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CrónicaInmaculada BalbasAmán

El turismo en Oriente Medio: la víctima colateral de la guerra que provoca pérdidas multimillonarias

El conflicto bélico, que va camino de cumplir un mes, estaría costando al turismo de los países de la zona hasta 600 millones de dólares por día

El Rey Abdalá II de Jordania rezando en la madrugada por el Eid al-Fitr, que marca el final de Ramadán, en la Mezquita de la Guardia Real en Áqaba eAFP

Desde que comenzó la guerra entre Israel y EE.UU. contra Irán el 28 de febrero, los misiles de Irán en represalia no sólo han alcanzado a Israel: embajadas, bases militares y sucursales bancarias han sido objeto de ataques en los países vecinos, que han adoptado una política de neutralidad. La inestabilidad regional ha provocado la huida de turistas e incluso extranjeros residentes de la región, que han buscado ser repatriados.

Según estimaciones del Consejo Mundial de Viajes y Turismo recogidas por el Financial Times, la guerra, que ya dura casi un mes, estaría costando al turismo de los países de la zona hasta 600 millones de dólares por día.

Petra está vacío. Uno de las joyas de Oriente Medio y de las siete maravillas del mundo que antes de la guerra atraía cientos de personas cada día, apenas recibe turistas.

La economía beduina local, que vive de ello, está paralizada. Sin turistas, los dueños de los pequeños puestos que se encuentran a ambos lados del camino hacia el monasterio de Ad Deir, –uno de los recintos más monumentales que se encuentran en la ciudad antigua de Petra– no tienen ingresos.

Rasmia, dueña de uno de estos puestos, explica que necesita clientes para poder mantener a su familia. «Compra algo por favor. Las mujeres apoyan a las mujeres. Necesito llevar algo de comida hoy a mis hijos» me suplica.

Aunque la guerra no esté afectando de forma directa a países neutrales como Jordania, al encontrarse en la región los turistas tienen miedo de viajar. Esto explica que gran parte de su economía, que se sostiene gracias a este y a los servicios, hayan disminuido notablemente.

En Jordania, por ejemplo, el sector servicios es el que tiene más peso en la economía: el turismo, la banca, los seguros, y las tecnologías de la información representaban el 74,7% del PIB en el 2023, según datos de la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.

El economista Raúl Fernández Abad explica que son precisamente los negocios locales los primeros en quebrar, pues ofertan productos que son atractivos para los extranjeros, pero que no interesan a los compradores locales. «Este tipo de negocios, si la falta de turistas se extiende a lo largo del tiempo y no logran reinventarse, acaban cerrando», concluye.

Para Mohamed, guía turístico beduino (pueblo seminómada del desierto) que vive en las cuevas aledañas a la ciudad antigua de Petra, la guerra esta causando estragos. Explica que antes, «recibíamos a 50, 60 e incluso más de cien personas por día. Hoy he visto a solo un par de extranjeros», cuenta. También comenta que los misiles que cruzan el espacio aéreo jordano se ven claramente desde allí. «Muchas veces duermo aquí, al raso» continúa, mientras con un gesto abarca todo el horizonte. «Desde aquí veo todo… Israel, Palestina, el mar muerto (…) en la noche veo los misiles, como estrellas fugaces».

La falta de turistas no sólo se nota sobre el terreno, también en los aeropuertos. El de Amán se encuentra mucho más vacío que de costumbre, como corroboran los trabajadores.

Aunque las aerolíneas no se ven tan gravemente afectadas como los negocios locales, pues pueden ofertar otros destinos, son uno de los negocios que más sufren la guerra, relata el economista.

Las aerolíneas

De hecho, una vez dentro del avión destino Dubái, el personal de cabina hace un anuncio por megafonía: «El vuelo saldrá con cierto retraso. El espacio aéreo está sufriendo intercepciones. Disculpen las molestias».

A pesar del anuncio, Hassan, ingeniero eléctrico jordano que reside en Arabia Saudí, explica que no se pone nervioso por las injerencias anunciadas –probablemente misiles lanzados desde Irán hacia Israel, que atraviesan el espacio aéreo jordano– porque los países neutrales de la zona «son lo mas seguro de Oriente, aunque ahora con esta guerra que, inshallah (si dios quiere en árabe), acabará pronto, no hay lugar seguro al 100%».

Sidatrt, trabajador nepalí del aeropuerto de Dubai –uno de las más grandes y transitados del mundo, que en 2025 llegó a recibir a 92 millones de pasajeros y cerca del cual el 16 de marzo un ataque con drones provocó un incendio y obligó a suspender vuelos durante varios días– no coincide con Hassan, él si tiene miedo. «En mi país no pasan estas cosas. También hay muchos menos turistas, la gente está asustada. Lo que más se ve por aquí son residentes de la zona», concluye.

Jack, turista puertorriqueño que vuelve a España tras visitar a sus padres en Israel, donde se encontraba cuando estalló la guerra, afirma que el estado hebreo es seguro. «Todo el mundo tiene búnkeres en sus casas», declara.

Para Abad, el problema con el turismo en determinadas zonas, aunque sea motivado por motivos religiosos como Jerusalén o La Meca, es que, aunque el conflicto finalice, el turismo tarda por lo menos uno o dos años a igualar el nivel de antes de que estallase el conflicto, puesto que «la recuperación nunca es inmediata, la gente va a seguir teniendo miedo y a tomar precauciones por un tiempo».

«Una forma de atraer clientes tras el conflicto sería una bajada de precios agresiva, para hacer más atractivos estos destinos en zonas percibidas como poco seguras... sin embargo, no estamos en ese momento, puesto que este conflicto parece que va a alargarse en el tiempo y que se va a quedar enquistado en la región», concluye.