Un cartel en Teherán muestra el líder supremo de Irán Alí Jamenei
Irán y EE. UU. retoman negociaciones nucleares en Omán en medio de tensiones regionales y crisis interna
Las conversaciones buscan reactivar el diálogo nuclear tras años de tensiones, mientras Irán enfrenta su peor crisis interna desde 1979
El ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, aseguró que afronta las negociaciones nucleares de este viernes con Estados Unidos en Mascate, Omán, «de buena fe» y «firmes en nuestros derechos». El diplomático destacó que «los compromisos deben cumplirse», en aparente referencia a la salida de Washington del acuerdo nuclear de 2015, y subrayó que «la igualdad, el respeto mutuo y el interés mutuo no son retórica, son imprescindibles y constituyen los pilares de un acuerdo duradero».
Araqchí llegó de madrugada a Mascate acompañado por el viceministro de Exteriores, Majid Takht Ravanchi, y el portavoz del Ministerio, Ismail Baghaei. La reunión con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, está prevista a las 10:00 hora local (06:00 GMT) y será la primera entre altos cargos iraníes y estadounidenses desde la reciente guerra de 12 días entre Irán e Israel, en la que EE. UU. participó con bombardeos sobre instalaciones nucleares iraníes.
El contexto de las negociaciones es especialmente delicado. Estados Unidos ha desplegado el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate cerca de aguas iraníes en el Golfo Pérsico, ante las amenazas del presidente Donald Trump de intervenir militarmente en Irán. Mientras Washington busca incluir en la agenda la limitación de misiles balísticos iraníes y el apoyo a grupos regionales como Hamás, Hizbulá y los hutíes del Yemen, Teherán pretende concentrarse únicamente en la limitación de su programa nuclear.
Estas conversaciones se producen tras la suspensión de negociaciones el año pasado, también en Mascate, a raíz del inicio del conflicto con Israel en junio de 2025. Además, Irán atraviesa uno de sus momentos más críticos desde la Revolución Islámica de 1979, tras las protestas de enero, las más violentas en décadas, motivadas por la caída del rial, la crisis económica, la sequía histórica y las carencias de electricidad y gas.
El gobierno iraní reconoce 3.117 muertos durante la represión de las protestas, mientras que organizaciones opositoras como HRANA, con sede en EE. UU., estiman 6.872 fallecidos, con más de 11.000 posibles víctimas y 40.000 arrestos. La relatora especial de la ONU para Irán, Mai Sato, señaló que informes médicos internos podrían elevar la cifra hasta 20.000 muertos, aunque Naciones Unidas advierte que estas cifras aún no pueden ser verificadas de manera independiente.