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MontecassinoHermann Tertsch

Del 11S a Charlie Kirk

Lo que ha cambiado en Occidente, probablemente lo más grave que nos sucede y la mayor amenaza para la civilización occidental, está en que el socialismo y el islamismo se han aliado con el claro objetivo de destruir a su enemigo común que es dicha civilización

Mucho se habló ayer del atentado islamista contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001 como el día hace un cuarto de siglo en que cambió el mundo a peor. Como sucede tanto en los medios occidentales, aun bajo hegemonía total de esas cabezas dañadas por la doctrina izquierdista inhabilitante, se culpa de los efectos de aquel atentado más a las víctimas que a los culpables y su ideología religiosa. Todo ello en el espíritu de aquel inolvidable titular del «diario independiente de la mañana» que pasaba por alto el espanto y horror de los aviones y las torres hundidas, los muertos y el propio atentado con su «El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush».

Un día antes se había cumplido el primer aniversario del atentado contra Charlie Kirk, un muy popular activista conservador norteamericano, asesinado con solo 31 años mientras mantenía un encuentro con jóvenes en la Universidad del Valle de Utah en EE.UU. Con la muerte de Kirk se vio cuanto ha resurgido y crecido esa monstruosa falla moral de la izquierda que parecía aplacada en Occidente desde la Segunda Guerra Mundial. Ya no solo se eximía de reproche al autor de la locura criminal y se señalaba a la víctima como en aquel titular el 12S, sino que gran parte de los foros habituales del progresismo celebraron abiertamente el asesinato y no ahorraron ni un reproche al joven asesinado. Se festejó la muerte de Kirk en las redes como celebraron el 11S los palestinos y otros sectores del mundo musulmán.

En estos 24 años entre el 11S de Nueva York y el 10S de Utah, parecen de acuerdo todos estos analistas, que el mundo se ha vuelto más despiadado y brutal, infinitamente más inseguro. Y las causas que alegan para ello van desde las campañas militares norteamericanas o aliadas iniciadas por el presidente George Bush tras el 11S hasta, por supuesto, la mera existencia del presidente Donald Trump que encarna para ellos todo lo malo imaginable. Lo que pasa por alto la inmensa mayoría es que el mundo ha sido despiadado, brutal e inmensamente inseguro para los seres humanos siempre, menos en ciertas épocas en las que se mantuvieron poderes equilibrados, respetuosos con sus leyes y lo suficientemente fuertes para tener disuadidos de todo ataque a enemigos internos o externos.

La violencia, la tiranía, el desprecio a la vida y las grandes matanzas en el siglo XX han sido, fuera de Occidente, muy habituales, también después del Holocausto y de la derrota del nazismo. Prácticamente todas ellas se han producido en países musulmanes y en países comunistas. Las matanzas de decenas de miles de sirios en Hama por los Assad se parecen a las de los ayatolás asesinos actuales del pasado enero. Y fueron en el 1982 cuando en España se jugaba el Mundial y se disfrutaba de la Movida. Las matanzas en la China de Mao, en Camboya, en Vietnam pero también las de Jordania con su septiembre negro y el aplastamiento del movimiento palestino por el Rey Hussein.

Occidente ha tenido sus épocas de gran prosperidad, paz social y libertad gracias a las condiciones que se han ido creando a lo largo de los siglos. Y que, gracias al concepto sagrado de la vida humana, del humano creado a imagen y semejanza de Dios, generaron una sociedad de libertad, comercio y pensamiento que es la civilización más eficaz, compasiva, próspera, generosa, inteligente, optimista y exitosa jamás habida.

Lo que ha cambiado en Occidente, probablemente lo más grave que nos sucede y la mayor amenaza para la civilización occidental, está en que las dos ideologías que han estado detrás de todas estas matanzas y el desprecio masivo, brutal y general del derecho a la vida y a la libertad, el socialismo y el islamismo se han aliado con el claro objetivo de destruir a su enemigo común que es dicha civilización. Es esa alianza que ya vemos en todo Occidente en una inmensa operación de conquista la que ha convertido Occidente en un escenario de la desestabilización general.

Desde la izquierda laborista que ha llevado a musulmanes al poder municipal en todo el Reino Unido al llamamiento del comunista Melenchon a dar por perdido ante Le Pen al obrero francés y decir que la esperanza del socialismo y destrucción del capitalismo y de la nación está en la inmigración, la árabe y negra, pero islámica. Y en Nueva York, 25 años después de los 3.000 muertos, hay un alcalde musulmán Mamdani que reza los viernes por la conversión o muerte de los infieles que son la inmensa mayoría de los neoyorquinos que gobierna. Y en España tenemos a la izquierda judeófoba que sale a defender terroristas palestinos con un ímpetu que no tiene para protestar contra el empobrecimiento de los españoles.

Ya el terrorista Carlos «El Chacal» escribió sobre la alianza antiimperialista de socialismo e islam y Ahmadineyad, presidente iraní inició aquella alianza siniestra con los narcosocialistas Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales y por eso Hezbolá e Irán han sido claves en la expansión del crimen organizado en Iberoamérica con el Foro de Sao Paulo. Ahora, 500 años después de la batalla de Mohacs, el Guadalete de los húngaros que abrió el camino del ejército de Suleiman y de Mahoma hacia Viena, tenemos a los musulmanes conquistando poder, espacio público y control social día a día sin que los gobiernos socialdemócratas de todos los colores se atrevan a hacer nada.

Blandiendo el palabro «Islamofobia» como mordaza contra toda protesta y ariete contra toda resistencia, concepto forjado con tal fin por los hermanos musulmanes, los musulmanes, la mayoría pacífica y todos los que no lo son, están en Occidente no como invitados, sino como conquistadores. Y han encontrado en una izquierda fracasada en todos los campos, su aliado perfecto. El mejor ejemplo por desgracia lo tenemos nosotros en España hoy en Ceuta. Toda la izquierda se halla entregada a una operación de alta traición que dirige lo que hoy no es ya otra cosa que una banda del crimen organizado dirigida por Pedro Sánchez. Gracias a que lo es tiene Marruecos el suficiente poder sobre el Gobierno de España para permitirse las humillaciones, los atropellos y finalmente la invasión y ocupación de Ceuta.

La invasión de Ceuta es, más allá de la gran oportunidad de Mohammed VI de morir con una gran gesta ante Alá, gracias a su agente Pegasus Sánchez, un proyecto casi consumado ya de conquista musulmana de una ciudad cristiana. Y de no ser abortada esta caída de Ceuta -una moderna toma de Constantinopla- será interpretada por el mundo musulmán como un paso más en esta larga marcha por Occidente infiel que ya ha entrado en una nueva fase de mayor agresividad. Las próximas ciudades a tomar, más allá de Melilla, podrían pronto ser francesas o un califato en Bélgica o el Reino Unido. La alianza totalitaria del socialismo con el islamismo quizás no cuente con el apoyo de todos los musulmanes, pero tengan la seguridad de que no tendrá ninguna oposición de los mismos.

La alianza totalitaria del socialismo con el islamismo quizás no cuente con el apoyo de todos los musulmanes, pero tengan la seguridad de que no tendrá ninguna oposición de los mismos

Esta alianza de ideologías totalitarias no será vencida sino con la toma de conciencia y decisión política para tomar medidas muy firmes y drásticas por los gobiernos nacionales que van a surgir en los próximos años en Europa. Y la palabra clave en toda esta lucha en la que la pasividad de los actuales gobernantes hace posible que unas minorías totalitarias avancen en la toma del control social y poder político se llama: Remigración. Será la palabra que venza al palabro «islamofobia» en la próxima década.