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CrónicaEduardo ZalovichTel Aviv (Israel)

Israel intenta recuperar el apoyo bipartidista en EE.UU. ante las críticas dentro del Partido Demócrata

Si Israel queda identificado exclusivamente con la derecha estadounidense, la relación bilateral será mucho más vulnerable si cambia el equilibrio político en Washington

Banderas de Israel en una manifestación en Washington D.C. a favor de la libertad en IránAmid Farahi / AFP

Israel ha comprendido que su batalla más importante se libra ante la opinión pública americana. Durante generaciones, el Estado judío disfrutó de algo excepcional: un respaldo social y político que atravesaba las fronteras partidarias. Ese consenso se ha debilitado desde 2024, sobre todo entre los demócratas y los más jóvenes. Pero afirmar que América se ha vuelto antisraelí sería tan errado como sostener que Israel ya ha recuperado su tradicional apoyo. La realidad es más compleja: la opinión pública continúa siendo crítica en términos generales, pero Israel conserva una formidable reserva de apoyo y está intentando convertirla en el punto de partida para una recuperación.

El tema obliga a ser riguroso. Pew Research Center registró en agosto una opinión crítica hacia Israel del 55 % y una favorable del 43 %. El deterioro es más alto entre los demócratas y constituye uno de los mayores desafíos estratégicos para Jerusalén. Más de un centenar de demócratas de la Cámara apoyaron en julio una iniciativa –rechazada– destinada a reducir la ayuda militar a Israel, una señal de que el viejo consenso bipartidista está sometido a una presión desconocida por décadas.

Existe una diferencia fundamental entre el Partido Demócrata y el Republicano. Los republicanos continúan siendo, mayoritariamente, mucho más favorables al Estado hebreo. Entre los demócratas se ha producido un aumento de posiciones críticas. Esta situación proporciona a Israel un gran capital político, pero también contiene una advertencia: si queda identificado exclusivamente con la derecha estadounidense, la relación bilateral será mucho más vulnerable si cambia el equilibrio político en Washington.

Recuperar el consenso bipartidario

Por eso la estrategia israelí es recuperar la idea de que Israel es un aliado de EE.UU., no de los republicanos. Un demócrata puede discrepar con Bibi –que será seguramente derrotado en las elecciones de octubre–, pedir cambios en la conducción de la guerra o defender una solución política para los palestinos y, simultáneamente, sostener que Israel tiene derecho a vivir seguro, combatir el terror y recibir asistencia militar. Esa posición, que durante décadas fue normal, es precisamente la que Israel necesita reconstruir.

En dicho sentido, una eventual derrota de Netanyahu podría convertirse en una oportunidad para mejorar la relación con los demócratas. Los sondeos actuales muestran al bloque de oposición por delante del campo oficialista y a Eisenkot y Bennett aventajando al premier en las preferencias para ocupar su cargo. Canal 12 ha señalado que la coalición de Netanyahu aparece con 50 escaños y la oposición con 59, de los 61 necesarios. La Knesset (parlamento unicameral) tiene 120 legisladores.

El escenario político israelí cambiara y, con él, la visión de Jerusalén en Estados Unidos. Eisenkot, Bennett, Lapid, Lieberman y otros dirigentes de centro y derecha liberal pueden ofrecer una imagen de Israel más vinculada a una concepción institucional de la democracia y de la alianza entre ambas naciones. El tema tiene especial importancia porque Netanyahu se ha convertido en parte del problema de imagen. Separar a Israel de la figura de Bibi sería una de las herramientas más eficaces para recuperar al centro político estadounidense.

Lo anterior no significa abandonar a los conservadores. Todo lo contrario. Israel conserva en el Partido Republicano uno de sus mayores activos estratégicos. Senadores y líderes como Ted Cruz, Tom Cotton y Marco Rubio han defendido durante años una relación estrecha con Jerusalén y un firme apoyo frente a las amenazas. Su importancia no reside únicamente en declaraciones: representan una corriente política para la cual la seguridad de Israel forma parte de la ingeniería estratégica americana.

