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CrónicaDaniela Brik

Los nuevos reclutas de Irán: la silenciosa caza de espías en Israel

La novedad no reside en que Irán trate de obtener información sobre Israel. Lo que preocupa ahora a las autoridades israelíes es el método: la búsqueda de colaboradores entre ciudadanos corrientes. Los intentos de captación han crecido en torno al 400 % en 2025

Recreación de un agente iraní tratando de captar espías israelíesShutterstock.

Los intentos por parte de Irán de reclutar ciudadanos israelíes o residentes en Israel mediante redes sociales se han multiplicado exponencialmente desde 2024. El goteo sin freno de casos judiciales y las advertencias del Servicio de Seguridad Interior de Israel (Shin Bet) muestran cómo Teherán trata de convertir a personas corrientes en colaboradores de su inteligencia mediante un proceso gradual de captación. La principal motivación, la económica.

Todo comienza con un mensaje en hebreo en una popular red social. El perfil aparentemente parece el de cualquier israelí. Asegura encontrarse destinado en el sur del Líbano cumpliendo su servicio obligatorio como reservista. La conversación avanza con naturalidad. Hay referencias compartidas, bromas y ese tono de camaradería tan habitual entre quienes han pasado por el Ejército.

Sin embargo, algo no terminaba de encajar. No es el vocabulario, sino la forma de expresarse. El hebreo era correcto, pero los giros sonaban extraños, demasiado artificiales para alguien que aseguraba haber nacido y crecido en Israel. Como si el idioma hubiera sido aprendido, pero no vivido.

Entonces ese interlocutor espontáneo lanza una pregunta aparentemente inocente.

-¿Dónde estás ahora?

Y la conversación terminó ahí. El israelí bloqueó inmediatamente el contacto. Nunca sabrá quién estaba realmente al otro lado de la pantalla. Podría haber sido un intento de fraude. O el primer paso de una operación de reclutamiento.

Lo cierto es que escenas como ésta ya no son excepcionales. No lo son para israelíes que residen en el Estado judío ni para los que lo hacen en el exterior. Paradójicamente, Israel ha empleado técnicas similares para reclutar informantes en sociedades enemigas, por lo que muchos de los que reciben estos mensajes tienen sospechas fundadas de su procedencia e intenciones.

Del caso aislado al patrón

Desde 2024, el Shin Bet viene alertando de un incremento sostenido de los intentos de captación de ciudadanos por parte de operativos iraníes. Las cifras difundidas por el organismo apuntan a un crecimiento cercano al 400 % en 2025 respecto al año anterior, ya de por sí con cifras muy elevadas, y a un rosario de investigaciones y detenciones.

La novedad no reside en que Irán trate de obtener información sobre Israel. Esa rivalidad forma parte desde hace décadas del pulso entre ambos países en un contexto de guerra híbrida. Lo que preocupa ahora a las autoridades israelíes es el método: la búsqueda de colaboradores entre ciudadanos corrientes, muchos de ellos sin experiencia previa en actividades clandestinas y captados mediante redes sociales, aplicaciones de mensajería o plataformas digitales.

Las sucesivas acusaciones presentadas por la Fiscalía israelí desde 2024 dibujan un patrón que se repite con sorprendente frecuencia.

Cómo fabricar un espía

La mayoría de los casos conocidos comienzan de forma casi idéntica. Un mensaje privado. Una conversación aparentemente inocente. Un interlocutor que se presenta como un israelí, un soldado, un empresario, un periodista o simplemente alguien interesado en entablar amistad.

Durante días o semanas se construye una relación de confianza. Después llegan los primeros encargos. Fotografiar una calle. Confirmar una dirección. Realizar un grafiti. Grabar un edificio. Entregar un paquete.

Todo ello a cambio de pequeñas cantidades de dinero, en la mayoría de los casos en criptomonedas o cuentas en el extranjero.

Solo cuando la relación se consolida aparecen peticiones más sensibles: instalaciones militares, infraestructuras estratégicas, movimientos de personal o información sobre personas concretas. Según las investigaciones israelíes, la progresión no es casual. Los encargos aumentan gradualmente para acostumbrar al reclutado a cruzar límites cada vez mayores.

El ejemplo más reciente ilustra la evolución de esta estrategia. A comienzos de julio, la Fiscalía del Distrito de Jerusalén presentó un escrito de acusación contra Eli Levon, ciudadano estadounidense de 21 años y estudiante de la prestigiosa Mir Yeshiva de Jerusalén.

Según el escrito, Levon respondió a una oferta difundida a través de Telegram y terminó manteniendo contacto con personas identificadas como agentes iraníes. El acta sostiene que recibió pagos en criptomonedas para fotografiar distintos lugares considerados sensibles en Jerusalén, ocultar una memoria USB siguiendo instrucciones precisas y realizar otras tareas de reconocimiento.

