Un ciclista en Teherán, Irán, 22 de marzo de 2026
Los planes opuestos de Irán y Estados Unidos que tensan las negociaciones y amenazan con escalar la guerra
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en la tarde de este jueves (hora de Washington), y a escasas horas de que expirara su ultimátum a Irán, que extendía el plazo diez días más, concretamente hasta el próximo 6 de abril, para atacar las plantas energéticas del país. Previamente, durante una reunión con su Gabinete en la Casa Blanca, y a preguntas de los periodistas, ya había dejado caer que daría nuevos plazos al régimen iraní porque «está suplicando llegar a un acuerdo». Horas después, y a través de una publicación en su red social Truth Social, Trump ratificó lo que ya había sugerido.
«A petición del Gobierno iraní», remarcó el republicano, «declaro que voy a aplazar diez días el plazo para la destrucción de la central energética, hasta el lunes 6 de abril de 2026 a las 20:00 horas, hora del Este». «Las negociaciones siguen en curso y, a pesar de las declaraciones erróneas en sentido contrario difundidas por los medios de comunicación sensacionalistas y otros, están avanzando muy bien», insistió. Por su parte, el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, confirmó oficialmente que había entregado a la República Islámica, por mediación de Pakistán, una propuesta de 15 puntos para poner fin a la guerra.
Witkoff reconoció que se enfrentan a «conversaciones diplomáticas delicadas» y que ha recibido indicaciones del propio Trump de «mantener la confidencialidad» de los términos y «no negociar a través de los medios de comunicación». A diferencia de ocasiones anteriores, se desconocen los términos exactos del plan de Estados Unidos, mientras que Irán –que negó la existencia de estos contactos hasta este lunes– rechazó frontalmente la oferta de Washington y presentó sus propias condiciones. En este punto, las exigencias de las partes son completamente contrarias, lo que tensa las conversaciones indirectas y hace presagiar una escalada del conflicto.
De lo poco que ha trascendido del plan de Trump, se presume una copia prácticamente idéntica a la que ya se estaba negociando el pasado mes de febrero, días antes de que Estados Unidos e Israel lanzaran la ofensiva conjunta contra Irán el 28 de febrero. Entre los principales puntos, Washington exige que Teherán desmantele las tres principales instalaciones nucleares del país –Isfahán, Natanz y Fordow–, limite su programa de misiles balísticos, entregue todo el uranio enriquecido que aún almacena –unos 450 kilos–, deje de apoyar a las milicias terroristas de la región y reabra el estrecho de Ormuz. A cambio, ofrece el levantamiento de todas las sanciones internacionales.
La República Islámica ha calificado estas demandas de «excesivas» y ha presentado las suyas, que chocan frontalmente con las de su contraparte. El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, dejó clara la postura de su país en unas declaraciones en la noche de este miércoles: «Actualmente, nuestra política es continuar la resistencia y defender el país, y no tenemos intención de negociar». «Los mensajes que se transmiten a través de nuestros países amigos, y nuestra respuesta declarando nuestras posiciones o emitiendo las advertencias necesarias, no se llaman negociación ni diálogo», advirtió Araghchi.
Irán ha resumido su plan en siete puntos concretos: el levantamiento de todas las sanciones internacionales, reparaciones de su infraestructura, el fin de los ataques de Israel contra Hezbolá en el Líbano, mantener su programa de misiles balísticos, el cierre de todas las bases militares de Estados Unidos en el Golfo, garantías de que el conflicto no se reanudará y un nuevo acuerdo para el estrecho de Ormuz que permita a Irán cobrar tasas –ahora lo hace en yuanes– a los buques que transiten por esa vía marítima. Sobre este último punto, el Parlamento iraní se ha puesto manos a la obra y ya prepara una ley para implantar peajes en este estratégico paso y que así «se reconozca legalmente la soberanía, el dominio y la supervisión de Irán» sobre Ormuz.
Además, y después de que Israel matara en un ataque en la noche de este miércoles contra la ciudad portuaria de Bandar Abbás al comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Alireza Tangsiri, responsable del cierre de este estratégico paso, el régimen ha redoblado sus amenazas de hostigar a cualquier embarcación que atraviese esta ruta. «Se prohíbe el movimiento de cualquier buque 'hacia y desde' los puertos de origen de aliados y enemigos desde cualquier corredor», advirtió este viernes la Guardia Revolucionaria iraní en un comunicado recogido por la agencia oficial de noticias Tasnim.
Con todo, y ante un posible colapso de las negociaciones, tanto Estados Unidos como Irán acumulan fuerzas para una escalada del conflicto. Según informó The Wall Street Journal este jueves, el Pentágono contempla enviar 10.000 soldados más a Oriente Medio. Este desplazamiento, como asegura el medio estadounidense, contaría con infantería y vehículos blindados para ofrecer más opciones militares al presidente de Estados Unidos y hace presagiar una operación terrestre, ya sea la toma de islas estratégicas como Kharg, Larak o Qeshm o la confiscación del uranio enriquecido enterrado en el territorio continental. La República Islámica, por su parte, han anunciado la movilización de un millón de combatientes.