Cuba clama por libertad mientras Pablo Iglesias escenifica un 'circo solidario' a favor de la dictadura
La realidad es que el pueblo cubano nunca ha pedido, en las protestas, ni el fin del supuesto bloqueo de Estados Unidos ni una hora más de electricidad ni comida o medicinas, todos piden libertad y el fin de la dictadura
Pescadores regresan de faenar en una balsa improvisada en La Habana durante un apagón nacional el 22 de marzo de 2026
Las protestas continúan ocurriendo por todo el país, con marchas, cierres de avenidas y los constantes cacerolazos. La Policía y la Seguridad del Estado, ayudados por los chivatos, recorren los vecindarios para ubicar a los rebeldes y arrestarlos sin vacilación al amanecer, para hacerles pagar la osadía con cárcel y así sirva de escarmiento general.
En su desesperación por el avance ucraniano, las alarmantes cifras de bajas de su Ejército y la pérdida de territorio ya ocupado, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha enviado dos barcos petroleros a Cuba para intentar aparentar que no se queda de brazos cruzados ante le perdida de sus aliados en Venezuela y pronto en Irán. Un barco hace entrada y el otro, a partir del bloqueo decretado por Estados Unidos al abastecimiento ruso, decide desviarse hacia otro puerto del Caribe, lo que agrega humillación al mandatario ruso, quien se creía capaz de desafiar y presionar a Occidente.
En medio de la paupérrima vida de los cubanos, llega a La Habana el circo: «Convoy Nuestra América», en un intento «solidario» de extrema izquierda enarbolado por el español Pablo Iglesias; dichos visitantes se hospedan en hoteles de lujo, demostrando una vez más que, desde la comodidad del turista y de la ideología marxista, se puede resistir, una visión que está muy lejos de la miseria que vive el pueblo de Cuba; porque esos vídeos para las redes desde esas ventanas de hoteles no cuentan la verdad de lo que ocurre ni piensa ni quiere el pueblo de a pie.
Otro de la misma estirpe de Iglesias, es el streamer político Hasan Piker, quien también desde otra habitación con aire acondicionado, cree adivinar la realidad de los cubanos y culpa a Donald Trump de las desgracias en Cuba.
El espécimen político dominicano y radicado en Estados Unidos, Manolo de los Santos, que para brindar algún detalle podemos decir que festejó el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 y lo catalogó de acto «heroico», y que ha pedido que Israel sea «borrado de la historia», además de dedicarse a publicar fotos de miembros terroristas, también se presenta en La Habana para pedir que los cubanos hambrientos continúen bajo la bota comunista.
Desde mi niñez, en la década de 1970, los apagones y las escaseces ya existían en Cuba. En ese entonces vivíamos pegados a la teta del campo socialista y todo parecía más fácil. Y Fidel Castro, teniendo la oportunidad de industrializar el país, se dedicó a exportar guerras civiles a través de toda América, que como el convoy, reclamaba ser suya, África y otros lares en los que se diera la oportunidad, y malogró una economía con la que pudo salvar lo que vendría después; pero el futuro del cubano fue lo que menos le interesó.
Los cubanos solo le servían para enviar de soldados como carne de cañón a Siria, Angola y Etiopía, entre otros muchos conflictos armados, y luego exportar también, como negocio lucrativo de alquiler, contratos de médicos y entrenadores deportivos, que también hacían tarea de portavoces ideológicos entre la población que atendían.
Para colmo y en pleno desarrollo, ocurre otro colapso energético nacional, lo que le parece divertido a los integrantes del convoy, y se apuran en grabar para demostrar que se sacrifican, al menos unos minutos hasta que arrancan la planta eléctrica del hotel donde se alojan.
Y como parte de todo acto circense llegan los payasos: Silvio Rodríguez, para congraciarse con la flotilla de izquierdosos, pide un AKM (fusil) para defender a Cuba si es invadida. Acto y seguido ante las cámaras de televisión, aparece el mandatario Miguel Díaz-Canel y el jefe de Ejército para entregarle el arma que el canta-autor observa con desgana y sin tener la más mínima idea de qué se podría hacer con ella.
El régimen cubano, cercado por las presiones y las negociaciones con Washington, hace uso de la propaganda ideológica como medida desesperada, han tenido que importarla –como esta supuesta solidaridad internacional de la flotilla– a falta de apoyo popular interno, y montan el circo en unos medios de propaganda ya desacreditados ante tantas mentiras y manipulaciones. La realidad es que el pueblo cubano nunca ha pedido, en las protestas, ni el fin del supuesto bloqueo de Estados Unidos ni una hora más de electricidad ni un poco más de comida o medicinas, todos piden libertad y el fin de la dictadura, saben que solo así tendrán prosperidad.