Enrique Krauze, Jorge Castañeda y Jesús Silva-Herzog explican la pendiente resbaladiza de México
La democracia liberal muere en México. La asfixia la simbiosis entre las pulsiones despóticas del poder y el crimen organizado
Los escritores mexicanos Enrique Krauze, Jorge Castañeda y Jesús Silva-Herzog
El expresidente Andrés Manuel López Obrador ha concentrado todo el poder, igual que Fidel Castro y Vladímir Putin. Y Claudia Sheinbaum desempeña el mismo papel que en Rusia Dmitri Medvédev.
La democracia liberal muere. La asfixia la simbiosis entre las pulsiones despóticas del poder y el crimen organizado. No la defienden los ciudadanos comunes, pero los grandes intelectuales «dan la voz de alarma».
El imparable avance de los órdenes autoritarios y populistas en los últimos años, durante los gobiernos del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y, desde 2024, de Claudia Sheinbaum, es un tema candente del debate público en México.
Periodistas, historiadores, politólogos, juristas e intelectuales mexicanos escriben libros y artículos sobre ello, lo debaten en medios aún no apropiados o todavía no sometidos, en conferencias y seminarios académicos. He leído varios de estos libros, he asistido a algunas conferencias y he tenido la oportunidad de reunirme con varias figuras destacadas de la vida pública. Esto es lo que me respondieron sobre su país Enrique Krauze, Jorge Castañeda y Jesús Silva-Herzog.
— Llama la atención que el peligro para la democracia mexicana, si no incluso su ocaso terminal, lo perciban personas en México, pero no en el extranjero. A Andrés Manuel López Obrador y a su sucesora Claudia Sheinbaum, la opinión pública occidental los trata como mínimo con benevolencia, si no muy positivamente.
Jesús Silva-Herzog, publicista, escritor y director de la influyente revista Nexos:
— Porque no se quiere ver, y menos aún desenmascarar, el populismo de izquierdas. Es más fácil condenar el populismo de derechas de Trump, Bolsonaro, Bukele, etc. Resulta todavía más difícil asumirlo cuando se ve que México, ese país de cultura machista, está gobernado hoy por una mujer, además bastante formada —entre otros lugares en Estados Unidos—, atractiva, de buena presencia, bailarina. Y además judía, hija de un padre asquenazí y una madre sefardí, nacidos en México, pero cuyos abuelos llegaron al país desde Lituania y Bulgaria en los años treinta del siglo pasado.
Ya como presidenta, Claudia Sheinbaum, sucesora designada por el presidente saliente Andrés Manuel López Obrador, acaba de publicar un libro en el que describe como un honor y una iluminación espiritual su viaje en coche por México en compañía del maestro AMLO. Es un testimonio vergonzosamente servil.
Jorge Castañeda, exministro de Asuntos Exteriores, historiador, escritor y profesor en universidades de México y de EE.UU. (Berkeley, Princeton, Nueva York) y actualmente en la Sorbona de París:
— Sheinbaum fue brevemente alumna mía en Berkeley. Su formación, no tan profunda como se dice, no es lo importante. Lo esencial es que procede y pertenece a la izquierda más sectaria de México, que profesa una visión completamente anacrónica de México, de América Latina y del mundo.
Una izquierda que cree en el socialismo real de Cuba y en el existente antes de la caída del Muro de Berlín. Su biblia es el libro Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano. La señora Sheinbaum es una copia consciente y fiel de su gurú, Andrés Manuel López Obrador, una devota elegida por él como sucesora.
Ya se comporta y habla como AMLO: en voz baja, con suavidad y lentamente.
Enrique Krauze, escritor, historiador, editor de la revista mensual Letras Libres, autor de decenas de libros, entre ellos los dos últimos La nación soy yo y Crítica del poder presidencial:
— El hecho de que Claudia Sheinbaum haya sido elegida presidenta por los mexicanos habla bien de los mexicanos. Su padre era asquenazí, como el mío, y comunista en su juventud. Lo entiendo bien. Su madre, sefardí y también comunista. Ambos pertenecían en los años ochenta del siglo pasado a la extrema izquierda académica, cuando en la UNAM el marxismo era una asignatura obligatoria y todos se entusiasmaban con las guerrillas en México y otros países.
Que estudiara cinco minutos en EE.UU. no tiene ninguna relevancia. La mentalidad de esa generación de la intelligentsia mexicana, que sigue viviendo en el socialismo, mi amigo Gabriel Zaid la describió hace tiempo así: «locos». Creen en la revolución cubana y en el socialismo del siglo XXI en Venezuela. Para ellos, la caída del comunismo fue una catástrofe histórica.
