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Zoé Valdés
AnálisisZoé Valdés

La situación de los jóvenes cristianos perseguidos y encarcelados en Cuba

El panorama cubano exige que la comunidad internacional preste atención y brinde apoyo a quienes sufren por defender su fe y sus convicciones

Una mujer empuja un carrito con su hija frente a la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén en La Habana

Una mujer empuja un carrito con su hija frente a la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén en La HabanaAFP

En Cuba, la represión contra jóvenes cristianos ha cobrado especial relevancia en los últimos años, reflejándose en casos como los de Christian De Jesús Crespo Álvarez y Jonathan Muir, ambos de 16 años. Crespo Álvarez fue encarcelado por motivos que aún generan preocupación entre organizaciones de derechos humanos; su padre, Odelsis Crespo, señaló que desconoce el paradero actual de su hijo. «No sé dónde se encuentra», dijo y afirmó que otros adolescentes de entre 14 y 17 años también estarían detenidos en relación con los mismos hechos.

Mientras que Jonathan Muir, hijo del pastor Eliel Muir Ávila, enfrenta una situación aún más delicada: se encuentra gravemente enfermo y, pese a su edad, permanece privado de libertad. Ariane González informó desde Radio Martí que: «De acuerdo con el líder religioso, la familia del menor –sus padres, el pastor Eliel Muir Ávila y Minervina Burgos, junto a sus hermanos– pudo verlo, abrazarlo, entregarle una Biblia y orar con él, tras semanas sin contacto».

El niño Jonathan Muir fue detenido tras las protestas del 13 de marzo en Morón, al norte de la provincia de Ciego de Ávila, en una de las manifestaciones antigubernamentales más intensas de los últimos meses, en medio de apagones prolongados, escasez de alimentos y una creciente tensión social en la isla. Tanto Christian como Jonathan han sido encerrados en prisiones para adultos.

La persecución religiosa en la isla afecta a jóvenes como Anna Bensi, quien hasta hace poco se encontraba junto a su madre bajo detención domiciliaria. Su caso es emblemático de la presión que sufren quienes practican el cristianismo en un entorno donde la libertad religiosa está restringida, y han decidido expresarse mediante las redes sociales y eventos artísticos, didácticos, religiosos. Las autoridades cubanas suelen utilizar estas medidas para intimidar y limitar la acción de las comunidades cristianas.

La Fiscalía Provincial de La Habana dispuso este lunes el «archivo definitivo» de la denuncia contra la creadora de contenidos Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, y su madre, Caridad Silvente, quienes tenían un proceso investigativo abierto en su contra por un presunto delito relacionado con la difusión de imágenes en redes sociales. Con esta decisión, también quedaron sin efecto las medidas de reclusión domiciliaria y la restricción migratoria que pesaban sobre ambas desde inicios de marzo.

En Facebook, la joven explicó que, tras ser notificadas en una unidad policial de Alamar, fue sometida a un interrogatorio de más de dos horas. Según Anna Bensi, la conclusión del interrogatorio con la Contrainteligencia de la Dictadura Cubana fue manipularla a través de un guion amistoso, mostrando preocupación por ella y tratando de reclutarla mediante la música, además de sugerirle que se calle, se reúna con su familia o lamente pasar sus días de juventud encerrada en prisión penitenciaria.

Por otro lado, los jóvenes del grupo conocido como El4tico, Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, fueron objeto de vigilancia y hostigamiento por parte del régimen durante varias semanas, evidenciando el temor del Gobierno ante la organización y movilización de la juventud contestataria opositora, otra nueva juventud rebelde que en nada tiene que ver con la generación que impuso el castro-comunismo como régimen represivo en la isla; finalmente encarcelados, al parecer están siendo torturados psicológicamente y chantajeados con relación a la seguridad de sus familiares, entre los que hay una niña pequeña, hija de Ernesto Ricardo. Estas acciones generan un clima de inseguridad y vulnerabilidad para jóvenes cuyos derechos fundamentales se ven gravemente afectados.

La situación de estos menores de edad encarcelados y jóvenes perseguidos más tarde invariablemente encarcelados por sus actividades libertarias y creencias religiosas, sus discursos irreverentes, pone de manifiesto la necesidad urgente de garantías legales y de protección internacional. El caso de Jonathan Muir, además, subraya la falta de atención médica adecuada y el riesgo que enfrentan los jóvenes enfermos bajo custodia estatal, lo que sus padres han denunciado. El panorama cubano exige que la comunidad internacional preste atención y brinde apoyo a quienes sufren por defender su fe y sus convicciones.

Como dice la compositora y cantante Lucrecia, en el tema que es banda sonora de Balseros: «¿Qué le pasa al Santo Padre, no ve que le están matando a su paloma?».

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