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CrónicaLidia FernándezVarsovia

Polonia se prepara para la guerra y entrenará a civiles en la Universidad

La transformación de la Universidad Militar en un centro de seguridad civil podría marcar el futuro de la defensa europea

Imagen de la academia dela guerra de Polonia

Imagen de Universidad de Estudios de Guerra de Polonia

En el austero campus de la Akademia Sztuki Wojennej, la Universidad de Estudios de Guerra de Polonia, el rumbo está cambiando. Los pasillos que durante décadas formaron a oficiales del ejército pronto acogerán a funcionarios civiles, expertos en ciberseguridad y representantes de gobiernos locales. El motivo: una reforma legislativa que convertirá la institución en la Universidad de Seguridad Nacional, Uniwersytet Bezpieczeństwa Narodowego. Otra pieza en la estrategia del Gobierno polaco para reforzar la resiliencia del Estado como flanco Este de Europa y de la OTAN.

En palabras del ministro de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz: «La seguridad ya no es solo un asunto de soldados. Es una tarea de toda la sociedad».

El cambio es tan simbólico como estratégico. Polonia comparte frontera con Ucrania, Bielorrusia y Kaliningrado y ha sido uno de los países europeos más activos en el apoyo a Kiev desde el comienzo del conflicto con Rusia. El país se enfrenta a un entorno de seguridad diferente a antes de febrero de 2022. Los ciberataques, la desinformación y las amenazas híbridas –sin un frente claro– exigen un nuevo tipo de preparación.

Formación para alcaldes y funcionarios

Varsovia busca ampliar el concepto de defensa nacional. No se trata solo de reforzar sus Fuerzas Armadas, sino de formar a alcaldes, funcionarios, técnicos de emergencias y miembros de ONG para que, llegado el momento, tengan capacidades militares para responder de forma coordinada ante una crisis de diversa naturaleza. La futura Universidad de Seguridad Nacional será el epicentro de esa visión.

De momento y a la espera de que el Proyecto de Ley anunciado por el ministro de Defensa para la transformación de la Universidad se ponga en marcha, algunos cursos ya han empezado: programas en gestión de crisis; ciberseguridad; diplomacia de defensa y cooperación civil-militar.

El Proyecto de Ley que, ha sido respaldado por la coalición de Donald Tusk, redefine tanto el nombre como la misión de la actual Universidad de Estudios de Guerra. El ministro de Defensa asegura que el cambio responde a una lógica de «seguridad integral» en la que se espera formar a 40.000 civiles.

Władysław Kosiniak-Kamysz afirmaba a Polska Agencja Prasowa (PAP), la agencia de noticias nacional de Polonia, que «la defensa nacional ya no puede depender solo del ejército. Necesita conocimiento, coordinación y educación».

Entre el consenso y la sospecha

Aunque el proyecto ha sido recibido con interés, no está exento de tensiones. La oposición conservadora, encabezada por Prawo i Sprawiedliwość (PiS), ha advertido que la reforma podría erosionar la autonomía de una institución históricamente militar. «El riesgo», sostienen, «es que se convierta en una herramienta política más que académica».

Desde el Gobierno, sin embargo, se insiste en que la medida no busca politizar la enseñanza militar, sino adaptarla al Siglo XXI y a las amenazas híbridas. Donald Tusk la ha descrito como «una inversión en inteligencia estratégica, no en ideología».

Línea de contención de la OTAN

Más allá del debate educativo, la reforma refleja un cambio doctrinal profundo. Polonia se percibe a sí misma como la línea de contención oriental de la OTAN, pero también como un Estado que debe construir resiliencia interna frente a cualquier perturbación. La Universidad de Seguridad Nacional sería, en ese sentido, el brazo académico de una estrategia nacional que busca la «seguridad total», inspirado en parte por los sistemas de defensa civil de países nórdicos como Finlandia.

La iniciativa polaca no ocurre en el vacío. En toda Europa, el debate sobre la seguridad se ha desplazado del ámbito puramente militar al de la resistencia social. Países como Suecia, Estonia o Alemania ya integran en su educación superior programas similares.

Si la apuesta funciona, Varsovia podría situarse a la vanguardia de un nuevo paradigma europeo: el de las «sociedades preparadas», donde la defensa se enseña tanto en los cuarteles como en las aulas. Si fracasa, la reforma quedará como un experimento ambicioso, víctima de su propio simbolismo.

Sea cual sea el desenlace, Polonia está enviando un mensaje claro a sus socios europeos: la seguridad ya no se mide en divisiones militares, sino en capacidad colectiva de resistencia.

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