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China se dispone a aprobar una ley de «unidad étnica» para mantener la hegemonía de la cultura «Han»

La norma se aprobará en el marco de la Asamblea Popular Nacional (el Parlamento)

China celebra su gran cita política anual conocida como las «Dos sesiones», formada por los dos órganos claves del régimen: la Asamblea Popular Nacional (APN) y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCH). En este marco está previsto la aprobación de una ley que imponga la hegemonía imperante de la cultura «Han».

Xi Jinping no necesita una ley para promover la «unidad étnica» en China, pero quiere dejar por escrito la normativa que implante y haga extensible hasta al último rincón del país la cultura «Han», que concentra un conjunto de tradiciones, valores, lengua, historia y costumbres del pueblo Han, que es el grupo étnico mayoritario de China (aproximadamente más del 90 % de la población del país).

A fines de semana se probará el texto que responde exactamente al plan y los intereses del líder chino. El efecto de la misma o el objetivo es marginar las minorías étnicas, en buena medida con ansias separatistas del gigante asiático.

El argumento de Pekin es avanzar en el «proceso de modernización a través de una mayor unidad». El nombre del proyecto que tendrá luz verde en el marco de la gran asamblea es, como recoge la BBC, el de «Ley para promover la unidad étnica y el progreso».

La idea es, entre otras, minimizar otras lenguas a expensas del mandarín y exigir que los padres «eduquen y guíen a los menores para que amen al Partido Comunista Chino». Asimismo, prohíbe cualquier acto considerado perjudicial para la «unidad étnica».

Xi Jinping ha pedido en reiteradas ocasiones la «sinización de la religión», para que las prácticas religiosas se ajusten a lo que el Partido Comunista considera cultura y valores chinos. Los expertos consultados por la BBC ven esta ley como una consolidación de lo que ya se había convertido en una parte central de su gobierno.

Hay 55 minoría étnicas oficiales en el gigante asiático y lo que se pretende es «la promoción del mandarín o las restricciones a la expresión de la identidad de minorías étnicas, las prácticas religiosas, etc.», asegura Aaron Glasserman, de la Universidad de Pensilvania ala BBC.

Pekín se enfrenta a acusaciones graves de violaciones de los derechos humanos, especialmente en Xinjiang, enclave mayoritario de uigures y otras minorías turcas, y en el Tíbet. Desterrar los atisbos o amagos separatistas está entre los objetivos de esta ley.

El Tíbet y los musulmanes uigures son los que están en primera línea de sometimiento de China. Estos últimos han protagonizado diferentes atentados en los últimos años y han sido brutalmente reprimidos. Los muertos se han contado por centenares, pero Pekín los justifica como única vía para sofocar los movimientos separatistas.

La ONU los condena y denuncia que hay más de un millón de uigures detenidos en cárceles del régimen. Pero el gobierno defiende que su detención responde a la necesidad de someterlos a un proceso de «reeducación».

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