El verdadero peligro no es el papeleo, sino el abandono de funciones
Las consecuencias de una hipotética salida de EE.UU. de la OTAN para Europa y el orden internacional
A pesar de la contundencia de sus mensajes, el presidente se enfrenta a un complejo entramado legal que no existía en su primer mandato
La relación entre la Casa Blanca y sus aliados europeos ha entrado en una fase de máxima fricción este marzo de 2026, marcada por un Donald Trump que ya no oculta su frustración ante lo que considera una alianza desequilibrada. El detonante de esta crisis no ha sido otro que el estrecho de Ormuz, un punto vital para el petróleo mundial que hoy se encuentra bloqueado por el conflicto entre la coalición estadounidense-israelí e Irán.
Ante la negativa de las capitales europeas a enviar apoyo militar para reabrir el paso, Trump ha recuperado su amenaza más temida: la posible salida de Estados Unidos de la OTAN, calificando de paso a sus socios de «cobardes» por no secundar una guerra que Washington considera estratégica para todos.
A pesar de la contundencia de sus mensajes, donde asegura que no necesita al Congreso para romper el tratado, el presidente se enfrenta a un complejo entramado legal que no existía en su primer mandato. Una ley aprobada en 2023 exige ahora el respaldo de dos tercios del Senado para cualquier retirada formal, lo que convierte sus palabras en una herramienta de negociación agresiva más que en una realidad administrativa inmediata.
Sin embargo, el verdadero peligro no es el papeleo, sino el abandono de funciones. Si Estados Unidos decide dejar de financiar la estructura común o sugiere que no defenderá a un aliado atacado —por el momento ha aclarado que «no tiene nada en mente»—, el 'Artículo 5' de defensa mutua quedaría muy perjudicado, dejando a Europa en una situación de vulnerabilidad militar inédita desde la Segunda Guerra Mundial.
Soberanía, aranceles y defensa
Este distanciamiento se ve agravado por las crecientes tensiones sobre la soberanía de Groenlandia, donde Trump ha mezclado la seguridad nacional con intereses comerciales, llegando a amenazar con aranceles a los países europeos que protegen militarmente la isla frente a las ambiciones de Washington.
En este escenario, la OTAN se enfrenta a un desafío existencial donde el consenso brilla por su ausencia. Mientras Europa intenta evitar una escalada bélica en Oriente Medio apelando a la diplomacia, se encuentra con un socio principal que exige obediencia total a cambio de protección.
El resultado es una alianza que, aunque legalmente indivisible por ahora, se desangra políticamente ante la mirada de potencias como Rusia y China, que observan cómo el eje transatlántico se agrieta por momentos.