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CrónicaZoé Valdés

Francia libera a Ibrahim Abadallah, condenado por el asesinato de diplomáticos americanos e israelíes

La noticia de su inminente salida, tras 40 años preso, reaviva discusiones sobre el equilibrio entre el imperio de la ley y los intereses de los estados, marcando un capítulo final en una historia que durante décadas dividió opiniones

Manifestación pro Palestina a favor de la liberación de Georges Ibrahim Abdallah,NurPhoto via AFP

A la salida de la sala, el abogado defensor, Jean-Louis Chalanset, expresó con dureza: «Es a la vez una victoria jurídica y un escándalo político que no lo hayan liberado antes, debido al comportamiento de Estados Unidos y de todos los presidentes franceses sucesivos». Sus palabras resonaron en el recinto, reflejando la mezcla de alivio e indignación que rodea este largo proceso judicial.

Libre tras más de 40 años en prisiones francesas. El Tribunal de Apelación de París ordenó el jueves la liberación del libanés Georges Ibrahim Abdallah, condenado en 1987 por complicidad en el asesinato de diplomáticos estadounidenses e israelíes y considerado uno de los presos con más años de cárcel del país (siempre olvidándose de los presos cubanos).

Su caso, envuelto en polémica y tensiones internacionales, ha sido símbolo de debates sobre justicia, soberanía y presión diplomática. La noticia de su inminente salida reaviva discusiones sobre el equilibrio entre el imperio de la ley y los intereses de los estados, marcando un capítulo final en una historia que durante décadas dividió opiniones y despertó pasiones desenfrenadas en Francia y el extranjero.

Un aspecto crucial para destrabar la situación fue el ingreso de 16.000 euros en una cuenta destinada a indemnizar a las víctimas, gesto que aparentemente resultó decisivo para convencer al tribunal, a lo que el reo siempre se había negado. Los jueces habían exigido previamente «un esfuerzo considerable», y este pago materializó esa demanda. Cabe destacar que Georges Abdallah, durante años, rechazó responder a esta solicitud de las partes civiles, amparado en su postura como preso político. Sin embargo, la transferencia cambió el curso del proceso, inclinando la balanza judicial tras décadas de negativas y resistencia.

Cofundador de FARL (Fracciones Armadas Revolucionarias Libanesas), Abdallah es un cristiano libanés que, antes de verse envuelto en el convulso escenario de la resistencia, trabajó como maestro de escuela. Miembro activo del Frente Popular para la Liberación de Palestina, en 1979 participó en la creación de las FARL, un grupo marxista de inspiración prosiria y marcado carácter antiisraelí.

Desde un campamento en Lyon, en la región del Ródano, dirigió las actividades del grupo, planificando y ejecutando operaciones que lo pondrían en el centro de la atención internacional y convertirían su figura en un símbolo controvertido de las luchas geopolíticas de la época.

El grupo se atribuyó la responsabilidad del asesinato en París del agregado militar de la Embajada de Estados Unidos, Charles Ray, el 18 de enero de 1982, y del segundo consejero de la Embajada de Israel, Yacov Barsimentov, el 3 de abril. En total, el grupo atacó cinco veces en Francia. Cuatro de estos atentados resultaron mortales, uno de ellos el de la tienda Tati de la rue de Rennes, en París.

En 2024, con apenas unos meses de diferencia, tanto el tribunal de sentencia como posteriormente el de apelación resolvieron a favor de su liberación. Ambas instancias consideraron que la duración de la detención de Abdallah se había tornado «desproporcionada» en relación con los crímenes cometidos.

Además, enfatizaron que, a sus 74 años, este detenido «anciano» que buscaba «terminar sus días» en su localidad natal del norte del Líbano ya no representaba riesgo alguno para el orden público francés. Estas decisiones judiciales, sustentadas en la proporcionalidad de la pena y la evaluación del presente, pusieron punto final a una de las historias carcelarias más largas y debatidas de Europa, y reabrieron el debate sobre los límites entre justicia, política y humanidad (con los terroristas, porque con las víctimas ya no habrá humanidad posible).

Cabe recordar que la sentencia inicial del tribunal, dictada en noviembre, fue de inmediato suspendida tras la apelación presentada por la Fiscalía Antiterrorista, lo que prolongó aún más la incertidumbre sobre su destino. Aunque en febrero el tribunal volvió a pronunciarse a favor de la liberación de Abdallah, la decisión no fue ejecutada de inmediato, sino que quedó pospuesta varios meses.

El esfuerzo considerable

Durante ese lapso, las autoridades judiciales exigieron que Abdallah realizara un esfuerzo considerable para indemnizar a las víctimas de los atentados, petición que él rechazó reiteradamente, amparándose en su autodefinición como preso político. No fue sino hasta el reciente pago de la suma exigida que el proceso judicial encontró finalmente una vía de resolución, culminando con la orden de liberación y el cierre de uno de los capítulos más prolongados y polémicos de la justicia francesa contemporánea.

Finalmente, tras la autorización del Tribunal de Apelación de París este jueves, se esperaba que un avión militar lo recogiera en Tarbes con destino a Roissy, según explicó su abogado a BFMTV. Un avión de pasajeros lo trasladará posteriormente a Beirut. Así, se cierra un ciclo que mantuvo en vilo a la opinión pública y a las autoridades durante más de cuatro décadas.

Su retorno al Líbano no solo marca el desenlace de un proceso judicial extraordinario, sino que también deja preguntas abiertas sobre el papel de la política y la diplomacia en la justicia internacional. Mientras en Francia la noticia genera reacciones divididas, en su tierra natal hay expectativa ante la llegada de quien, para muchos, es un símbolo de resistencia y, para otros, una figura ligada a episodios oscuros de la historia contemporánea.

La emoción por la liberación no se limitó a los círculos judiciales o políticos; también se vivió intensamente en el entorno familiar de Georges Abdallah. Su hermano, en declaraciones a Afp, expresó con sinceridad que estaba «contento con la decisión francesa. Nunca imaginamos que finalmente sería liberado». Estas palabras reflejan la mezcla de alivio, incredulidad y esperanza que recorre a quienes, durante años, acompañaron de cerca el largo proceso y aguardaron el desenlace de uno de los casos más emblemáticos y controvertidos de la justicia europea contemporánea.

Si van a su Wikipedia verán como este «ser» la tiene casi más limpia que la mía. ¿Cuál será el próximo episodio? Dudo mucho que se retire calmadamente en un pueblo del Líbano, lo veo más como futuro candidato presidencial. Veremos.