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La última fase del derrocamiento del régimen iraní

Irán es el principal Estado patrocinador del terrorismo en el mundo, el más abiertamente antioccidental del mundo y el país con el mayor arsenal de misiles balísticos de todo Oriente Medio

Una manifestación conmemora el 47.º aniversario de la Revolución Islámica de 1979AFP

Estados Unidos e Israel han lanzado el sábado ataques contra Irán, dirigidos contra sus líderes. Trump ha confirmado la muerte de Jamenei asegurando que «esta es la mayor oportunidad que tiene el pueblo iraní de recuperar su país». También se sabe que varios altos mandos de la Guardia Revolucionaria iraní y funcionarios políticos han resultado muertos bajo los bombardeos de la operación «León Rugiente», por parte de Israel, y «Furia Épica», por parte de EE.UU.

Trump afirmó que esta medida pondría fin a una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y daría a los iraníes la oportunidad de derrocar a sus gobernantes. Los ataques han puesto en alerta a los países árabes de la zona, al aumentar el temor de una escalada en la región.

La Guardia Revolucionaria iraní, a su vez, ha atacado bases israelíes y estadounidenses con misiles en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, y en Dubái. Las aerolíneas mundiales han cancelado vuelos en todo Oriente Medio.

La acción militar responde a la que puede ser la última fase de un largo combate que comenzó cuando el sábado 7 de octubre de 2023 cuando los terroristas de Hamás atacaron el territorio israelí abriendo una guerra directa y fracturando el acercamiento del mundo árabe a Israel. Era el régimen de Teherán quien efectivamente estaba detrás de esta operación y que fue su instigador y planificador.

Irán entró así en esta guerra adoptando una postura diplomática contra la escalada y con la otra mano activando a sus milicias de proximidad como Hezbolá en el Líbano, los Hutíes en Yemen y los yihadistas chiíes que operan entre Siria e Irán. También movilizando a las facciones ultraizquierdistas que había financiado en Europa para agitar un nuevo antisemitismo.

Pero el 13 de abril de 2024, el régimen de los ayatolás cambió de rumbo y lanzó una taque masivo de misiles y drones contra el territorio israelí.

Los israelíes respondieron con contundencia y han librado distintas fases de esta lucha contra Irán, destruyendo buena parte de la capacidad de sus franquicias en la región y atacando junto a EE.UU. las bases secretas de su proyecto nuclear. Pero hay plataformas que los israelíes no suprimieron ni destruyeron, y otras que Irán ha reparado.

Por eso, ahora Washington y Tel Aviv empiezan a actuar contra el pilar fundamental de la disuasión de Teherán: su formidable arsenal de misiles balísticos. Irán puede utilizar estas armas para infligir daños a los activos militares, la infraestructura energética regional, el transporte marítimo e incluso a objetivos civiles en Israel.

En lugar de esperar a que Irán lance grandes salvas de estos proyectiles con la esperanza de abrumar las defensas de Estados Unidos y sus aliados, la actual campaña debe derrumbar la red de bases subterráneas donde se guardan los misiles balísticos de medio y corto alcance, que denominan «ciudades de misiles».

Irán es el principal Estado patrocinador del terrorismo en el mundo, el más abiertamente antioccidental del mundo y el país con el mayor arsenal de misiles balísticos de todo Oriente Medio.

Casi cincuenta años de experiencia con la República Islámica nos demuestra que nunca moderará significativamente sus comportamientos ni aceptará un cambio interno por parte de sus ciudadanos. Washington y Tel Aviv tienen ahora una oportunidad histórica para derrocar al régimen y parece que van encaminados a ello. De hecho, Irán casi con toda seguridad intensificaría su respuesta a estos ataques de Estados Unidos e Israel. Por eso lo esperado es que se actúe con contundencia desde el principio para evitar una escalada gradual que convierta esta guerra en un atolladero.

Washington ahora no puede permitir que Teherán dicte las condiciones del conflicto.

Algunos analistas, temían, hace poco tiempo, que «Irán no cedería a las principales exigencias simplemente por una campaña de bombardeos», como escribió Nate Swanson, exasesor de la Casa Blanca sobre Irán, en Foreign Affairs pensando que «un ataque de Estados Unidos contra Irán podría dar lugar a una represalia inesperadamente mortífera y a un conflicto mucho más largo y potencialmente perjudicial».

Sin embargo, EE.UU. e Israel previsiblemente emplearán una fuerza militar sostenida para derrocar el régimen y allanar así el camino para que los iraníes recuperen su país. Esto no significa que ayudar a derrocar a la República Islámica vaya a ser fácil. Estados Unidos se enfrentará a retos importantes.

Pero, en este momento, y contando con un análisis, sin duda, bien preparado por la inteligencia israelí y estadounidense, esta acción audaz es la única forma de romper la dinámica actual.

Estados Unidos e Israel tienen la capacidad y los medios para destruir al Gobierno iraní y mitigar al mismo tiempo los peligros que ello conlleva.

El pueblo iraní, además, sí podría tener ahora el impulso y la determinación necesarios para acabar cambiando las condiciones internas del país. Juntos, ambos podrían tener todo lo que necesitan para ganar y crear un nuevo Irán.