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AnálisisAquilino Cayuela

Irán, en la encrucijada: el otoño del líder supremo

El camino del país persa será decisivo no solo la vida de los iraníes, sino también para la estabilidad de Oriente Medio y del orden mundial en general

El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, durante su discurso televisado en TeheránAFP

Irán se encuentra ante la posibilidad de un cambio de régimen. El líder supremo Alí Jamenei llega a su fin o eso parece. La revolución de 1979 acabó con una monarquía aperturista alineada con Occidente y lo transformó en una teocracia islamista, convirtiendo a un aliado de Estados Unidos en su enemigo más feroz.

Si Irán y Venezuela han sido estos años la vanguardia de la desestabilización del mundo occidental, ahora la «progresía gauchista» occidental puede echarse a llorar: sin Maduro ni Jamenei ¿quién los financiará?

Los 92 millones de habitantes de Irán constituyen la mayor población del mundo que ha quedado aislada del sistema financiero y político mundial durante décadas. La economía de Irán es una de las más sancionadas del mundo. Su moneda es una de las más devaluadas. Su pasaporte es uno de los más denegados. Su internet es uno de los más censurados. Su aire es uno de los más contaminados.

Con todo, Irán sigue siendo hoy día un actor clave y una superpotencia energética cuya política interna determinará la seguridad y el orden político de Oriente Medio. Es un actor que repercute en todo el sistema mundial por eso la cuestión sobre qué sucederá con la República Islámica si cae el régimen de Jamenei tiene enormes consecuencias para el orden mundial.

La inminente salida de Jamenei, el líder supremo, ha dejado a Irán suspendido en un prolongado declive. El orden post-Jamenei podría adoptar varias formas: un Gobierno nacionalista autoritario, la continuidad de una teocracia clerical, un dominio militar, el resurgimiento populista o una combinación única de todos ellos.

Estas posibilidades reflejan cómo el país está gravemente fraccionado. Pero los clérigos chiíes están decididos a preservar la ideología de la República Islámica.

Las autoridades iraníes advirtieron el sábado de que iban a intensificar su represión contra las manifestaciones antigubernamentales, mientras que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) busca afianzar su poder y culpó a «terroristas» de los disturbios y prometió salvaguardar a toda costa el sistema de Gobierno.

Los clérigos chiíes están decididos a preservar la ideología de la República Islámica

Los ciudadanos marginados, incluidas las minorías étnicas, tienen poco que perder y exigen dignidad y oportunidades. La oposición está demasiado fracturada para unirse, pero es demasiado persistente como para, llegado este punto, desaparecer sin más. Ninguna de estas facciones es monolítica, pero son sus aspiraciones y sus acciones las que definirán la lucha por el tipo de país en el que se convertirá Irán.

El hijo exiliado del último sah de Irán, Reza Pahlaví, se ha convertido en la voz destacada de la fragmentada oposición y ha hecho un llamamiento enérgico para que las protestas se amplíen hasta convertirse en una revuelta de grandes dimensiones que derroque al régimen de los ayatolás.

Los medios de comunicación estatales informaron de que se incendió un edificio municipal en Karaj, al oeste de Teherán, y culparon a los «alborotadores».

La televisión estatal emitió imágenes de los funerales de miembros de las fuerzas de seguridad que, según dijo, murieron en las protestas en las ciudades de Shiraz, Qom y Hamedan.

Las imágenes difundidas el viernes en las redes sociales mostraban grandes multitudes reunidas en Teherán y fuegos encendidos en las calles por la noche. Se ha podido confirmar la ubicación de estas revueltas comparando puntos de referencia con imágenes satelitales.

Las protestas se han extendido por todo Irán desde el pasado 28 de diciembre, como respuesta popular ante el aumento de la inflación, y se han convertido rápidamente en un movimiento político que exige el fin del régimen clerical. Las autoridades acusan a Estados Unidos e Israel de fomentar los disturbios.

El grupo iraní de derechos humanos HRANA afirma que, como mínimo, unos 50 manifestantes y 15 miembros de las fuerzas de seguridad han perdido la vida, y que se ha detenido a unas 2.500 personas.

Un testigo afirmó que la Guardia Revolucionaria (IRGC) se había desplegado, en el oeste de Irán, y estaba abriendo fuego contra la población.

Con todo es difícil precisar en este momento el alcance de las muertes y daños humanos ocasionados en estas revueltas. El IRGC acusó a «terroristas» de atacar bases militares y policiales durante las dos últimas noches. Afirmó que varios ciudadanos y miembros de las fuerzas de seguridad habían resultado muertos y que se habían incendiado propiedades públicas y privadas.

Una vez que Jamenei se haya ido, si se diese el caso, se pueden prever varios futuros posibles. La ideología totalizadora de la República Islámica podría colapsar al modo en que colapsó en la Rusia postsoviética. También podría ocurrir como a China tras la muerte de Mao Zedong e Irán podría recalibrarse sustituyendo la rígida ideología por un interés nacional pragmático.

Otra probabilidad es que el régimen iraní redoble la represión y el aislamiento, como ha hecho Corea del Norte durante décadas. Por último, sería posible que el dominio clerical ceda ante el dominio de los militares, como ha ocurrido en Pakistán.

Para Occidente sería deseable que Irán se incline hacia un Gobierno representativo, una lucha que se remonta a la Revolución Constitucional de 1906, pero las posibilidades de una transformación así son poco menos que remotas.

El camino de Irán será decisivo no solo la vida de los iraníes, sino también para la estabilidad de Oriente Medio y del orden mundial en general.