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La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en RomaEFE

Italia  Estas son las razones del revés de Meloni en el referéndum

El exportavoz parlamentario Luca Volontè y el cronista parlamentario Giuseppe Rusconi explican en El Debate el nuevo escenario político italiano

Una participación excepcional para este tipo de consultas y, al final, una derrota de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, por más de siete puntos: 53,7 % contra 46,3 %. Por lo tanto, no entrarán en vigor las medidas de la reforma del sistema italiano de Justicia, empezando por la separación de las carreras judicial y fiscal. Meloni había apostado fuerte para sacar adelante, con el concurso popular, su último proyecto estrella.

Mas una serie de errores en cadena ha desemboscado en un revés político. Preguntado por El Debate, Giuseppe Rusconi, de la publicación digital Rosso Porpora, que combina las funciones de vaticanista con las de cronista parlamentario. En primer lugar, señala a las explicaciones sobre el contenido de la reforma: «Resultaron demasiado técnicas para la gran mayoría de los votantes».

En segundo lugar, Rusconi recuerda que «en las últimas semanas se han producido ataques violentos y generalizados contra el poder judicial, al que ministros y altos funcionarios han calificado de organización mafiosa o de pelotón de fusilamiento». De a ahí que «muchos votantes hayan tenido la impresión de que el poder judicial –que ciertamente no es inmune a los errores en sus sentencias ni a la ideología de los individuos– estaba destinado a ser sometido al poder ejecutivo, despojándolo de la autonomía consagrada en la separación de poderes».

Por último, «el resultado también se vio influenciado por la personalización que Giorgia Meloni, para salvar lo que se pudiera, intentó imprimir a la votación en los últimos días: sin duda, la primera ministra movilizó a un sector del electorado de centroderecha (aunque una minoría considerable votó en contra), pero sobre todo, movilizó al electorado de centroizquierda y recuperó a muchos abstencionistas, principalmente jóvenes, que en su mayoría votaron en contra».

Rusconi insiste sobre los ataques a magistrados, si bien añade un matiz: «Han brindado a la oposición la oportunidad de movilizarse en nombre de la Constitución republicana. Sin embargo, no creo que estos ataques hayan sido decisivos». «Más bien», precisa, «percibo un resultado electoral que reveló un descontento generalizado, incluso entre jóvenes de todas las generaciones, con un Gobierno que se muestra ambiguo en temas como la paz, las armas y la guerra, y esencialmente sumiso tanto a Estados Unidos como a la industria armamentística».

Tampoco quiere obviar el voto católico, siempre tan decisivo en Italia, una gran parte del catolicismo italiano ha apoyado, tanto abierta como encubiertamente, los argumentos a favor del No, aunque la Conferencia Episcopal se ha mantenido oficialmente neutral.

Por su parte, Luca Volontè, exdiputado y antiguo portavoz parlamentario de la Unión Demócrata de Centro –heredera de la Democracia Cristiana y formación bisagra de los gobiernos de Silvio Berlusconi– no cree, a diferencia de Rusconi, que Meloni esté debilitada por la derrota. Prefiere ver el vaso medio lleno: «Muchos de los que votaron No han declarado que habrían aprobado reformas implementadas mediante leyes ordinarias». De ahí que «para el Gobierno de Meloni, esta es una gran oportunidad para presentar y asegurar la aprobación de nuevas reformas judiciales mediante leyes ordinarias antes de Navidad, desafiando a la oposición en su propio terreno».

Al mismo tiempo, precisa, «todo el Gobierno de centroderecha debe realizar un análisis exhaustivo de los datos y los votos desfavorables a la reforma, incluso en las regiones italianas donde el centroderecha ha gobernado durante muchos años. Finalmente, se debe reflexionar seriamente sobre las causas de los escándalos, grandes y pequeños, provocados por políticos de centroderecha que con demasiada frecuencia ensombrecen el buen trabajo del Gobierno». Una alusión apenas velada, aunque no es el único, a determinadas actuaciones del secretario de Estado de Justicia, el controvertido Andrea Delmanstro Delle Vedove.

Rusconi: «El Gobierno –que incluye a algunas figuras objetivamente cuestionables– ya no puede permitirse errores antes de las elecciones de 2027. A menos que se convoquen anticipadamente, porque Giorgia Meloni –quien siente que su carisma se ha debilitado, sobre todo entre las generaciones más jóvenes [ahí coincide con Volontè no se conforma con salir del paso. Pero tendrá que hacerlo durante más de un año, por lo que la reforma de la ley electoral corre el riesgo de quedar archivada». Al igual, por cierto, que las reformas sobre la autonomía de las regiones y de fortalecimiento del poder ejecutivo, hoy estancadas.

Volinté destaca, asimismo, como otra baza para Meloni, la diversidad irreconciliable del frente del No: «Está plagado de primas donnas y líderes rivales, todos unidos contra Giorgia Meloni, la amenaza pseudofascista y la coalición de centroderecha». En su opinión, «los únicos puntos de verdadera unidad programática entre los partidos de esta coalición son los valores negativos del aborto, la ideología Lgtbi la inmigración irregular e incontrolada y la sustitución étnica, cultural y religiosa de la civilización del país, un antisemitismo arraigado, el deseo de un nuevo centralismo europeo y una fuerte aversión a la Administración Trump». Conclusión: «En este sentido, los llamados vencedores no son solo una coalición negativa; son una verdadera camarilla que amenaza el futuro del país».