La Fiscalía sostiene igualmente que el acusado tenía motivos suficientes para sospechar que estaba actuando para un agente extranjero y que, aun así, continuó aceptando algunos encargos. Será el tribunal quien determine ahora su responsabilidad penal.

Pero, más allá de las consecuencias legales, los escritos de acusación muestran que la captación suele comenzar con pequeños pagos por tareas aparentemente inofensivas y que las cantidades aumentan a medida que el reclutado acepta encargos de mayor sensibilidad. En el del estudiante rabínico, la Fiscalía sostiene que recibió alrededor de 1.379 dólares en criptomonedas por el conjunto de las misiones que aceptó realizar.

Ya no existe un perfil único

Los nombres cambian, pero los expedientes revelan una característica común: no existe un perfil definido del potencial colaborador ya que lo determinante sería el acceso al terreno y la posibilidad de obtener información útil.

Entre los investigados figuran ciudadanos judíos y árabes israelíes, reservistas, militares, jóvenes sin antecedentes e incluso personas cuya principal motivación, según las investigaciones, habría sido económica.

Los sospechosos se encuentran en rangos de edad que van desde los 13 años hasta más de 70. Y los casos que han ido aflorando en los últimos meses apuntan a una estrategia basada más en la cantidad y la búsqueda masiva de posibles colaboradores, que en la selección previa de objetivos.

Analistas israelíes consideran que la frecuencia con la que se conocen nuevos casos refleja un cambio de escala en la actividad de reclutamiento. Las cifras oficiales y la sucesión de procedimientos judiciales muestran que el fenómeno ha adquirido una dimensión inédita en los últimos años que han comenzado a calificar de «epidemia».

Y es que los intentos de captación se dirigen a perfiles tan variopintos y diversos porque la expectativa es la de que alguno termine aceptando colaborar y proporcione información de valor.

Irán intenta reclutar a tantos (espías) como le sea posible. Puede que la mayoría sean peces pequeños, pero esperan que, tarde o temprano, aparezca un tiburónYossi MelmanExperto en inteligencia israelí

«Irán intenta reclutar a tantos (espías) como le sea posible. Puede que la mayoría sean peces pequeños, pero esperan que, tarde o temprano, aparezca un tiburón: reclutar a un agente de calidad. Esa es su forma de actuar», resumía recientemente el periodista y experto en inteligencia israelí Yossi Melman en una entrevista en The Times of Israel.

En ese sentido, muchos de los acusados no tenían experiencia como espías profesionales sino que son personas corrientes que, según la tesis de la acusación en cada caso, fueron aceptando encargos cada vez más comprometidos.

Más que una guerra tecnológica, éste es un combate por la confianza.

Ya el pasado año, el exjefe de la rama de Irán en la Inteligencia Militar israelí y actual investigador del Institute for National Security Studies (INSS), Danny Citrinowicz, advertía de que las operaciones iraníes estaban evolucionando desde las tradicionales campañas de influencia hacia una estrategia que difuminaba las fronteras entre propaganda, captación, recopilación de inteligencia y activación de colaboradores dentro de Israel.

En un análisis publicado meses antes de la sucesión de detenciones conocidas en 2025 y 2026, sostenía que Teherán estaba aprovechando las plataformas digitales no solo para influir en la opinión pública, sino también para identificar, contactar y reclutar potenciales colaboradores. El estudio advertía, además, de que «las operaciones de influencia iraníes difuminan las fronteras entre el mundo digital y el físico, así como entre las prácticas de influencia, reclutamiento, activación y recopilación de inteligencia, una combinación que genera nuevas amenazas en el ámbito digital».

La irrupción de herramientas de inteligencia artificial añade además una nueva dimensión a este fenómeno. Hoy es posible mantener conversaciones convincentes en otros idiomas sin necesidad de dominarlos como un hablante nativo, lo que facilita este tipo de aproximaciones. Sin embargo, como ocurrió en el caso que abre este reportaje, pequeños matices lingüísticos pueden seguir siendo la primera señal de alarma para quien está al otro lado de la pantalla.

La inmensa mayoría de quienes reciben uno de estos mensajes nunca aparecerán en un comunicado del Shin Bet, ni serán detenidos o declararán ante un juez. Simplemente dejarán de responder.

Pero cada conversación interrumpida refleja cómo ha evolucionado el enfrentamiento entre Irán e Israel. La primera batalla ya no empieza necesariamente con el disparo de un misil, un sabotaje o un ciberataque. Puede empezar con un perfil aparentemente inofensivo y un hebreo casi perfecto. Con una pregunta tan sencilla como inquietante:

¿Dónde estás ahora?