Para Sheinbaum, AMLO es un padre, un líder popular inspirado. Depende completamente de él.
– Cómo ha sido posible que la democracia en México esté ya agonizando, cuando solo hace 24 años se logró instaurarla tras más de 70 años de dictadura del partido-Estado PRI, que Mario Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta?
Enrique Krauze:
— La democracia es solo un mecanismo que permite cambiar el poder mediante un mandato electoral. La democracia por sí sola no garantiza gobiernos buenos ni democráticos.
A finales del siglo XX y comienzos del XXI, México vivió una transición democrática pacífica, pactada y ordenada, similar a la española de 1976-1978. Fue acordada y respaldada por todos los partidos políticos relevantes: el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que había ejercido un poder casi monárquico durante 72 años; el opositor Partido Acción Nacional (PAN), entonces aún marginal; y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), escindido del PRI, junto con el resto de la izquierda.
Se crearon instituciones democráticas: un instituto electoral independiente, un Tribunal Supremo independiente del poder, un instituto de transparencia pública. Por primera vez se eligió un parlamento pluralista. Se abolió la censura y se estableció una libertad de expresión plena y unos medios libres y plurales.
Hay que reconocer que el último presidente del PRI, Ernesto Zedillo, tuvo un gran mérito al impulsar la reforma del Estado desde dentro. Por primera vez en la historia de México, el poder se autolimitó.
Formalmente, México era una república desde el siglo XIX, tenía separación de poderes desde 1824 y gobiernos civiles desde 1946. Las instituciones de control del poder ejecutivo eran imperfectas, pero nunca fueron abolidas.
En resumen, desde el año 2000 México vivió una auténtica ruptura política y se modernizó. La instauración de la democracia fue un gran éxito, aunque fuera joven, frágil e imperfecta.
– ¿Y qué ocurrió después?
— Los tres primeros gobiernos democráticos respetaron el pacto democrático. A comienzos del siglo XXI surgió en América Latina un populismo vivo, la idea de gobiernos caudillistas en nombre del «pueblo». Su precursor fue el peronismo argentino, pero su encarnación contemporánea fueron los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela.
En México lo encarnó Andrés Manuel López Obrador, antiguo militante del PRI y luego del PRD.
Nadie lo tomó demasiado en serio, aunque ya había gobernado la Ciudad de México.
Lo conocí personalmente. Me impresionó su tono religioso-místico. Se fotografiaba con la biografía de Tomás de Aquino. Hablaba de democracia popular. Tenía una relación laxa con el Estado de derecho. «La ley injusta no sirve. La ley es para las personas, no las personas para la ley», decía.
Según él, el líder debía «sentir el pulso del pueblo», «bajar al nivel de abajo».
«Yo despierto un movimiento de conciencias, un movimiento espiritual; la gente sencilla, cuando habla conmigo, me dice que reza. Yo soy demócrata, místico, estoy en manos del pueblo», decía públicamente.
No me gustó nada. Advertí en el texto El mesías tropical, publicado en Letras Libres en 2006, que un hombre así, si alcanzaba el poder, sería muy peligroso. Pero nunca imaginé que ocurriría lo que ocurrió cuando ganó las elecciones en 2018.
–¿Están de acuerdo en la afirmación de que los días de la democracia mexicana están contados?
Jorge Castañeda:
— López Obrador eliminó los escasos logros democráticos que habíamos alcanzado. Los jueces ahora se eligen por votación y el 80-90 % son nombramientos obedientes del partido gobernante MORENA y del gobierno. Pueden ser sancionados disciplinariamente sin derecho a apelación. Se amplió la prisión preventiva. MORENA controla todos los poderes.
Los medios son perseguidos mediante inspecciones fiscales y controles; se les retira la publicidad oficial; se presiona a empresas privadas para que no se anuncien en ellos; se exige el despido de periodistas críticos. A Héctor Aguilar Camín y a mí nos expulsaron de Televisa, donde tuvimos un programa durante 15 años. A otros medios se les «sugiere amablemente» contratar propagandistas del gobierno si quieren evitar inspecciones.
Esto aún no es una dictadura; es más suave que la del viejo PRI, pero su armazón jurídico ya está preparado
El gobierno de AMLO fue desastroso y profundamente corrupto; el de Sheinbaum es igual de incompetente y, además, avala y encubre toda la corrupción de AMLO y de MORENA. Perdona el robo de dinero público a la familia presidencial, a la marina, a gobernadores y a funcionarios del partido. El dinero saqueado se destinó, entre otras cosas, a la campaña electoral de MORENA y de la señora Sheinbaum.
