El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el de China, Xi Jinping en una foto de archivo
El régimen de Pekín fija como prioridad el tema de Taiwán en la futura cumbre Trump-Xi Jinping
El próximo 14 y 15 de mayo, el presidente Trump visitará China en una cumbre enmarcada en el bloqueo del estrecho de Ormuz y la batalla por el dominio tecnológico, pero centrada en Taiwán
China ha dejado claro que durante la visita del presidente estadounidense Donald Trump a Pekín y su encuentro con Xi Jinping el asunto de Taiwán ocupará un lugar prioritario en su agenda mostrando que es el principal punto de tensión entre ambos países.
En la última llamada telefónica sostenida en febrero entre Xi y Trump conversaron sobre Taiwán y una amplia gama de temas comerciales, tecnológicos y de seguridad que son clave en la relación de las dos mayores economías del mundo.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de China afirmó en un comunicado la semana pasada que Taiwán es el «núcleo de los intereses fundamentales» de China y la «base política de las relaciones entre China y Estados Unidos».
La priorización del «asunto» Taiwán, que implica el futuro de 23 millones de personas que viven en la isla, supone un cambio radical con respecto a la reunión de ambos líderes con Corea del Sur en octubre del año pasado, donde dejaron deliberadamente el tema de lado.
El cambio se debe, en parte, a que en diciembre, Estados Unidos anunció el mayor acuerdo de venta de armas a Taiwán hasta la fecha, que incluye 11.100 millones de dólares en armamento que, en teoría, podría utilizarse para defenderse de un ataque chino.
El régimen comunista chino, que considera a Taiwán como parte de su territorio, advirtió entonces que «Estados Unidos debe gestionar con mucho cuidado la venta de armas a Taiwán».
Si bien Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas formales con China también mantiene vínculos no oficiales con Taiwán, siendo su principal proveedor de armas dado que Washington está obligado por ley a proporcionar al Gobierno de Taipéi los medios necesarios para defenderse.
Washington aplica la política de «una sola China», por la cual oficialmente no toma posición sobre la soberanía de Taiwán y solo reconoce, pero no acepta, la postura de China comunista, que reclama la isla como propia. Estados Unidos sostiene que «no apoya» la independencia de Taiwán, pero que la ayudará en su derecho a la autodefensa.
En una cumbre con el expresidente Joe Biden en 2024, Xi le pidió que cambiara el lenguaje estadounidense sobre Taiwán de la versión actual a «nos oponemos a la independencia de Taiwán», pero Estados Unidos se ha negado a realizar el cambio.
China más agresiva que nunca
«En lo que respecta a Taiwán, la lógica es simple: si Estados Unidos no quiere librar una guerra importante con China por Taiwán, no debería apoyar la independencia de Taiwán», dijo a Reuters Wu Xinbo, decano del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Fudan, quien forma parte del consejo asesor de políticas del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.
«Trump no tiene ningún interés en ir a la guerra con China. Para evitar un conflicto importante en el que se vea involucrado Estados Unidos, debería dejar claro que no apoyará la independencia ni tomará medidas que fomenten una agenda política separatista» agregó Xinbo.
Taipéi muy atento a cualquier cambio
Taipéi estará atento a cualquier señal de cambio de postura de EE.UU. durante la visita de Trump, a Pekín donde a cambio de suavizar o replantear la política estadounidense de larga data hacia Taiwán podría recibir ofrecimiento de compra de aviones o productos agrícolas estadounidenses.
Sin embargo, los funcionarios de la administración Trump han afirmado repetidamente que no ha habido ningún cambio en la política hacia Taiwán y han condenado sistemáticamente al régimen de Pekín por la presión que ejerce contra la isla.
Taiwán, una potencia en la industria de los semiconductores, ocupa un lugar central en el equilibrio militar del Pacífico occidental, por lo que incluso un cambio sutil en la retórica estadounidense podría afectar la percepción de Pekín sobre la determinación de Estados Unidos de continuar su apoyo a la isla.
El exasesor de Trump, Robert O'Brien, afirmó a Reuters que no se convertiría en «el primer presidente estadounidense en perder Taiwán. Ese no sería un objetivo que Donald Trump se planteara. Ese no es el legado que desea dejar».
Para Estados Unidos, lo que está en juego también es importante dada la ubicación estratégica de Taiwán, ya que es el lugar donde Washington utiliza discretamente las estaciones de radar avanzadas y los puestos de escucha situados en lo alto de las montañas de Taiwán, que apuntan hacia China, según fuentes de seguridad.
«¿De verdad quiere Estados Unidos perder uno de sus mejores emplazamientos para recabar información de inteligencia sobre China?», dijo a Reuters una fuente de seguridad occidental, que habló bajo condición de anonimato debido a la delicadeza de hablar de asuntos de seguridad.
A escasos días de la cumbre, los taiwaneses redoblan esfuerzos diplomáticos para evitar cualquier cambio del estatus quo en la cuestión de Taiwán. «Utilizaremos el tiempo restante para intensificar la comunicación política con Estados Unidos» señaló a Reuters Shen Yu-chung, viceministro del Consejo de Asuntos Continentales de Taiwán, organismo encargado de formular la política hacia China.