contra embajadas ni contra nadie; lucha por la justicia, la libertad y el respeto a los derechos de todos. Que no nos distraigan las historietas de una dictadura que ya no engaña a nadie

El presidente venezolano, Nicolás Maduro (i)y su ministro del Interior y hombre fuerte de la dictadura, Diosdado CabelloAFP

Una vez más, el régimen de Nicolás Maduro recurre a su gastado libreto de fabricar conspiraciones para desviar la atención de sus fracasos y justificar la persecución de la oposición venezolana. La más reciente fábula de la dictadura apunta a una supuesta «planificación de un atentado» contra la Embajada de España por parte de la dirigencia opositora legítima. Esta acusación no solo es absurda, sino que carece de cualquier sustento y evidencia, y se suma a la larga lista de mentiras que el régimen ha tejido para mantenerse en el poder.

Lejos de ser una amenaza para la diplomacia española, la oposición venezolana ha defendido consistentemente el respeto a las normas internacionales y la dignidad de las relaciones entre los pueblos. Por el contrario, es el régimen de Maduro el que, en repetidas ocasiones, ha agredido a la diplomacia española, a sus representantes y a sus expresidentes. Recordemos los ataques verbales y las expulsiones arbitrarias de diplomáticos, las campañas de desprestigio contra figuras como Felipe González, José María Aznar o Mariano Rajoy, y los constantes atropellos a las convenciones internacionales, como la violación del derecho de asilo, que es un pilar fundamental del orden diplomático.

La extorsión a González Urrutia en la Embajada de España

Mas recientemente ocurrió en Caracas un hecho insólito que aún no ha sido aclarado del todo, como fue la presencia de los hermanos Rodríguez en la residencia del Embajador de España, ejerciendo una descarada extorsión contra el presidente electo de Venezuela Edmundo Gonzalez Urrutia.

Maduro y su cúpula saben bien de atentados y manejos oscuros. Son ellos quienes han utilizado armas de fuego contra ciudadanos indefensos, quienes han reprimido manifestaciones pacíficas con violencia desmedida y quienes han orquestado maniobras para frustrar procesos democráticos, incluyendo intentos de golpes de Estado fallidos, como los escenificados los días 4 de febrero y 27 de noviembre del año 1992, que luego manipulan para culpar a otros. La historia de su régimen está marcada por la persecución, la represión y el abuso de poder, no por los principios de respeto y convivencia que la oposición cívica y democrática defiende.

Esta nueva acusación contra la dirigencia opositora no es más que otro capítulo de las historietas de Maduro

Esta nueva acusación contra la dirigencia opositora no es más que otro capítulo de las historietas de Maduro, un intento desesperado por desviar la atención de la crisis humanitaria, la corrupción galopante y el aislamiento internacional que su régimen ha provocado. Los venezolanos y la comunidad internacional no deben caer en esta trampa. La verdad siempre termina por imponerse, y la lucha por la libertad y la democracia en Venezuela seguirá adelante, sin importar las mentiras que el régimen invente.

Los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela han denunciado numerosos supuestos planes de atentados y magnicidios en su contra, muchos de los cuales han sido cuestionados por falta de pruebas sólidas, inconsistencias en las narrativas oficiales o acusaciones de ser operaciones de «falsa bandera» para justificar represión política.

Hugo Chávez y su manía persecutoria

Vale la pena recordar que Hugo Chávez canceló su asistencia a la toma de posesión del presidente de El Salvador, Mauricio Funes, alegando que organismos de inteligencia venezolanos detectaron un plan para atacar con cohetes el avión de Cubana de Aviación que lo transportaría. Chávez señaló a Luis Posada Carriles, un exagente de la CIA, y a organismos de inteligencia estadounidenses como responsables. Nunca se presentaron pruebas concretas de este supuesto plan. Las acusaciones se basaron en declaraciones oficiales sin evidencia verificable, y el caso fue considerado por críticos como una maniobra para desviar la atención de problemas internos o reforzar la narrativa de un «enemigo externo».

