Jose Antonio Seguro, candidato del Partido Socialista y Andre Ventura del partido soberanista Chega
Ventura busca lo que parece imposible en las elecciones presidenciales: romper el «consenso progre» en Portugal
El candidato socialista ganó en la primera vuelta con un 31 % pero la suma de todos los candidatos del bloque de centro derecha o derecha superó porcentualmente al bloque de la izquierda
Para muchos hispanoamericanos, como es mi caso, resulta difícil de entender cómo un votante que dice ser de derecha pueda votar por uno de izquierda, por muy bueno que lo quieran vestir con el término 'progresista'. Este fenómeno común en Europa, señalado por las fuerzas soberanistas como el «consenso progre», busca su supervivencia en las elecciones presidenciales de Portugal este domingo.
Según una de las encuestas más importantes del país, la del Centro de Estudios y Sondeos de Opinión (Cesop) de la Universidad Católica Portuguesa, publicada el martes, el candidato socialista António José Seguro lograría el 67 % de la intención de voto, frente al 33 % del conservador André Ventura.
En este escenario, Ventura busca lo que parece imposible en las elecciones presidenciales: romper el consenso progre que ya fue ratificado tras la primera vuelta, tras la cual los partidos de «centroderecha» que quedaron fuera de la contienda apoyaron al candidato de izquierdas.
Seguro ganó la primera vuelta de las elecciones, celebrada el 18 de enero, con 1.755.563 sufragios (31,11 %), seguido de Ventura, que logró 1.327.021 (23,52 %). Sin embargo, la suma de todos los candidatos del bloque de centro derecha o derecha superó porcentualmente al bloque de izquierda.
Desde entonces, el exministro y exsecretario general del Partido Socialista (PS) ha recibido el respaldo de quienes fueron sus principales adversarios de centroderecha en la primera ronda de los comicios: el eurodiputado liberal João Cotrim de Figueiredo, el almirante en la reserva Henrique Gouveia e Melo y el exministro conservador Luís Marques Mendes.
También le han manifestado su apoyo numerosas personalidades del mundo de la cultura, el arte y la sociedad, así como los expresidentes conservadores Aníbal Cavaco Silva (2006–2016) y António Ramalho Eanes (1976-1986), este último el primer jefe de Estado elegido democráticamente en Portugal tras la Revolución de los Claveles.
El gobernante Partido Social Demócrata (PSD), del primer ministro Luís Montenegro, ha rehusado expresar su preferencia por Seguro o Ventura, a diferencia de la primera vuelta, cuando el jefe del Gobierno llegó incluso a participar en actos de la candidatura de Marques Mendes, que en el pasado fue presidente de esa formación política afiliada al Partido Popular Europeo.
Por contra, el Partido Socialista ha pedido el sufragio para Seguro, aunque este ha afirmado en todo momento que su carrera hacia la Presidencia es «independiente» y «suprapartidista».
Este domingo en las urnas, los portugueses tendrán que decidir entre dos apuestas radicalmente distintas, con Ventura defendiendo una figura del presidente proactivo y comprometido a «sacudir» el sistema político de los últimos 52 años de democracia en Portugal y Seguro abogando por la continuación y estabilidad del régimen actual.
Al igual que hizo en la primera vuelta, el exministro socialista tiene previsto pasar este domingo en la localidad donde vive, Caldas da Rainha, 91 kilómetros al norte de Lisboa, donde votará y pasará la noche electoral.
Ventura estará en Lisboa, donde acudirá a ejercer su derecho en el colegio donde suele sufragar en la zona de Parque das Nações y estará durante la noche junto a sus seguidores en un hotel de la capital.
Ambos llegan a este domingo tras una campaña marcada por los temporales que han devastado partes del país, con inundaciones, desbordamientos de ríos y numerosos destrozos, y que han causado seis fallecidos, a los que se suman otras seis muertes indirectas por haberse caído de tejados durante las reparaciones.
Los ciudadanos irán a sufragar cuando todavía está en vigor la situación de calamidad declarada por el Gobierno en más de sesenta zonas para poder movilizar más recursos frente a los temporales. En todo caso, tendrán la última palabra en mantener el estatus quo de las últimas décadas o romperlo.