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AnálisisEduardo ZalovichTel Aviv (Israel)

La carrera militar entre Irán e Israel: ¿quién tiene más armas mortíferas?

La República Islámica dispone de mayor «mano de obra», activos terrestres y navales más grandes, mientras que el país hebreo compensa con tecnología, preparación y apoyo estratégico

Misiles lanzados por Irán contra Israel

Si uno mira el mapa político del mundo, Irán parece un gigante e Israel un pigmeo. Pero los factores que influyen y determinan el resultado de una guerra no se limitan al tamaño de un estado, sino a factores muy diversos. No es un hecho nuevo, todos conocemos la historia bíblica de David y Goliat. Claro que también está el gigante americano.

A comienzos de 2026 un foco de atención mundial está en la tensa relación entre Jerusalén, Teherán y Washington. En medio de crecientes provocaciones por el programa nuclear y de misiles persa, y un despliegue militar estadounidense sin precedentes en la zona, es clave entender cómo evaluar la potencia de los actores frente a un choque inevitable.

El modo objetivo de evaluar capacidades son las comparaciones numéricas basadas en el análisis de Global Firepower –el principal índice internacional– para medir la fuerza convencional de los ejércitos mundiales.

El cuadro demuestra una conclusión clara: Irán dispone de mayor «mano de obra», activos terrestres y navales más grandes, mientras que Israel compensa con tecnología, preparación y apoyo estratégico. La ventaja tecnológica –incluyendo aviones avanzados– como los F-35 (con mejoras israelíes) e integración de sistemas de defensa aérea (inteligencia, vigilancia, reconocimiento y guerra cibernética) representan los pilares de la ventaja cualitativa de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Ambos estados son los mas poderosos de Oriente Medio –junto a Turquía–, pero con perfiles muy distintos. Irán con un amplio territorio y misiles desarrollados, Israel con tecnología y capacidad de combate probada. El Pentágono ha declarado que, a principios de 2026, el despliegue militar en esta región es el más significativo desde 2003, con miles de soldados, portaaviones, aviones de combate y sistemas antimisiles estacionados, destinados a disuadir un conflicto o apoyar operaciones conjuntas con aliados regionales.

Este despliegue incluye: grupos de ataque de portaaviones (USS Abraham Lincoln, USS Gerald R. Ford), cazas furtivos y aviones estratégicos (incluyendo F-35 y B-2), sistemas antimisiles avanzados (Patriot, THAAD) y unos 40.000 combatientes americanos en la región.

El objetivo oficial, según el Pentágono, es impedir un enfrentamiento directo, asegurar la navegación en el golfo Pérsico y dar respaldo a aliados como Israel y Arabia Saudí. Trump ha emitido ultimátums formales a Irán para alcanzar un acuerdo nuclear o enfrentar consecuencias severas en días. Washington ha señalado que el despliegue militar muestra la seriedad de EE.UU., aunque destaca que el objetivo principal sigue siendo un arreglo diplomático exitoso, evitando una guerra a gran escala. Dadas las brutales diferencias entre ambas partes un acuerdo parece imposible.

En 2025, la Casa Blanca sugirió que Israel lideraría cualquier acción militar contra el programa nuclear si Irán rechaza concesiones reales, reflejando una coordinación estratégica con Jerusalén. Alí Jamenei –que ha nombrado ya sucesor– ha rechazado ceder ante demandas extranjeras y ha afirmado que Irán no se «inclinará» ante la presión internacional. Ha realizado ejercicios militares, cerró áreas estratégicas del estrecho de Ormuz y advirtió de que responderá a cualquier ataque. Desde una perspectiva iraní, las negociaciones deben respetar su derecho a desarrollar tecnología nuclear, desarrollar miles de misiles, financiar proxis terroristas y eliminar sanciones que han noqueado su economía.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha mantenido una postura firme contra un Irán con capacidad nuclear y ha insistido en que cualquier acuerdo debe incluir el desmantelamiento completo del programa y la limitación de sus misiles balísticos. Israel se reserva el derecho de actuar de manera independiente para garantizar su seguridad, incluso si implica no creer en promesas diplomáticas.

Irán se apoya en su gran cantidad de tropas, misiles balísticos y una extensa superficie territorial. También apuesta a su fuerza naval y capacidades de guerra asimétrica (proxis terroristas como Hamás, Hezbolá y los hutíes).

Esta dinámica demuestra que, aunque Israel tenga menos personal, su tecnología y apoyo aliado compensan ampliamente las diferencias numéricas, especialmente en escenarios de guerra con alta tecnología. En 2026, la comparación militar entre Israel e Irán refleja un equilibrio asimétrico. Irán domina en números y geografía, con una fuerza terrestre y de misiles balísticos importante, pero enfrenta limitaciones tecnológicas y de recursos modernos. Israel sobresale en tecnología, Inteligencia, defensa aérea y precisión.

En 2026, la comparación militar entre Israel e Irán refleja un equilibrio asimétrico

Las agresivas declaraciones de Donald Trump, Jamenei y Netanyahu muestran que el conflicto no es puramente militar, sino también político y diplomático. Cada líder recalca su meta –presión máxima y defensa de la soberanía– en un entorno donde cualquier estimación debe contemplar fuerza convencional, política exterior y alianzas estratégicas. Un factor de debilidad iraní es la tremenda impopularidad de su dictadura teocrática, que ha asesinado a unos 30.000 opositores desarmados en protestas que muestran el odio de la población.

«Muerte a Jamenei, muerte al dictador» es el grito más coreado por los manifestantes en las calles, mercados y universidades de todo el país. Y en ese ambiente ha cobrado fuerza la figura del hijo del sah, Reza Pahlaví, que promete una monarquía constitucional al estilo británico, y juzgar a los represores. «Entre ellos y nosotros –declaró– hay un río de sangre que nos separa».