En otra ocasión, el 9 de mayo de 2004, el gobierno de Chávez anunció la detención de cerca de 153 ciudadanos colombianos en las afueras de Caracas, acusados de entrenarse como paramilitares para desestabilizar el gobierno y asesinar al presidente. Se afirmó que estaban vinculados a la oposición venezolana y a grupos de extrema derecha para implementar «la Operación Daktari». Los detenidos fueron liberados tres años después tras un juicio que no logró demostrar un complot magnicida. La falta de pruebas claras y las inconsistencias en la narrativa oficial llevaron a que muchos consideran esta denuncia como una exageración o un montaje para justificar medidas contra la oposición.

Chávez denunció al menos 36 supuestos planes de magnicidio, frecuentemente atribuidos a la «derecha», la «burguesía» o el «imperio»

Durante sus 14 años de gobierno, Chávez denunció al menos 36 supuestos planes de magnicidio, frecuentemente atribuidos a la «derecha», la «burguesía» o el «imperio» (Estados Unidos). Estas acusaciones solían surgir en momentos de tensión política, como protestas o elecciones, y a menudo carecían de pruebas verificables. La mayoría de estas denuncias no resultaron en investigaciones creíbles ni en condenas sustentadas. Por ejemplo, en 2009, se habló de un supuesto plan para envenenar a Chávez, pero no se presentaron pruebas. Estas acusaciones fueron vistas como tácticas para consolidar el apoyo interno y desacreditar.

Maduro ha denunciado múltiples complots contra su vida, incluyendo cinco en 2023 y 14 en 2024, según sus declaraciones

Maduro ha denunciado múltiples complots contra su vida, incluyendo cinco en 2023 y 14 en 2024, según sus declaraciones. En uno de estos casos, se acusó al partido Vente Venezuela, liderado por María Corina Machado, de organizar atentados. En marzo de 2024, se detuvo a dos activistas de Vente Venezuela en Caracas, acusados de planear un ataque durante una movilización chavista.

Además, en septiembre de 2024, se denunció un complot que involucraba a la CIA y al Centro Nacional de Inteligencia de España (CNI), con la detención de dos ciudadanos españoles. Tanto Estados Unidos como España desmintieron categóricamente cualquier implicación. La familia de uno de los españoles detenidos afirmó que se trataba de un turista, no de un agente. Organizaciones como Foro Penal señalaron que estas acusaciones parecían preludiar nuevas olas de detenciones para reprimir a la oposición, especialmente tras las controvertidas elecciones de 2024. La falta de pruebas verificables y el contexto político sugieren que estas denuncias podrían ser fabricadas para desviar la atención de la crisis electoral y justificar persecuciones.

El «Plan Jericó»

Maduro anunció la desactivación de un supuesto golpe de Estado llamado «Plan Jericó», que incluía un ataque con aviones militares desde bases extranjeras para bombardear el palacio presidencial y asesinarlo. Me acusó de estar aliado con el diputado Julio Borges para ejecutar ese «plan», y se afirmó que el mismo estaba dirigido desde Washington. Estuve más de mil días preso y nunca se presentaron pruebas creíbles que sustentaran estas acusaciones. Estados Unidos y otros países señalados negaron cualquier implicación. Las detenciones, como la mía, fueron vistas como una estrategia para criminalizar a la oposición. La falta de evidencia llevó a que muchos analistas consideren este caso como una invención para justificar la represión política.

Es evidente que se trata de un Patrón recurrente del que se valen tanto Chávez como Maduro, utilizando denuncias de atentados como herramienta política para consolidar el poder, deslegitimar a la oposición y justificar medidas represivas, como detenciones masivas o inhabilitaciones políticas. En la mayoría de los casos, las «pruebas» presentadas son vagas, como declaraciones de detenidos bajo presión o vídeos manipulados, y no han sido sometidas a escrutinio independiente. Organismos internacionales, gobiernos extranjeros y medios han cuestionado la veracidad de estas denuncias, señalando que podrían ser operaciones de propaganda o «falsas banderas» para fortalecer el control del régimen.

Es hora de desmontar estas fábulas y exigir responsabilidad a quienes han convertido el poder en un instrumento de opresión. La oposición venezolana no conspira contra embajadas ni contra nadie; lucha por la justicia, la libertad y el respeto a los derechos de todos. Que no nos distraigan las historietas de una dictadura que ya no engaña a nadie.