Kim Jong-un asediado por soldados mujeres de su ejército
Corea del Norte se aferra a su arsenal nuclear y desafía a la comunidad internacional
Kim Jong Un reafirma su estrategia «irreversible» tras ser reelegido y eleva la tensión al calificar a Corea del Sur como «el Estado más hostil»
El régimen de Corea del Norte ha reafirmado su desafío a la comunidad internacional al insistir en que no renunciará a su condición de potencia nuclear. Así lo proclamó su líder, Kim Jong Un, en un discurso ante la asamblea legislativa celebrado en Pionyang, recogido este martes por la agencia estatal KCNA.
Las palabras de Kim llegan apenas un día después de haber sido reelegido al frente de la Comisión de Asuntos de Estado, consolidando su control absoluto sobre el aparato político del país. En su intervención, el dirigente dejó claro que el programa nuclear no solo continuará, sino que se reforzará como «un rumbo irreversible».
«Seguiremos consolidando firmemente nuestra condición de Estado con armas nucleares», afirmó, al tiempo que abogó por intensificar la confrontación frente a lo que calificó como «fuerzas hostiles». En este sentido, subrayó que el desarrollo del arsenal atómico responde a un objetivo de disuasión y autodefensa, en línea con el mandato constitucional del régimen.
El discurso, de amplio alcance, abordó también cuestiones económicas, de defensa y de política exterior. En el terreno militar, Kim anunció la ampliación y perfeccionamiento del poder nuclear norcoreano, con el propósito de garantizar una «preparación precisa» ante posibles «amenazas estratégicas».
Especialmente duro fue su tono hacia Corea del Sur, a la que calificó como «el Estado más hostil». El líder norcoreano advirtió de que cualquier acción que, a su juicio, vulnere la soberanía del país será respondida «sin piedad» y «sin la menor vacilación».
Estas declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión en la península coreana y vuelven a poner de relieve el aislamiento internacional de un régimen que, bajo el mando de Kim desde 2011 —tras la muerte de su padre, Kim Jong Il—, mantiene una política de firmeza frente a Estados Unidos y sus aliados.
La reelección de Kim y el contenido de su discurso han sido interpretados por numerosos observadores como una nueva muestra de la falta de apertura del sistema norcoreano, cuyas elecciones son consideradas por los críticos como procesos sin competencia real, orientados a reforzar la legitimidad del poder establecido.