Los cárteles del narcotráfico, que no lograron derrotar los gobiernos anteriores de Calderón y Peña Nieto, se fragmentaron, pero ampliaron su control territorial y dominaron distintos sectores de la economía. Se han convertido en un Estado —o pequeños Estados— dentro del Estado. Tienen armas y sicarios. Cobran peajes a toda actividad económica; además del narcotráfico, se dedican a la trata de personas, secuestros y extorsiones; gravan con «impuestos» la producción y el comercio.
Antes los cárteles negociaban con el poder del PRI y no aspiraban al poder político. Hoy sí lo hacen, y con éxito. Sellan alianzas electorales con el partido gobernante y pactan quién será gobernador. Cuando hace falta, secuestran interventores y aterrorizan mesas electorales. Ocurre en Baja California, Sinaloa, Sonora, Michoacán y otros estados.
El gobierno no combate el narcotráfico ni el crimen organizado. El ministro encargado, Omar Harfuch, aparenta luchar, pero es más bien teatro. No puede rendir cuentas a los gobernadores designados por AMLO y los cárteles. Para combatir eficazmente el narcotráfico harían falta al menos 15 000 soldados.
Y todo el ejército cuenta con 300 000 efectivos, la policía con 400 000. Es insignificante para un país de 130 millones de habitantes. Además, la policía es ineficaz, pues incluso la escolta de algunos alcaldes y gobernadores está comprada por el narco.
Jesús Silva-Herzog
— No se trata de una erosión de la democracia liberal, sino de su final. Vivimos, como mínimo, bajo un autoritarismo. AMLO, Sheinbaum y MORENA han cambiado la Constitución y las leyes, y ya no existe nada que frene los impulsos del poder ejecutivo.
El nuevo despotismo tiene dos cabezas: el despotismo del poder y el terror del crimen organizado. Los ciudadanos son víctimas de este monstruo bicéfalo.
¿Por qué la sociedad no reacciona? Los mexicanos siempre exigieron algo al poder. Ahora no. Es una paradoja.
Porque están materialmente satisfechos. Tienen más dinero en el bolsillo que antes. AMLO repartió enormes sumas en programas sociales, ayudas, subsidios, becas, etc. Pero se destruyeron las instituciones que ofrecían protección colectiva, incluida la sanidad, la educación y la seguridad.
Los ciudadanos solo se ocupan de sí mismos y de sus familias. Los demás no les importan
Los ciudadanos solo se ocupan de sí mismos y de sus familias. Los demás no les importan. Ha desaparecido la solidaridad social y ha florecido un individualismo extremo. Es paradójico que este individualismo salvaje sea alimentado por gobiernos que se proclaman populares. Así es como un demagogo extremo y un tirano persuasivo supo conectar con el espíritu del egoísmo salvaje.
Enrique Krauze
— Los gobiernos de AMLO han matado la república. Avanzamos hacia una dictadura.
El parlamento sirve al Gobierno. Ya no hay justicia, porque los jueces los designan los políticos gobernantes y los criminales. Se destruyen la sanidad, la educación y la cultura. La libertad de expresión se recorta. Solo queda una televisión, algo de radio y unos pocos periódicos y revistas. La corrupción es probablemente la peor de la historia de México. El robo y el contrabando de combustibles ascienden a miles de millones de dólares.
La corrupción es probablemente la peor de la historia de México
En las llamadas conferencias matutinas, la presidenta dicta durante dos horas qué es la verdad. Durante su mandato, López Obrador me atacó por nombre y apellido como enemigo del pueblo 472 veces en esas «mañaneras».
El gobierno gasta dinero público en «políticas sociales», no hay inversión y la economía prácticamente se estanca. Ahora será más difícil gobernar porque el dinero para repartir se agota. Este país del absurdo llega a su límite.
AMLO dejó de combatir el bandolerismo. Cientos de alcaldes han sido asesinados por el narco. El dinero de los criminales financia campañas de senadores, diputados y gobernadores de MORENA. Es una simbiosis entre el poder y el crimen.
Andrés Manuel López Obrador ha concentrado todo el poder, como Fidel Castro y Vladímir Putin. Y Claudia Sheinbaum desempeña el mismo papel que Dmitri Medvédev en Rusia. Los mexicanos están indefensos y se convierten en súbditos. Ellos quieren gobernar súbditos, no ciudadanos.