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Venezuela, auxilio y poder en un país sostenido por otros

Esta tragedia puede transformarse en un punto de inflexión: una oportunidad para unirnos, estabilizar el país, celebrar elecciones libres y devolverle a Venezuela la posibilidad de caminar nuevamente hacia una democracia plena

Escenas del terremoto de Venezuela y saqueos

Escenas del terremoto de Venezuela y saqueosAFP

La ayuda humanitaria tiene siempre una prioridad, salvar vidas. El doble terremoto del 24 de junio, dejó una cifra de miles y miles de fallecidos. La Guaira, Caracas, Yaracuy y sus alrededores no son hoy nombres en un mapa, sino heridas abiertas. Pero el seísmo no causó la ruina venezolana, la hizo visible.

La respuesta internacional ha sido amplia. República Dominicana llegó primero. México envió 250 rescatistas; El Salvador, 188; España, cerca de un centenar; Colombia, 63. Suiza y Alemania aportaron perros y equipos acústicos. Francia, Italia, Qatar, China y Brasil ofrecieron ayuda. Todo eso debe agradecerse sin mezquindad. En una tragedia, la primera obligación moral es socorrer, no preguntar de qué bandera viene la camilla. Este primer dato nunca hubiera pasado con el chavismo, para quienes lo importante no es la vida salvada, sino la ideología de la ayuda.

Pero el protagonista ha sido Estados Unidos quien desplegó de modo inmediato todo un sistema a cargo del Mayor General Kevin Jarred quien centraliza toda la operación nacional e internacional a través de un CMOC: Civil-Military Operations Center, el centro donde se coordinan los equipos de rescate enviados. Adicionalmente, Washington anunció 150 millones de dólares, 50 para organizaciones en el terreno World Vision, Samaritan’s Purse, Catholic Relief Services, International Medical Corps, OIM y Programa Mundial de Alimentos y 100 a través del fondo de Naciones Unidas. El Comando Sur desplegó C-17, MV-22 Osprey, helicópteros CH-47 desde Honduras, imágenes satelitales de la Fuerza Espacial y los buques USS Fort Lauderdale y USS Billings. Además, evaluó el puerto de La Guaira. El Tesoro flexibilizó sanciones del 26 de junio al 23 de octubre para permitir transacciones de socorro. Hechos, no consignas.

La interpretación: ayuda y poder

La paradoja es evidente. La ayuda salva vidas y, al mismo tiempo, ordena poder en una Venezuela donde quedó demostrado que no hay Estado. Desde la captura de Nicolás Maduro a comienzos de enero, Venezuela funciona en la práctica como un protectorado norteamericano. Delcy Rodríguez agradeció a Trump y mantiene contacto directo con Washington. Trump, además, enlazó públicamente la ayuda con el control del petróleo venezolano. La asistencia llega a un país donde la soberanía está rota.

Hay quien dirá, con razón, que sin Estados Unidos hoy habría más muertos. Que un Estado devastado, con hospitales colapsados antes del sismo y atención improvisada en pasillos y calles, necesitaba músculo externo. Es cierto. También es cierto que, en política, quien rescata gana autoridad. Aquí aparece la pregunta que todos se hacen: ¿Esta ayuda abre un puente hacia una transición democrática o consolida una estabilidad autoritaria gestionable?

La distribución ya muestra señales. Unas 200 toneladas de ayuda siguen retenidas en zonas fronterizas. El gobierno centraliza, restringe accesos y hay denuncias de obstáculos a voluntarios. Delcy fue increpada en un barrio de Caracas al grito de «¡Fuera!». Su desaprobación ya venía en ascenso, hasta 59 % en mayo. La catástrofe no suspendió la política; la aceleró.

La legitimidad postergada

El caso de María Corina Machado resume el dilema. María Corina en el exilio anunció su pronto regreso. Washington lo frenó. Funcionarios norteamericanos calificaron su reclamo de inoportuno y de truco político, priorizando el trabajo con el gobierno interino de Rodríguez. Esto abre otro debate, quienes argumentan prudencia dicen que, en medio de la ayuda a la gente, se alzaría una disputa de liderazgo que puede ser contraproducente. Pero también hay quienes lo ven al revés: si la legitimidad siempre resulta inoportuna, nunca llega. María Corina debe poder ir cuando quiera para ayudar. Adicionalmente, tengamos a la vista que el 2 de julio vence el plazo constitucional del gobierno provisional, así se quiera negar.

La tragedia puede servir para esconder esa pregunta bajo los escombros. Ya ocurrió antes: el chavismo capitalizó las inundaciones de 1999 para militarizar y centralizar; Cuba convirtió huracanes en control; el PRI mexicano se desgastó por su gestión del terremoto de 1985. Los desastres revelan lo peor de los regímenes políticos.

Venezuela necesita ayuda, y la recibe con gratitud. Pero esa ayuda puede ser mucho más que asistencia de emergencia, puede convertirse en el punto de partida de un gran acuerdo nacional e internacional para sanar, estabilizar y reconstruir. El terremoto mostró edificios vulnerables, hospitales agotados y servicios insuficientes; pero también abrió una oportunidad para que el país, acompañado por sus aliados, avance hacia instituciones más fuertes, seguridad jurídica, recuperación material y un horizonte democrático claro.

La catástrofe nos obliga a levantar paredes, sí, pero también confianza. Nos recuerda que Venezuela no puede reconstruirse solo con cemento, sino con ley, voto, responsabilidad y futuro compartido. Si la solidaridad internacional, el esfuerzo de los venezolanos y una ruta política seria logran encontrarse, esta tragedia puede transformarse en un punto de inflexión: una oportunidad para unirnos, estabilizar el país, celebrar elecciones libres y devolverle a Venezuela la posibilidad de caminar nuevamente hacia una democracia plena.

  • Julio Borges Yunyent es fundador del partido político venezolano Primero Justicia
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