Del lado demócrata, la tarea es más compleja, pero no imposible. Líderes como John Fetterman, Ritchie Torres, Jared Golden y Chris Coons han defendido la alianza con Israel, aun cuando el debate dentro del Partido Demócrata se ha desplazado hacia posiciones más críticas. Precisamente estos sectores moderados son el puente que Israel necesita para reconstruir el consenso bipartidista. La estrategia israelí busca apoyarlos y evitar que el debate quede monopolizado por los extremos. La supervivencia política de la alianza depende de que vuelva a existir un espacio en el que ser proisraelí no signifique necesariamente ser republicano.

Batalla de imagen

Jerusalén ha multiplicado su inversión en diplomacia pública. El presupuesto israelí de 2026 asignó 730 millones de dólares a esta área, casi cinco veces los 150 millones del año anterior. La magnitud de la inversión revela que Israel ha comprendido finalmente que la batalla de imagen no puede improvisarse. Se necesitan periodistas, universidades, redes sociales, líderes comunitarios, influencers, delegaciones y organizaciones capaces de explicar directamente a la sociedad estadounidense la realidad israelí.

Aipac es un gran instrumento político en esta estrategia, junto a la organización Cristianos por Israel. Ambas trabajan con demócratas y republicanos, presentándose como defensores de una alianza firme entre ambos pueblos. Su capacidad financiera es considerable y ha permitido apoyar a numerosos candidatos proisraelíes. Pero las primarias de 2026 también han demostrado sus límites: el triunfo del izquierdista radical Abdul El-Sayed en Michigan frente a Haley Stevens –por un margen mínimo– pese al enorme gasto del aparato proisraelí, evidencia que el dinero puede influir en una elección, pero no definir el resultado por sí solo. El-Sayed también recibió un apoyo millonario de organizaciones musulmanas y de Qatar.

Israel necesita, por tanto, una nueva generación de políticos que apoyen su causa por convicción y no sólo porque lobbys lo respalden.

Apoyo cristiano

Los evangélicos constituyen un pilar extraordinariamente valioso. Su respaldo a Israel hunde sus raíces en convicciones religiosas, históricas y culturales. Para millones de americanos, Israel representa el cumplimiento de las profecías bíblicas.

El desafío más visible procede de la izquierda. Jerusalén inició una batalla en el terreno mediático. Existe una crítica creciente al New York Times, considerado mal intencionado y mentiroso en su cobertura. Incluso el cónsul en Nueva York planea iniciarle un juicio por difamación. La respuesta más amplia consiste en facilitar el acceso de periodistas, proporcionar información verificable y mostrar una realidad israelí mucho más real que la que suele dominar las noticias internacionales.

La gran ventaja de Israel es que dispone de argumentos extraordinariamente fuertes. Su cooperación militar y tecnológica con Washington es profunda. Su experiencia en inteligencia, defensa antimisiles y lucha antiterrorista constituye un activo; y la alianza bilateral sigue teniendo una dimensión estratégica que trasciende a cualquier gobierno.

Israel ha perdido parte del consenso que disfrutaba, pero no ha perdido a Estados Unidos. Conserva una base republicana formidable, un apoyo cristiano muy importante, una poderosa infraestructura proisraelí y dirigentes demócratas que consideran indispensable la alianza.

La meta es recuperar el centro sin perder la derecha. Reconstruir puentes con los demócratas moderados sin renunciar a la alianza con los republicanos, y explicar a los jóvenes por qué Israel es un aliado fundamental. Jerusalén posee herramientas para recuperar terreno. Lo que necesita ahora es una diplomacia política e intelectual de largo alcance, capaz de volver a mostrar al país como lo que fue siempre para la mayoría: un aliado democrático, militarmente poderoso y estratégicamente indispensable.